DUBLÍN | EL PAÍS DE MADRID y AGENCIAS
El uso de las polémicas bombas de racimo, que han causado la muerte de 13.306 personas en tiempos de paz desde 1965, fue vetado oficialmente el viernes por 111 países. Sin embargo, deja algunos cabos sueltos.
El acuerdo alcanzado en la Cumbre de Dublín, Irlanda, entre delegaciones de más de cien países sobre un borrador de tratado para la prohibición del uso, producción y almacenamiento de las bombas de racimo fue saludado con satisfacción por cancillerías y ONG de medio mundo.
El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, saludó el tratado suscrito afirmando que establece "un nuevo modelo internacional" para la protección de las poblaciones civiles.
El convenio será sometido a a la firma de los Estados en una ceremonia que se desarrollará en Oslo, Noruega, el 2 y 3 de diciembre próximos, antes de su ratificación. Entrará en vigor seis meses después que lo hayan ratificado al menos treinta países.
El tratado, que incluye medidas de asistencia para las víctimas, establece un período de ocho años para que los países firmantes dejen de construir y almacenar las bombas y eliminen ese tipo de municiones de sus arsenales.
AGUJEROS. Las ONG de ayuda humanitaria han calificado casi unánimemente de "fuerte" e "histórico" el borrador consensuado por la noche del miércoles en Dublín y consideran marginales las cesiones respecto a sus peticiones. Con el acuerdo todavía caliente se abrió el debate entre los analistas sobre la dimensión real de los "agujeros" que deja ese tratado. Uno de ellos, el más notorio, es que los principales fabricantes y comerciantes de estas armas -Estados Unidos, China, Rusia, Israel, Pakistán e India- estuvieron ausentes de Dublín y por ende, no suscribieron el documento.
Por bombas de racimo, o bombas clúster, se entiende a aquellas de caída libre, o lanzadas desde la tierra, que al llegar a una medida concreta, se abren dejando caer cientos de submuniciones. Muchas de éstas últimas no estallan y, aun activas, terminan siendo fatales en tiempo de paz. Según la ONG Handicap Internacional, el 85% de las víctimas por accidentes de estas minas o municiones son civiles, y en el 23% de los casos son niños.
"Creo que se trata de un acuerdo fuerte", comenta en conversación telefónica desde Washington Wade Boese, director de investigación de Arms Control Association, un influyente centro de estudios independiente. "Es verdad que el veto tiene una excepción. Pero se trata de algo muy estricto, definido por cuatro o cinco criterios muy exigentes", dice.
El texto pactado deja fuera de la prohibición a las bombas de racimo superinteligentes, dotadas de sistema de radar, que contengan menos de 10 submuniciones -hay modelos en el mercado que llevan más de 600-, que se autodesactiven si alcanzan el suelo sin explotar y que satisfagan otras condiciones. Estos criterios permitirán el uso del modelo Smart 155, armas de fabricación alemana que contienen dos submuniciones. Pero son más estrictos que los que en Dublín habían propuesto varios países.
"La otra gran cuestión era la cooperación militar con países que no firman", dice Boese. "Se ha cedido algo en eso. Pero se trata de una cesión inteligente, que permitirá que muchos más países adopten el tratado. Pienso sobre todo en los europeos y en los de la OTAN. No es lo mismo 50 firmantes que 150, y con los europeos. Eso dará peso al tratado, cuyo mensaje es todavía más fuerte".
CONTRARIOS. Algunos analistas otorgaron mayor importancia a los agujeros, y subrayaron la ausencia de los grandes productores, entre ellos EE.UU. y Rusia.
Un portavoz de la Administración de George W. Bush declaró que la Casa Blanca "comparte las preocupaciones humanitarias de los países reunidos en Dublín", pero permanece contraria al borrador pactado. "Las bombas de racimo han demostrado su utilidad militar. Su eliminación pondría en riesgo la vida de nuestros soldados", dijo.
El vocero del Departamento de Estado, Tom Casey, dijo que EE.UU. sigue respaldando las negociaciones patrocinadas por las Naciones Unidas, en las que también participan Rusia y China, que aspiran a la adopción voluntaria de códigos de "las mejores prácticas" entre los fabricantes más importantes de estos arsenales.
Estas bombas se han usado en guerras en todo el mundo, de Vietnam a Irak, para arrasar fuerzas enemigas al provocar decenas de explosiones a ras del suelo con una sola bomba o cohete.
Después, suelen tener un costo terrible en vidas civiles. Sobre todo de campesinos que chocan, o simplemente pasan cerca de bombas que no han explotado en sus campos, o niños que se ponen a jugar con ellas.
Los países más afectados por las bombas de racimo son Afganistán, Albania, Camboya, Croacia, Etiopía, Irak, Israel, Kosovo, Líbano, Serbia, Sierra Leona, Sudán, Siria y Vietnam.
En abstracto, los países firmantes podrían decidir desarrollar o comprar bombas de racimo con los criterios permitidos, o cooperar en acciones con otros países que las utilicen. Ese es otro de los "agujeros" señalados en el tratado.
En la práctica, el compromiso político y moral asumido en Dublín, según la mayoría de los observadores, hará de las bombas de racimo un arma estigmatizada, como ya ha ocurrido en todo el mundo con las minas antipersona.
Las cifras
13.306 Cantidad de víctimas civiles en los últimos 43 años por estas bombas, según la ONG Handicap Internacional.
400 Los millones de personas que viven en zonas donde están desperdigadas estas bombas; son potenciales víctimas.
440 Los millones de fragmentos de estas bombas que fueron lanzadas desde 1965, también de acuerdo con ONG Handicap.