Otrora la fuga de reclusos era un hecho raro, pero hoy es un fenómeno habitual. El resultado son casos como el que acaba de quedar al descubierto: una banda de encapuchados, que realizó doce copamientos en la madrugada en zonas rurales de Canelones, estaba integrada por prófugos escapados de diferentes cárceles.
Pero no sólo de reincidentes vive el delito: paralelamente nos enteramos que un joven nunca atrapado antes, finalmente cayó por intentar una rapiña a un taxi y entonces fue reconocido por siete taximetristas a quienes también había atacado.
En tercer lugar, está el asunto de los policías sindicalizados quienes amenazan con un paro de 72 horas si no tienen respuesta a sus reclamos de aumentos, antes del 15 de agosto.
Finalmente, de un accidente mortal surgió que las llamadas hechas al número telefónico 911 siguen sin tener las respuestas deseadas. Y ello aunque la ministra del Interior ya viajó a China, donde esperaba encontrar una solución.
En resumen, he aquí cuatro temas que dieron lugar a titulares en los últimos días. No porque sean los únicos casos vinculados al delito y su represión. Son algunos de muchos, muchísimos, que mantienen en vilo a una población que se siente desprotegida. Ya no sólo en Montevideo sino en prácticamente todo el territorio, pues varias Jefaturas del Interior están desbordadas.
Ha habido un mal manejo de todo este tema. Ya desde el inicio de la gestión de los actuales gobernantes. Ya desde que se hizo cargo de la cartera de Interior el inolvidable ministro José Díaz. Sí, aquel que le recomendó a los montevideanos usar silbato para advertir que estaban en riesgo. Aquel que impulsó la que luego sería conocida como "ley Díaz" o ley de "humanización" y descongestionamiento del sistema carcelario, mediante la cual liberó en tropel 800 reclusos de los cuales un porcentaje importante volvió a delinquir.
Después de estos episodios (entre otros), Díaz fue sustituido por la actual ministra. En un primer momento dio la impresión que el ministerio sería timoneado de manera más firme y positiva. Sin embargo, como se ve, la inseguridad sigue viva entre nosotros.