JOSÉ MASTANDREA
Que el clásico iba a ser decisivo. Que ya se había hablado con otro entrenador. Que el futuro de Mario Saralegui dependía del resultado. El tema quedó claro cuando Juan Pedro Damiani salió del camarín aurinegro y tiró abajo los rumores. "Nunca estuvo en duda su continuidad. Eso fue un bolazo. Yo no hablé con nadie. Es más: a Mario lo traje yo a Peñarol para dirigiera las formativas del club. Es un hombre de la casa, un referente histórico que tiene claro cuál es el sentir de la gente de Peñarol. Después fui el que lo propuso para que nos diera una mano con el Primero. Y no le fue mal. Yo lo aprecio, tengo claro que es un técnico ganador en los clásicos", señaló el coordinador institucional de los aurinegros ante los medios.
Saralegui, abrazado, palmeado y ovacionado por una veintena de allegados, no tuvo reparos en tocar el tema. "Yo no sé qué va a pasar. No lo quiero hablar ahora, quiero disfrutar de este triunfo, de este momento... cuando termine la Liguilla veremos qué es lo que pasa. Yo siempre me sentí respaldado, nunca me pasó por la cabeza otra cosa que no sea dirigir y terminar esta temporada con Peñarol. Cuando finalice la Liguilla será la hora del balance", indicó el entrenador.
Saralegui, mejor que nadie, sabe que ganar clásicos siempre es un espaldarazo, un plus. Y no le fue nada mal. Ganó con luz el del Torneo Clausura y ayer volvió demostrar que tiene "ángel" más allá de cualquier planificación técnica o táctica.
Saralegui quiere esperar una semana más. Sabe que "no se ganó nada" y que todavía queda pendiente el gran objetivo trazado antes del inicio de la Liguilla: "seguimos ilusionados con ir a la Libertadores, esa es la meta", agregó el DT, que ya es inamovible.