Rescate de Betancourt: versión oficial y otras

CLAUDIO FANTINI

Es posible que el ejército colombiano haya realizado una operación tan cinematográfica y con tanto éxito?

Sí, es posible. Aunque sólo con la asistencia de estrategas del Mossad y de la DGSE (Directión Générale de la Sécurité Exteriéure), los servicios franceses de inteligencia, y con la apoyatura de la CIA aportando espionaje satelital.

¿Es posible que sea cierta la versión según la cual el rescate de Ingrid Betancourt y los demás rehenes se logró mediante el pago de una suculenta fortuna a los dos jefes guerrilleros que estaban a cargo de los cautivos?

Sí, es posible. De hecho, el presidente Álvaro Uribe ofreció públicamente millonarias recompensas a los guerrilleros que maten o entreguen a sus jefes, y que liberen rehenes. Con esas ofertas, logró que el comandante Iván Ríos sea asesinado por sus propios subalternos y que se entregara la comandante Karina, acosada por guerrilleros deseosos de enriquecerse con la recompensa del gobierno.

En cuanto a la posibilidad de que la Operación Jaque sea, al menos, bastante parecida a la épica versión gubernamental, se basa en la evidente descomposición que carcome a las FARC y a los síntomas de desarticulación que ya eran visibles.

La incomunicación entre la cúpula y los dispersos mandos medios abre un flanco para operaciones de inteligencia como la que dice haber concretado el ejército.

Desde que Raúl Reyes fue localizado y aniquilado por haberse comunicado con la comandancia, los miembros del secretariado de las FARC han quedado virtualmente aislados.

En todo caso, la falla de la versión oficial es que por exagerar el brillo de la Operación Jaque traspasa las barreras de la credibilidad. Parece imposible, y empeñarse en sostenerlo es una negligencia del gobierno porque ni la asistencia de expertos extranjeros ni la utilización de sobornos para asegurar el cumplimiento del objetivo restan mérito a la operación. Sin embargo, por obtener una sobredosis de gloria para su ejército, el gobierno colombiano acrecienta las dudas sobre la veracidad del relato oficial sobre los hechos.

En cuanto a la versión que se contrapone a la oficial, resulta creíble que los comandantes César y Gafas, carceleros del lote de rehenes más cotizado, hayan negociado traicionar a las FARC. Sin embargo, eso no implica un certificado inequívoco de veracidad. Sobre todo debido a la inocultable ansiedad por arruinar la fiesta de Uribe que evidenciaron sus autores y difusores. Por cierto, una ansiedad bastante miserable.

El punto débil de la versión oficial está en la exageradísima perfección que le atribuye a su rescate. Pero casi como un gesto reflejo de la historia, siempre hay usinas lucubrando teorías conspirativas porque venden y porque son útiles para adversarios y enemigos de los favorecidos por la versión oficial.

Lo curioso es que, de ser cierto que el ejército sobornó al comandante César y a su principal lugarteniente, en muy poco afecta el logro del presidente Uribe, cuya meta es liberar rehenes sin realizar concesiones políticas y militares a las FARC.

Dicho de otro modo: con sobornos o sin ellos, Álvaro Uribe logró la liberación del principal grupo de cautivos sin ceder a la demanda guerrillera de desmilitarizar un vasto territorio para negociar el canje.

De comprobarse finalmente que es cierta alguna de las teorías conspirativas danzantes, el presidente tendría al resguardo su triunfo político si no se hubiera empeñado en agigantar la imagen del su ejército, al punto de incurrir en una versión de los hechos cuyo principal punto débil es su exagerada perfección.

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