PARÍS | AFP Y EL TIEMPO/ GDA
No es sólo por sus palabras o por sus conceptos. Es también por su hablar pausado, por esa forma de bajar la mirada cuando relata sus duras experiencias, como si quisiera indultar ese pasado triste. Por su afán de abrazar y acariciar. Pero, sobre todo, por su actitud de perdón.
La Ingrid que regresó, según sus propias palabras, lo hizo "más liviana" y dejó en la selva "cosas como el orgullo, la soberbia, la terquedad".
Y esa "nueva mujer" sintió ayer la necesidad de dedicar 24 horas de su vida, que durante seis años fueron 24 horas de encadenamiento, a sus amigos y familiares. Lejos de las cámaras, la ex candidata presidencial franco-colombiana procuró reponer fuerzas para encarar la apretada agenda que le espera.
Poniendo en práctica sus ganas de "desconectar un poco", almorzó en un restaurante parisino con el ex primer ministro francés Dominique de Villepin, su "amigo" y antiguo profesor de Ciencias Políticas que no había asistido a ninguna recepción oficial en honor de la ex rehén desde su llegada el viernes a París.
"Esta alegría, si quería compartirla con alguien, es evidentemente con él", declaró Ingrid Betancourt antes de desplazarse a la céntrica iglesia de San Sulpicio para rezar. Muy devota, la ex rehén acudió por la noche a la basílica del Sagrado Corazón de Montmartre acompañada por sus hijos.
En una jornada de descanso, Ingrid quiso, no obstante, transmitir un mensaje a los rehenes que siguen en la selva en manos de las FARC. "Sé que la libertad será para muy pronto", aseguró en declaraciones a radio Caracol, en el programa que los rehenes pueden seguir desde la medianoche hasta las cinco de la madrugada y a través del cual ella recibió mensajes que le enviaba su madre.
AFP