JORGE SAVIA
Si cualquiera -podría decirse que el 90% del fútbol uruguayo- admitió que la forma rápida en la que Defensor Sporting liquidó su pleito con Peñarol por la definción del Uuguayo, lo que de por sí solo habla de la contundencia con la cual el campeón se sacó de encima a su adversario, también cualquiera podrá imaginarse lo que representó ese error de Salgueiro al querer salir jugando con el pie desde su área, que cuando apenas iban 4` dejó a los aurinegros sin Alcoba y los violetas en ganancia como consecuencia del golazo que metió Amado en lo que fue el corolario de una misma jugada.
Mortal. Determinante. Porque de ahí para adelante, jugando con un futbolista menos que su contrincante, Peñarol hizo todo lo que estuvo a su alcance para, por lo menos, lograr un empate.
Esto es, reordenando la retaguardia con el retraso de Arias, "prolijeando" el fondo con el ingreso de Manrique, ya que Federico Pérez parecía demasiado acelerado, y sobre la base de lanzamiento que instalaron Álvarez y Omar Pérez en la mitad de la cancha, más el fútbol inteligente de Pacheco que unió su habilidad a la potencia de Aguirregaray para que el lateral se descolgara y molestara a la defensa rival por el costado derecho del ataque, Peñarol consiguió emparejar relativamente el trámite durante el transcurso de los 45` iniciales.
Cuidado, porque también hubo algo de "ilusión óptica" detrás de ese empuje aurinegro que, sin crear más situaciones de gol que algunas que protagonizó Pacheco, pasando o rematando al arco adversario, llegó como para vulnerar a Silva en escasísimas oportunidades y, por contrapartida, se expuso a ser "ajusticiado" por el flamante campeón uruguayo.
Es más, mérito de Defensor, al fin y al cabo, aunque Peñarol fue llevando al rival contra su área, petambién debió "correr la liebre" muy seguido, porque los violetas fueron muy hábiles, para hacer correr la pelota, desgastar a los aurinegros sobre la base del hombre de más que tenían en la cancha, y si no terminaron el primer tiempo ganando por una diferencia más amplia fue porque sus delanteros desperdiciaron todas las ocasiones de gol que fabriccaron de contragolpe, tomando a contrapié a la defensa contraria.
Para el complemento, Peñarol hizo la lógica: entró a jugarse "al todo o nada" y en ese intento, Nasa le dio salida más clara, pero ya Defensor no estuvo tan apretado como antes.
De ese modo, aunque en una de las pocas llegadas aurinegras Franco estrelló una pelota en el travesañ, Defensor -refrescado ofensivamente con los cambios- volvió a salir adelante y al final de un partido "capicúa", otro error -en este caso de Darío Rodríguez- hizo que la ventaja violeta para Peñarol fuera ilevantable.
Al fin de cuentas, el campeón fue un equipo, que "hizo correr la liebre" a un Peñarol que fue un montón de voluntades; y así era imposible que la alcanzara.