FERNANDO MANFREDI
Montevideo tiene esas cosas increíbles. Uno de los violistas más importantes a nivel mundial Ori Kam, actuó el miércoles a la noche en la Torre de las Telecomunicaciones, con entrada gratuita.
En un año que para la música erudita será inolvidable, uno de los violistas más importantes a nivel mundial Ori Kam actuó el miércoles a la noche en la Torre de las Telecomunicaciones, pudiéndose disfrutar del espectáculo gratuitamente.
El excelente escenario para la música de cámara no es demasiado convocante porque luce como una isla con accesos no del todo seguros y no muy bien iluminados. No obstante ello, platea y tertulia del anfiteatro estuvieron en su mayor parte ocupados por instrumentistas del medio (esencialmente de las cuerdas), que no querían perderse la oportunidad de ver en acción a un virtuoso con buenos antecedentes.
Kam cumplió con las expectativas: sobrio, medido, sin grandilocuencias, encendió la fría noche a puro talento y buen gusto. Su buena digitación, el perfecto movimiento del arco, la impecable afinación y una interpretación sin puntos bajos, sirvieron para corroborar las razones de su nombradía.
Como ha sucedido últimamente el orden de las obras fue alterado con respecto al programa impreso. Si bien se inició con la Elegie de Alexander Glazunov, la segunda obra fue la Sonata para viola sola de Hindemith a la que siguieron varias obras de Elgar y Fritz Kreisler que en principio cerraban el programa de la noche, en tanto que la Sonata en la menor Arpeggione quedó en la segunda parte.
La música de Glazunov muestra la síntesis entre los rusos y los llamados alemanes, una certera técnica introducida por los hermanos Rubinstein en los conservatorios de San Petersburgo y Moscú en la mitad del siglo. La célebre Elegie fue abordada por Ori Kam con liviandad y frescura.
Otra cosa fue la monumental Sonata para viola sola op. 11 de Paul Hindemith, obra mayor, de gran profundidad y extremadamente difícil. La perfecta interpretación del violista israelí tradujo la poderosa tensión de una partitura que no hace concesiones, al punto que pareció lo más correcto para contrastar este clima sombrío con el que a continuación ofrecían dos piezas de Elgar (La Capricieuse y Salut d`amour) y tres del virtuosos de principios del siglo XX, Fritz Kreisler (La hermosa Rosmarin, Alegrías y penas de amor y Preludio y allegro). Tanto la inveterada elegancia del inglés como ese particular decadentismo del austríaco ofrecieron un descanso a la fuerte carga que generara la Sonata.
Tras el intervalo, Ori Kam retornó para, acompañado por la pianista Carmen Mariño, interpretar la Sonata en la menor "Arpeggione" de Franz Schubert Esta obra fue compuesta para un instrumento musical prácticamente desconocido (Arpeggione o guitarra d`amore), fue seguramente dedicada al cellista Vincent Schuster, amigo de Schubert y de Johann Stauffer, inventor del susodicho instrumento. Respetando la estructura clásica de la forma sonata Schubert escribe una de sus páginas más finamente elaboradas. El allegro moderato inicial plantea un juego de persecuciones y dúos entre el piano y el cello - arpeggione. Recurriendo a giros que recuerdan a la música de la Europa oriental, el compositor nos zambulle en ese clima tan característico de ritmos rápidos y aire melancólico. No hay aquí, ni en el resto de la obra, pasajes que exijan al ejecutante grandes alardes técnicos. La maestría en la versión de Ori Kam se demuestra en la enorme expresividad que puede lograr de su instrumento, sin necesidad de hacer grandes demostraciones ni malabares y sobre melodías simples. Domina a la viola como si fuera un violín.
Es importante señalar el excelente desempeño que tuvo como acompañante la destacada pianista compatriota Carmen Mariño. Como ha sucedido en otras oportunidades, esta exquisita artista, secundó con solvencia, depurada técnica y enorme respeto, el trabajo del solista visitante.
Es muy difícil cultivar un bajo perfil a favor del mejor resultado artístico y en este terreno, Mariño no parece tener parangón en nuestro medio. Ajustada y atenta, contribuyó con su trabajo a que la noche musical fuera completa.
Segunda ocasión
Quienes se perdieron el recital de Kam del miércoles, tienen una segunda ocasión para escuchar al virtuoso de la viola. Será en el Radisson mañana sábado cuando junto con la Ossodre participe en la interpretación del Concierto para viola y orquesta del húngaro Bela Bartock.