EDWARD PIÑÓN
Con la solidez de un equipo que tuvo figuras, pero no estrellas rutilantes. Con el dominio futbolístico del clásico gracias al buen manejo que tuvo su mediocampo y a la velocidad con la que se metió en campo rival. Con la movilidad de Carlos Bueno, la habilidad de Fabián Estoyanoff, los soberbios pases de Antonio Pacheco y Omar Pérez, Peñarol extendió su hegemonía ante Nacional y ahora vuelve a pelear por un lugar en Copa Libertadores.
La diferencia fue abismal. Imponente si se miden las oportunidades de gol, las atajadas de uno y otro arquero, la capacidad para cortar juego del rival sin cometer infracciones, el dominio psicológico en muchos sectores del campo y hasta la forma en la que se impusieron individualmente en la cancha varios hombres aurinegros.
Peñarol ganó bien. Con justicia. Nacional fue pan comido porque no tuvo respuesta de ataque, porque apeló al pelotazo, subió muy poco por los laterales y prácticamente no tiró al arco. Un tiro de Martín Ligüera en la primera mitad que pasó muy cerca y otro de Diego Vera -en realidad quiso meter un centro- que atajó Nicolás Biglianti en el segundo tiempo fue lo único que esbozó el bolso como para amenazar a su rival.
Del otro lado, existió una obsesión por vulnerar a Alexis Viera, que justo es remarcarlo, de no haber tenido una estupenda actuación su arco hubiese sufrido una catástrofe histórica.
Viera ahogó el grito de gol de Carlos Bueno en no menos de tres oportunidades y puso un candado que solamente fue vencido primero por el propio Bueno de cabeza (pasividad de la defensa) y después por Pacheco de penal.
Las atajadas del arquero tricolor, que lo convirtieron quizás en la figura más trascendente del duelo por la importancia que tuvieron, no hicieron otra cosa que demostrar la distancia que hubo entre el juego de uno y otro.
Y eso que Peñarol por momentos demostró que la ausencia de Mario Álvarez en la contención fue importantísima. Porque no se puede ignorar que en algunos minutos de la etapa inicial Maximiliano Bajter y Omar Pérez concedieron ventajas que primariamente fueron utilizadas por Mathías Cardacio y Adrián Romero, pero que nunca terminaron con la elaboración más fina y efectiva.
Es más, Nacional peleó con las armas equivocadas. Terminó apostando al intercambio veloz de ataque por ataque pero sin tener la generación adecuada y sin el control preciso de la pelota.
Eso, en consecuencia, terminó favoreciendo a un elenco aurinegro que se robusteció bien en el fondo y salió con potencia. Además, mientras en el manya el ataque veloz lo integraban más de tres jugadores, del otro lado era una especie de ruta de un llanero solitario, porque Vera muchas veces ganó con su pique, pero no tuvo la asistencia adecuada.
Eso sí, reconocida la superioridad mirasol en la gestación de juego, en el mejor trato de pelota y también en la adecuada apuesta colectiva, hay que precisar que el conjunto de Mario Saralegui empezó a ganar la batalla del clásico en la contundencia de Darío Rodríguez para anular una vez más a Richard Morales.
Sin esa pieza clave, Nacional terminó dependiendo de la lucha de Vera y de alguna incursión por el costado derecho de Romero o Cardacio.
Como Ligüera volvió a fracasar en la gestación y Filgueira no subió con claridad y fuerza, el tricolor debió apostar a un juego más aguerrido. Pero ahí falló la lectura del entrenador Gerardo Pelusso, quien hasta terminó demorando la salida de un inexpresivo Ligüera.
Y si faltaba algún pequeño detalle para demostrar que la superioridad fue total, el bolso perdió feo también en el juego aéreo. Con un córner Peñarol abrió la cuenta, con varios centros estuvo a centímetros de meter otro impacto y cuando la pelota cayó adentro de su área, aunque hubo en ocasión alguna distracción, por lo general la pelota fue rechazada por la cabeza de un jugador mirasol.
Más no se le podía pedir a Saralegui y sus muchachos. Hicieron todo bien y hasta merecieron trasladar esa diferencia al tanteador, la que no fue conseguida porque Viera voló de un lado al otro para sacar remates que tenían clarísimo destino de gol.
Igual, a esta altura es lo de menos, porque con otro triunfo clásico se acomodaron para retornar a la Copa Libertadores y armar un revuelo en el rival.
Las cifras
6 goles le anotó Peñarol a Nacional en el 2008 y con la conducción de Mario Saralegui.
0 triunfos clásicos en materia oficial tiene Gerardo Pelusso en la conducción de Nacional.