A cara descubierta

SEBASTIÁN DA SILVA

Despuntando el vicio de la política en mi luna de miel, se me ocurrió preguntarle a un taximetrista de la espectacular ciudad de Fortaleza, por sus autoridades. Con un particular estilo me relató una anécdota digna de Jorge Amado sobre los procedimientos para juntar votos que se llevaban adelante en la agreste zona del sertao brasileño por los partidarios del Gobernador Tasso Ribeiro, patrón de la política cearense hasta el día de la hoy.

Me contó que en un pueblito metido en el medio de las cajueiras (árboles que dan las riquísimas castañas de caju), en el momento de las elecciones, se estaba dando una sequía fenomenal, por lo que a algún iluminado se le ocurrió traer camiones cisternas provenientes del Sur, y hacer los actos dando a los concurrentes un vaso de agua por un voto. El pueblo agradecido les pago tremendo favor con una excelente votación.

Para la elección siguiente quisieron repetir esta "eficiente" metodología, pero se encontraron con un problema: el clima venía lluvioso y el agua no resultaba tan convincente. Fue entonces que el mismo iluminado se dio cuenta que uno de los peores problemas que tenían en ese pueblito era que la falta de calcio en la población producía estragos en la dentadura de todos los habitantes. Resultado, fueron hasta las clínicas de San Pablo, compraron dentaduras usadas y las repartieron entre los felices ciudadanos de aquel poblado que ahora gracias a los políticos "podían comer".

Diez años después, pero en nuestro Uruguay asistimos a un estilo igual de patético que el que acabo de relatar. Mientras todos los estudios critican la falta de eficacia en la reducción de la pobreza que tuvieron las siglas progresistas, Panes, Mides, Asignaciones etc., etc., el posible presidenciable y máximo jerarca del gobierno del Frente Amplio, Enrique Rubio fue claro con respecto a las bondades electorales de todo este andamiaje.

Según el Semanario Búsqueda, Rubio declaró sin mediar eufemismos que "se deberá convertir en votos los programas de asistencia a los sectores pobres si quiere ganar las elecciones del 2009 "y que eso depende del gobierno y del aparato político del Frente.

Éste y otros conceptos que aparecen con asiduidad por estos días marcan el desespero gubernista por no perder el poder y el absoluto desparpajo con que manejan los instrumentos institucionales.

Hoy tenemos al comando electoral en plena residencia de Suárez, donde por enésima vez el Presidente hace caso omiso a sus deberes constitucionales y promueve candidatos presidenciales. El promovido por la bendición presidencial aprovecha sus últimos meses como responsable de la economía nacional para abrir los grifos y dejar contento a sus posibles detractores internos.

Y todos los sectores de la izquierda corren una carrera frenética por ver cuál es más ingenioso para gastar a cuenta de la próxima administración y así poder perfilarse mejor.

Siempre sostuvimos que la elección será difícil, que la izquierda acorralada es capaz de cualquier cosa como lo indica la experiencia mundial, pero nuestra capacidad de asombro se amplía minuto a minuto.

Se acabó la izquierda intelectual, no cautiva por ideas, cautiva por planes de emergencia, subestimando a la silenciosa pero sabia ciudadanía uruguaya que otra vez más dará pruebas de sus virtudes.

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