MIGUEL CARBAJAL
LAS COLUMNAS
Es una potencia en todas las áreas, ahora, y el cine contribuyó como nadie para ubicarla en un lugar preponderante. Sesenta años atrás la plástica norteamericana no hacía otra cosa que mirar hacia Europa, particularmente París, donde el impresionismo había decretado un monopolio cultural en las últimas décadas del XIX que luego funcionó como una matriz religiosa. Jackson Pollock, sobre todo, revirtió la situación. El surgimiento del expresionismo abstracto convirtió a los parisinos en provincianos. La combinación de dinero y talento logró que USA se posicionara en poco tiempo. Luego vinieron los compañeros de ruta de Pollock y el período del pop art. Y Europa pasó a un segundo plano. Sin embargo las cotizaciones de la pintura europea siguen estando a la cabeza del ranking. Hace unas pocas semanas en las subastas de Sotheby`s un integrante del "Acton Painting" alcanzó cifras similares a las que lucen los componentes del grupo que lideró Monet, aunque todavía están lejos de Van Gogh y otros grandes. Pero el partido se emparejó.
Juan Carlos Payssé es un coleccionista serio y con un ojo sagaz sobre todo para los constructivistas. Acaba de detectar unos Pailós fuera de serie y a determinada altura cuando tiene que optar por uno, particularmente llamativo y de una dimensión inusual y otro un poco más chico y de colores rigurosos, sin hesitar elige la mejor pieza, aunque no sea la más espectacular. Después de un recorrido por una nutrida colección de José Pedro Costigliolo que abarca varias de sus etapas, y repetir la experiencia con María Freire con dos o tres piezas claves, tasca el freno y queda estático, hipnótico ante un Frank Stella que le saca chispas al original. Ha descubierto a Gastón Villamil y resulta imantado por el artista uruguayo que podría haber elegido un estudio en Manhattan y competir con gente como el mismo Pollock, Willem De Kooning, Stella desde luego y Mark Rothko. Sus obras son de una fascinación visual y una fuerza que causan verdadero impacto. No hay otro como él en el campo del estallido cromático por más que haya elegido no estar presente en las galerías capitalinas y trabaja su obra él mismo desde su taller en Punta del Este. Y lo realmente interesante, es que no es una copia, ni una imitación. Desde una factura técnica impecable el estallido de colores, el ritmo, las operaciones de envergadura que ahora llegaron al tope en las subastas neoyorkinas integran naturalmente su mundo.
Hugo Longa sentía una preocupación especial por él. Temía que su condición de superdotado le arruinara la carrera. La verdad es que los prodigios de su oficio lo distrajeron demasiado. El integrante del cuarteto de estrellas que en los `80 ameritó un libro de Carlos Britos junto a los trabajos de Carlos Musso, Carlos Barea y Carlos Seveso, ha vuelto al rodeo después de ganar una dura batalla. El elenco de pintores nacido en los `50, y que hizo explosión en los `80, está en estos momentos en la vanguardia del arte nacional. Musso es una figura excepcional, la cumbre de su generación. Tendrán que tener cuidado con el regreso de Villamil, un genio capaz de complicarle la vida a cualquiera.