Trasnochada caza de brujas en pleno S. XXI

DIEGO FISCHER

Es algo que deberíamos celebrar todos. Me refiero a la designación del padre Mateo Méndez para dirigir el Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil (Interj). Este sacerdote salesiano, sesentón y dueño de un gran carisma, fue unos de los fundadores del Movimiento Tacurú, una organización que desde 1981 procura devolverles la dignidad y la confianza en un futuro mejor - a través de la educación y el trabajo - a cientos o tal vez miles de niños y jóvenes uruguayos condenados a la marginación. Es también el creador de Caqueiro, una entidad que desde hace seis años cumple similar función en Rivera. Pero desde el Parlamento se ha alzado alguna voz trasnochada que habla de violación de la laicidad y por ende de la Constitución.

Parece una crónica de comienzos del siglo XX. Sí, sacada de aquellos textos de Historia que relatan cómo los sacerdotes y las monjas fueron expulsados de hospitales e instituciones públicas, luego de aprobada la Constitución de 1917 que separó a la Iglesia del Estado. Sucedió cuando el batllismo vivía sus años de esplendor y poder hegemónico. Entonces y durante mucho tiempo, a los religiosos se les impidió -por vía de los hechos- ejercer en centros estatales la caridad; es decir la actitud solidaria con el sufrimiento ajeno.

Es evidente que las autoridades del INAU, como último recurso, apelan hoy a la experiencia, el conocimiento y la vocación de Méndez para encauzar una situación que no han podido contener y mucho menos solucionar: la de los menores que delinquen. ¿ No sería bueno que quienes cuestionan hoy el nombramiento del padre Mateo, visitaran alguno de los centros de los salesianos en Montevideo? ¿O recorrieran las calles de la ciudad, tempranito, de mañana, para comprobar con que responsabilidad y eficiencia cumplen con su trabajo de barrido los muchachos de Tacurú? Se lo aseguro, vale la pena y no queda tan lejos del Palacio Legislativo. Claro hay que madrugar.

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