El emperador Hirohito ante un notable cineasta

Estreno. Desde hoy se exhibe "El sol", de Alexandr Sokurov

HENRY SEGURA

Uno de los directores más importantes del cine actual, el ruso Aleksandr Sokurov, el de "El arca rusa", decidió completar su trilogía del poder haciendo una aproximación al emperador japonés Hirohito.

Obviamente, la película El sol (que estrena hoy Cinemateca 18) no está preocupada en lo autobiográfico, como tampoco lo estuvieron antes Moloch (1999) y Taurus (2001). En la primera el cineasta se había acercado a un Hitler eclipsante y en la otra hizo otro tanto sobre Vladimir Ilich Lenin.

A Hirohito lo toma en los días de declive, cuando después de dialogar con el general Douglas MacArthur debe renunciar a su condición de divinidad para transformarse en un mortal más. El poderoso líder el imperio del Sol Naciente escribe una carta a su hijo donde le comenta sobre su pasión por la biología. De esa manera, el cineasta no se ve obligado a repasar todos los momentos que definieron el ejercicio de poder de un individuo, y queda con las manos libres para dar cuenta de "la fuerza poética del film y el despliegue de su maestría visual", como señala una nota de José Alaniz.

Esta ausencia de grandes tragedias ocurridas bajo el mando de Hirohito ha abierto la discusión entre historiadores y críticos de cine. Más de uno se escandaliza porque en la película no hay ninguna referencia a la Violación de Nanjing en 1937, cuando el ejército japonés masacró a 300.000 prisioneros chinos. El film además cae en un momento de revisiones históricas, con la publicación de documentos después de la muerte del emperador en 1989. Hasta entonces había una tendencia a creer que Hirohito no era quien tomaba las decisiones últimas en asuntos militares, con lo cual quedaba exonerado de los desastres de la guerra. Pero la aparición de testimonios escritos ha cambiado en parte esas opiniones.

El cineasta sabía que al entrar en el mundo del emperador corría sus riesgos y no solamente de tipo conceptual. También había una especie de decreto no escrito que aconsejaba no hacer representaciones de su figura. Por eso mismo, Sokurov realizó el rodaje de su película sin dar noticias sobre el nombre del actor que tenía a su cargo el papel principal. Recién cuando fue a presentar El sol a Berlín se supo que se trataba de Issei Ogata.

En su valioso ensayo sobre la obra, José Alaniz sostiene que "en cualquier caso, una lectura histórica es la menos interesante y el modo menos satisfactorio de acercarse a esta obra (...) El sol es una fascinante meditación introspectiva acerca de la Historia, de la Mitología y de cómo hemos llegado a comprender/edificar el pasado". Y más adelante agrega: "contando como de costumbre con la pintura clásica como fuente de inspiración, Sokurov baña el film en un tono sepia que recuerda tanto a las antiguas fotografías deterioradas como a la obra de Rembrandt. A resguardo de la lluvia de bombas cayendo sobre Tokio, Hirohito recorre su enorme complejo subterráneo, un tenebroso espacio vertido en sombras del expresionismo alemán, gélido ladrillo y ásperas manchas de luz".

Gente poderosa y arte plástica ya estaban asociados en Elegía soviética (1989), desfile de retratos de los líderes de la URSS, y por supuesto eran la sustancia de El arca rusa, filmada en el simbólico palacio real de San Petersburgo.

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