Recuerdos aduaneros y de barcos de 50 años

Los contenedores y la informática lo cambiaron todo y la actividad aduanera no escapó a ese nuevo mundo marcado por el fenómeno de la globalización. Ese pasado tan cercano a nosotros nos recuerda tiempos de aquellos barcos que permanecían en puerto ocho y diez días cargando toda la mercadería de exportación, embalada en cajas, cajitas, cajones, en realidad bultos, llenaban los recovecos de las enormes bodegas. La habilidad era de los oficiales de los barcos y de los estibadores para rellenar con todos esos bultos los espacios libres de la bodega. Así lo recuerda Hugo Moreira, un antiguo despachante de Aduana que comenzó sus actividades muy jovencito, como modesto empleado, y hace pocos días su empresa cumplió 45 años de actividad.

CONTRALOR."Eran los tiempos que las importaciones y las exportaciones se desarrollaban bajo estricto control y restricciones, cuya función cumplía el famoso Contralor de Importaciones y Exportaciones, edificio contiguo a la Iglesia San Francisco en Cerrito y Colón. Había mercaderías llamadas de "tercera categoría", suntuarias, a las que sólo se daban cupos muy pequeños y pagaban elevados impuestos, como autos, joyas, prendas de vestir, medias para dama, bombones, bebidas, joyería y bazar.

ZONA FRANCA. Otro recuerdo de Moreira es que en aquellos años "comenzó a actuar la Zona Franca de Colonia y aún tenemos un cliente que fue el primero en comenzar operaciones trayendo mercade- rías para almacenarlas allí y despacharlas parcialmente a pedido de los compradores, con cuya práctica el importador ganaba tiempo. Fue un verdadero desafío. Esto era sobre todo para los introductores de productos industriales, que cuando se autorizaba un cupo de determinada mercadería, su despacho era casi inmediato porque la mercadería estaba allí. Esto era valioso para mercaderías que provenían de China, Japón, Taiwán y la India, que implicaba una larguísima travesía de los barcos que a lo sumo hacían tres viajes por año, así que no era fácil conseguir bodega. También eran tiempos en los que se importaban arados de reja o mancera, hoy sustituidos por la sofisticada maquinaria agrícola del siglo XXI. Entonces la actividad del Despachante de Aduana exigía enormes, difíciles y pesadas gestiones, por la compleja clasificación de las mercaderías a los efectos del pago de los tributos. De esa complejidad era inevitable que al llegar a la balanza aparecieran diferencias de kilos. Hoy día todo es más fácil porque se paga al valor.

LOS VECINOS. En otra parte nos dijo que "el comercio con los países vecinos prácticamente no existía; para Argentina iba arena, granito, pedregullo y conchillas. En importaciones el peso de nuestro comercio exterior era con Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Japón y algo de Grecia. De China, Taiwán e Indonesia venían productos y de la India venía el caucho en farditos de 300 kilos y la arpillera. Nuestro entrevistado también nos recuerda más recientemente el auge de las exportaciones de autos antiguos que mayormente eran adquiridos en nuestra plaza por cuenta y orden de empresas cinematográficas.

8 DÍAS. Recuerda que los barcos permanencían en puerto días y a veces hasta más de una semana en las operaciones de carga y descarga, a cuyos tiempos se sumaban los puertos de Brasil y Argentina y otro tanto o más por aquellas frecuentes huelgas en puertos del Brasil. Era dudoso entonces que ese barco pudiera hacer más de tres viajes por año. Otro documento interesante, seguramente no bien conocido que Hugo Moreira nos trae a la memoria, eran aquellas enormes bodegas de los barcos que eran gigantescos galpones. Los lotes de mercaderías se ponían juntos, pero no siempre era así, a veces se repartían en tres o cuatro bodegas. "Cuando llegaba el barco, más de una vez fuimos a varias bodegas para ir levantando en cada rincón cajones y cajitas de una misma importacion, por ejemplo, relojes provenientes de Japón, lo cual resultaba un trabajo extenuante que demandaba días despachando la misma mercadería". Otro hecho del pasado y que persiste hoy, es que un porcentaje del 10% sobre multas aduaneras tienen por destino al Trabajador Rural, algo que seguramente este humilde trabajador debe desconocer. En el pasado por una determinada ley que pretendía proteger la industria uruguaya, los autos y camiones, tenían que entrar al país sin cubiertas ni cámaras y era obvio que los exportadores los mandaban con ellas. Previo a su despacho se les ponían neumáticos y cámaras Funsa o de Ghiringheli y las originales quedaban dentro del depósito, pues no se podían importar. Recuerda Moreira que hace 45 años había unos 40 Despachantes de Aduana, 15 de los cuales habían sido fundadores en el siglo anterior. Hugo Moreira fue presidente de la Asociación de Despachantes de Aduana por 14 años y socio fundador de la sociedad Depósitos Montevideo.

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