JOSÉ MASTANDREA
Es lo que hace que el fútbol sea fantástico. Un deporte único, inigualable. ¿Quién podía decir después del clásico que Peñarol no le iba a ganar a Rampla Juniors, el último de la Liguilla, el que llegó al torneo con cambio de entrenador y atrasos en los sueldos? Nadie.
Sólo el "Bebe" Castelnoble y sus jugadores estaban convencidos que podían. Que el triunfo ante Defensor Sporting no había sido casualidad.
Pero en lo previo, Peñarol era amplio favorito. Por el triunfo ante Nacional, por sus individualidades y por el juego colectivo que había mostrado siete días atrás.
Era, prácticamente imposible que a los aurinegros se les escapara la victoria.
Sin embargo, el fútbol volvió a poner las cosas en su lugar.
Peñarol, el todo-poderoso, ante el pobre Rampla. Algo así como la lucha entre David y Goliath.
Y una vez más, el más débil dejó tendido al más fuerte.
Rampla, que empezó perdiendo con un autogol de Víctor Martínez cuando apenas corrían 20 minutos de la primera parte, sacó a relucir su amor propio ante un desconocido Peñarol. No fue ni sombra del equipo que vapuleara a los tricolores el domingo anterior. Volvió a ser el Peñarol de las finales, sin respuesta futbolística, sin variantes en ofensiva y cediendo facilidades en la última zona.
Pese a ello, parecía alcanzar ese 1 a 0. Al menos, en ese primer tiempo, al aurinegro le dio como para llevarse la victoria.
Pero el complemento fue muy diferente.
Varias desatenciones y un par de rebotes en el área, terminaron en el gol del empate ramplense. Martín Peula, de media vuelta, igualó el marcador.
A partir de ese momento, Peñarol pareció reaccionar pero se encontró con otra nefasta labor del árbitro Líber Prudente. Expulsó mal al "Vasquito" Aguirregaray y dejó con 10 al aurinegro. El partido se le hizo cuesta arriba.
Con más ganas que fútbol, tuvo a Rampla contra las cuerdas. Lo llevó a su cancha y tras un tiro de esquina ejecutado por Pacheco, José Franco marcó el 2 a 1 a trece del final. Ni Prudente ni su asistente Robert Muniz vieron el empujón de Alcoba al arquero Garavano que por protestar vio la roja.
Dos errores gruesos inclinaban la balanza para Peñarol. Pero quedaba más. Rampla, tocado en lo más íntimo salió a buscar el empate. Los dos jugaron abiertos. Bueno tuvo el tercero y se lo perdió, en la recarga, Prudente pitó una falta a Manrique que no existió. Ese tiro libre al borde del área puso el 2 a 2 definitivo. Pudo ser de Peñarol (otra vez Bueno) y también de Rampla, cuando Ferraro se lo perdió cara a cara con Biglianti.
El pleito terminó igualado, sin vencidos ni vencedores. Con el aplauso de la gente y el saludo de los jugadores a la tribuna.
Peñarol se metió en la primera fase de la Copa Libertadores. Parece muy poco para el plantel que armó. No sólo de los clásicos vive el hincha.