Faltan tres de las armas robadas

| Los crímenes de Piriápolis Aclarado el doble homicidio del armero y su hija persiste la incógnita sobre tres de las armas robadas Se consolida la nueva pista en torno al caso de Natalia Martínez

Caso cerrado. Las circunstancias del doble homicidio fueron aclaradas, pero no se sabe qué ocurrió con tres de las armas de fuego robadas al comerciante. 600x580
Caso cerrado. Las circunstancias del doble homicidio fueron aclaradas, pero no se sabe qué ocurrió con tres de las armas de fuego robadas al comerciante.
El País

M. Gallardo y R. Rossello

Cristian Alejandro Fernández estaba dispuesto a todo. ¿Qué se proponía hacer con las pistolas y municiones robadas? Las armas, precisamente, son ahora el eje de la investigación. Faltan tres y hoy el juez vuelve a indagar a los tres acusados.

Pistolas Steyr calibre 9 milímetros, de fabricación austríaca, balas del mismo calibre de punta ahuecada para obtener mayor poder de fuego. De las siete armas de puño que llevaba el policía retirado Euclides Heber Viera (62) consigo, todavía no se recuperaron dos pistolas 9 milímetros y una pistola calibre 7.65. "Creo que salvamos a Maldonado, a Montevideo y a otros departamentos de flor de problema", comentó uno de los investigadores del caso.

La idea de este número de armas de fuego rodando por alguna parte fue el primer dato que encendió la alarma en la mañana del viernes 20 de junio. La investigación que movilizó a decenas de policías y concluyó en 48 horas se inició en la Comisaría 11ª de Piriápolis. Para los hombres al mando del comisario Raúl Eula la alarma sonó por partida doble: el caso de Natalia Martínez marcó a fuego a los investigadores de esta unidad.

primeros pasos. El viernes a las 10.30 la esposa del sargento retirado Euclides Heber Viera llegó a la comisaría de Piriápolis. La acompañaba su hijo Maximiliano. Se los veía nerviosos y angustiados.

Cuando la mujer explicó que no sabía nada de su esposo, que había salido el día anterior a las 18.30 para cerrar un trato por armas de fuego, captó toda la atención de los policías. Maximiliano Viera le dio a los uniformados el listado con las llamadas hechas y recibidas en el celular de su padre. Este reporte sería vital en las horas siguientes para seguir la pista.

La esposa de Viera había hablado por última vez con su marido a las 20.05 del jueves. El contacto fue breve, pero Viera le dio a entender que estaba preocupado. Unos minutos antes de entrar a Piriápolis había recibido la llamada de un amigo que vive en Treinta y Tres. Como los supuestos compradores de armas se habían presentado como hermanos dueños de un establecimiento arrocero de esa zona, Viera le preguntó si los conocía. Cuando dijo el nombre su amigo le dijo que nunca lo había escuchado. Cuando este amigo volvió a llamar a Viera a las 20.50 nadie contestó al otro lado.

Para las primeras horas de la tarde del viernes el caso, para la Policía seguía siendo una averiguación de paradero. Los datos de los desaparecidos comenzaron a circular por todas las unidades a partir del reporte enviado desde el Departamento de Búsqueda de Personas Ausentes del Ministerio del Interior. Mientras esto ocurría, los hombres de la comisaría continuaron sus averiguaciones.

Fueron hasta el peaje Solís, el ingreso a Maldonado del Volkswagen Gol Santana matrícula SAG 2218 estaba registrado a las 19.56 y la salida por el mismo peaje a las 21.30. Sin embargo, Viera y su hija nunca habían llegado a Montevideo.

Entre la medianoche del viernes y la 1 de la madrugada del sábado todo comenzó a precipitarse.

El amigo. El auto con la radio encendida parado en la esquina de Lombardía y Ancona guardaba otra clave. Luego que los efectivos de la Seccional 14 hallaran los cuerpos en el baúl, comenzó la minuciosa inspección del coche. Una anotación en la agenda de Natalia Soledad Viera orientó definitivamente la investigación: "último anillo, la casa antes de la aerosilla".

Los hombres de Homicidios llamaron a los de la Comisaría 11ª para que chequearan el dato. Para los policías de Piriápolis esas indicaciones bastaban para dar con la casa. El comisario Eula y sus hombres llegaron a media tarde al chalet. Una recorrida por el entorno fue reveladora. Había casquillos tirados en el piso, un balde con ropas ensangrentadas y tubos de gas de autodefensa.

Mientras se precintaba la finca a la espera de Policía Técnica, los policías fueron en busca de quien hacía las veces de cuidador de la casa.

Las averiguaciones los llevaron hasta Esteban R.C. (22) y hasta el joven A.O.O. (20), ambos detenidos en El Pinar.

El nombre del principal involucrado en el doble crimen quedó de inmediato en el tapete. A las 18.30 del sábado la Policía de Lavalleja recibía el pedido de captura de Cristian Alejandro Fernández (25).

Las propias confesiones de Cristian Fernández y de Esteban R.C., aunque mutuamente incriminatorias, terminaron por poner en claro lo ocurrido. Habían planeado robar a Viera las armas, el dinero -Fernández presumía que Viera llevaba grandes sumas consigo- y varias alhajas personales.

Del arma homicida, una pistola Glock 9 milímetros, que Fernández desarmó y arrojó de camino a Minas sólo se halló una parte que ahora es periciada. Sin embargo, aún falta por encontrar otras tres armas: dos pistolas Steyr y una pistola calibre 7.65.

Los acusados -Cristian Fernández, Esteban R.C. y el mecánico L.A.V.M., encubridor- no aportan datos sobre estas armas. Tampoco un individuo detenido el martes y a quien se indagó en la hipótesis de que hubiera recibido las armas. En esto se concentrará hoy el juez Álvarez Petraglia.

La cifra

32 horas de trabajo fue el tiempo que demandó a la Policía aclarar el doble asesinato de Heber Viera y su hija en un chalet de Piriápolis.

El principio de una escalada sangrienta

Cristian Alejandro Fernández parece un hombre dispuesto a todo. Dado de baja de las fuerzas armadas españolas, hijo de padres uruguayos, residente en Minas desde hace casi dos años. Su única ocupación conocida era la venta de celulares e insumos, actividad que cumplía de manera informal. Su actual pareja estaba a punto de dar a luz, algo que había vuelto más apremiante su situación económica. Fernández era un fanático de las armas de fuego, el fisiculturismo, frustrado aspirante a efectivo de las fuerzas de choque de la Policía y habitual frecuentador de locales nocturnos.

Había conocido a Esteban R.C. hacía apenas 15 días. Luego de trabar amistad planearon el golpe contra Viera, Cristian estaba convencido de que el comerciante de armas movía grandes sumas de dinero. Pero además del dinero, iba tras las armas. Los investigadores del caso creen que se proponía formar una banda y, con las poderosas armas de puño, consumar uno o varios asaltos.

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