"Con la jubilación se fue mi aspiración de ser eficiente"

ANDREA DURLACHER

Waldemar es jubilado bancario y programador PC. En la década del noventa le compró tres hectáreas a su suegro y, poco antes de jubilarse en el 2000, empezó a construir, desde cero, su propia quinta. En ella concreta el sueño exótico de crearse espacios propios: desde un sauna, hasta un horno de cerámica y un taller. La versatilidad de sus experiencias le ha permitido comprender el perfil del paisano y del hombre urbano, para así decidir con mayor libertad, de qué manera quiere vivir esta nueva etapa de la vida que comenzó luego de su jubilación.

Su camioneta es una de las que llegó al 2008, pero ya hubiese muerto si no existiera algo sobrenatural, ¿será el karma?, o tal vez una fuerza divina, independiente, que se ocupa de la reencarnación de algunos automóviles que lo merecen. Mientras conduce habla, pero ni el asfalto es lo suficientemente liso, ni el motor lo suficientemente silencioso, como para que su discurso se entienda del todo. Se oye, igual, que empezó a construir su quinta en el 2000 y que, al principio, planeaba mudarse cuando se jubilara y venía siempre en la camioneta, pero ahora va en ómnibus, para no mover la máquina solo por él. Los planos de la quinta los hizo con la ayuda de una arquitecta, su hija: "…nos peleábamos bastante", cuenta divertido. En la década del noventa, Waldemar le compró tres hectáreas a su suegro, ese fue el primer paso. En la quinta cumple diversos sueños exóticos: desde la construcción de un sauna, hasta la de un horno de cerámica. Para fabricar el sauna no siguió criterios de índole exclusivamente práctica: "En `La fuente de la doncella`, una vieja película de Ingmar Bergman, el padre de la doncella toma un sauna en una especie de isba con correas que sobresalen (como los `cuernos` de mi sauna...). Luego, vino el diseño de los ángulos de 72º para que recordara el pentáculo, figura que significa al hombre y tiene que ver con la proporción áurea. Por eso, hice en el piso del sauna un cuadro a la manera de Torres García, que proponía, en su teoría, mantenerse apegado a esta divina proporción".

CAMUFLARSE. Es curioso que la construcción tenga aspecto de galpón modesto. Cubrió con chapas la pared, a pesar de que el material de abajo, ladrillo, es noble. Waldemar explica que lo decidió así porque: "Uno nunca es ajeno al medio en el que vive". De esa manera homenajea a la chapa de zinc, que lo recompensa con pequeños placeres, como escuchar la lluvia. "Se asocia a lo pobre, a lo obrero". Una arquitecta le dijo que una capa de espuma plast de dos centímetros funcionaría bien como aislante, y le hizo caso. Así dio muchos de los pasos de esa construcción, con el mismo método que hoy tienen sus cuatro gansos, en un picoteo de lo que aparece en el ambiente. Le chocaría una casa lujosa en el campo: "Cuando vas a Montevideo no podés ir a paso de paisano, tenés que acostumbrarte a sus escaleras mecánicas, a sus semáforos, en el campo pasa algo parecido".

MUNDOS COMPATIBLES. Waldemar es un híbrido. Vive en la ciudad de Canelones, que "no es ni Montevideo ni el campo". Construyó su quinta, pero es jubilado bancario y programador PC. Tiene como mascotas a cuatro gansos, que van juntos para todas partes, hacen bastante caca y le muerden con los picos (los cuatro a la vez) una de las ruedas de la camioneta. Acepta, en su techo, un nido, como un mueble exterior más: "La construcción de los horneros no la teníamos prevista". El jubilado retira a un búho recién fallecido, que vivía en el sauna. Con las mismas manos, agarra a un pájaro carpintero que vive dentro de la quinta, y lo libera. No toma mucho mate y es puntual: "Son gringueses".

Sus amigos le dicen que tiene muchas cosas empezadas sin terminar, no es que las empiece y las abandone porque le aburren, sino que hay otras cosas que le llaman la atención y quiere probarlas. Ha hecho, durante tres o cuatro años, un curso de Clown con la esposa: "Te enseña a liberarte en el escenario". El año pasado, por ejemplo, se anotó en Bellas Artes, no porque se considere artista, ni porque quiera recibirse, sino para sacarse el gusto: "Con la jubilación se fue mi aspiración de tratar de ser eficiente, si en el camino encuentro algo más interesante me pongo a hacerlo, eso contribuye a que deje cosas por el camino".

Le gustan mucho los refranes: "Para una vejez larga, empezarla pronto". Y explica que el peligro es jugar a ser joven cuando ya se es viejo. "Ser realista con la edad es la manera de durar más, si uno se pone a hacer cosas violentas, la va a quedar antes". A lo lejos, en la quinta, su esposa, el hijo y la nuera juntan nueces pecan y las guardan en un balde, mientras Waldemar, que esquiva a sus gansos ágilmente, guarda unos potes de miel, en la parte trasera de la camioneta.

Perfil

Nombre: Waldemar Vigo

Nació en: Las Piedras

Edad: 62 años

Profesión: Jubilado bancario y programador de PC

Otros datos: Construyó a mano su propia quinta, antes de jubilarse.

Como gringo en el campo

En una parte de la Biblia se menciona a un profeta que fue al desierto "a encontrar algo". Waldemar lo compara con el montevideano que se dirige al norte. Si fuera paisano, iría en silencio y preferiría los fuegos moderados, a las grandes fogatas. "No soy ni tan criollo como quisiera ser, ni tan gringo como parezco". Más de uno aventuraría que Waldemar es un actor hollywoodense retirado, que se dejó crecer la barba para que no lo reconozcan tanto. Es un hombre rubio de ojos celestes, pero no tiene esa piel rosada y brillosa que tanto arruina la belleza de los blanquitos, a menudo envidiosos del tostado natural del moreno. Waldemar combina algo del blanquito y algo del envidiado.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar