El coraje de zafar del tabú del abuso

| Víctimas que no se callan. "Si yo comentaba en mi familia me decían `mirá si fulano va a estar haciendo esas cosas", contó Patricia Se dieron cuenta cuando estaba de 7 meses. Tenía 13 años. | "Siempre está eso de que una, de niña, habla pavadas"

2008-05-25 00:00:00 205x198
El País

Valentina Ibáñez, la joven que fue violada por su padre entre los 12 y los 18 años y tuvo tres hijos con él, dijo ayer a El País que fue felicitada por amigos, vecinos y desconocidos, por la valentía que tuvo al denunciar y hacer pública su situación.

Hace dos días que el teléfono de Valentina no para de sonar. Y tampoco el timbre: muchos se acercaron hasta su casa a felicitarla. Su novio, Carlos (28), quien la impulsó a denunciar a su padre tras la última violación, también estaba muy contento con el hecho de que ella decidiera dar a conocer su calvario, que quizás sirva de ejemplo para otras mujeres que, por temor, esconden historias similares a la suya.

Temprano en la mañana, el suegro de Valentina fue a comprar el diario El País. Él y su esposa también fueron felicitados. Antes que nada, por ofrecerles un hogar a su hijo y a su nuera. Y por darle una familia a Valentina, quien vio a su madre biológica una sola vez, a los 11 años, y tuvo que soportar las violaciones, amenazas y agresiones de su padre durante buena parte de su niñez y toda su adolescencia.

El viernes, junto con la historia de Valentina, se conocían otros cuatro casos de abuso sexual a menores.

Según el sexólogo Andrés Flores Colombino, tres factores colaboran a combatir estos hechos: una buena educación sexual (como forma de prevención), la denuncia, y un marco jurídico más adaptado, "que ya no revictimiza tanto al menor".

"Estos casos siempre han existido, tienen una tradición milenaria. Normalmente son casos que no se denuncian, que la gente se los lleva a la tumba y que traen muchísimas consecuencias negativas desde el punto de vista psicológico", dijo Flores Colombino a El País.

"Ahora, por suerte, poseemos un sistema jurídico que está mejor adaptado para que las denuncias sean bien encaradas, sin revictimizar a los chicos abusados, cosa que en otra época no existía por desconocimiento", indicó. De todos modos, consideró que aún se puede avanzar en este campo.

"Lo ideal sería que las denuncias se centralizaran en los lugares donde se pueden hacer tratamientos adecuados. Y si no, que la víctima fuera derivada rápidamente a donde corresponde", añadió.

EL FENÓMENO. La violencia y el abuso no son fáciles de detectar y tienden a permanecer ocultos en la sociedad.

El Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU) advierte que este fenómeno posee características especiales que lo hacen en buena medida inexpugnable, como el hecho de que por lo general ocurre al resguardo del hogar. Por otra parte, el menor de edad que es agredido por lo general se encuentra en una situación especialmente desprotegida y vulnerable. Y es de aguardar que quienes sufren las situaciones de violencia y otros miembros del núcleo familiar desistan de informar o denunciar la situación, por temor al propio victimario o a las consecuencias que tendría la denuncia en el seno de la familia, explicó ayer el INAU en un boletín

Respecto a los dos años que insumió el proceso de Valentina una fuente judicial señaló a El País que "hay bastante demora" en los exámenes de ADN, en particular de los realizados por el Instituto de Donación y Transplante, ex Banco de Órganos y Tejidos.

La fuente indicó que en una instancia judicial para probar una paternidad puede llevar entre ocho y diez meses.

El plazo, explicó, es además de la duración de los exámenes por las diferentes citaciones judiciales, a las que muchas veces la parte denunciada no concurre.

Hasta hace unos años se discutía si una persona que no quisiera debía ser sometía a exámenes de ADN porque se consideraba que podía ser una afectación a su libertad y a su integridad física. El hecho de que ahora los análisis puedan hacerse simplemente con un cabello o una muestra de saliva hizo prácticamente que ya no se discuta el tema.

Además, también se considera el derecho de los niños a saber quién es su padre y la negativa de una persona a realizarse una prueba de paternidad puede ser considerada como una presunción en su contra, indicó la fuente.

FENÓMENO ENDÉMICO. Los casos de niños que nacen producto de una violación incestuosa se han repetido a través del tiempo en el país.

El más reciente que salió a la luz pública fue en septiembre de 2006 en Salto, cuando un productor rural fue procesado por abusar de sus hijas. Una de ellas quedó embarazada de su padre y tuvo un niño que hoy tiene unos 4 años. Un examen de ADN fue el elemento probatorio que determinó el dictamen judicial.

En los últimos años en Rivera hubo tres casos. El más notorio sucedió en 1984: un hombre que violaba a su hija menor de edad la dejó embarazada. La madre y el padre de la víctima asistieron el parto.

El padre fue procesado con prisión y la madre fue absuelta. El niño fue dado en adopción a una familia ajena a Rivera.

En Treinta y Tres el caso de incesto más reciente ocurrió a mediados de la década de 1980. Un sujeto de unos 50 años violaba a su hija adolescente, que quedó embarazada. El caso fue denunciado a la Policía por una hermana mayor de la joven, que también había sido sometida por su padre.

TEXTO LEGAL. Otro caso singular, que nunca llegó a la luz pública, fue comentado a El País por un funcionario policial, hoy retirado: a mediados de la década de 1970 se presentó en la Seccional 1ª una pareja, padre e hija, manifestando que regularmente mantenían relaciones sexuales con mutuo consentimiento y que a raíz de esta relación la mujer había resultado embarazada. El funcionario recordó que en aquel entonces consultó al juez letrado departamental, quien en vista de lo establecido en el artículo que tipifica el delito de Incesto recomendó "dejar pasar" el caso.

Es que el texto legal señala que cometen ese delito "los que con escándalo público mantienen relaciones sexuales con los ascendientes legítimos y los padres naturales reconocidos o declarados tales, con los descendientes legítimos y los hijos naturales reconocidos o declarados tales, y con los hermanos legítimos". Según la fuente, el juez afirmó que si el escándalo público no se había ocasionado, no tenía por qué ocasionarlo la autoridad. El hijo figuró como de padre desconocido y llevó el apellido de su madre.

Hace unos cinco o seis años en Paysandú se descubrió que los dos hijos de una mujer eran producto de la relación incestuosa que tenía con su padre. La madre los tuvo cuando era mayor de edad y no se comprobó si abusaba de ella desde que era menor.

El hecho quedó al descubierto porque los niños eran asistidos en el hospital local por problemas de salud que al parecer eran producto del incesto.

Las predisposiciones genéticas a ciertas enfermedades o malformaciones son a veces el único dato que conduce a un caso de incesto o un cuadro de abuso. En Tacuarembó (el departamento de Escayola y Gardel) han surgido casos en el interior profundo a partir de la observación de características fisonómicas y afecciones que sólo se explican en casos de relaciones de esta naturaleza.

De línea azul al juzgado

Desde el 1° de enero hasta el 21 de mayo de este año la Línea Azul de INAU recibió 694 denuncias por violencia emocional, sexual y física practicada a niños, niñas y adolescentes, dijo a El País el presidente del Comité de lucha Contra la Explotación Sexual Infantil y Comercial, Edgar Masarini. De esos casos, 22 corresponden a abuso sexual infantil (20 a Montevideo y 2 al interior).

De las 22 denuncias de abuso sexual infantil que recibieron "diez fueron directamente judicializadas porque fue probado el abuso", señala el informe de la Línea Azul remitido a Masarini.

En el informe de gestión del primer año del Sistema Integral de Protección a la Infancia y la Adolescencia contra la Violencia, sobre 267 actuaciones, un 28% de los casos atendidos habían sido víctimas de violencia sexual. La amplia mayoría (79%) de las situaciones de maltrato o abuso fueron diagnosticadas a partir del relato de los propios niños. El resto fueron por sospechas de un tercero (9%) sólo 1% por marcas que presentaban los chicos.

"Que no le pase a otro lo que a mí y mi hermana"

Durazno | Víctor D. Rodríguez

Patricia Álvarez vive en su modesta casa de barrio Sandú junto a su esposo y sus hijos. En apariencia, a los 35 años de edad, es una mujer "sin ningún drama". Atenta, simpática, sencilla, conversadora. Un signo delata algo distinto: está pendiente de sus hijos hasta el límite de la sobreprotección. A la de 17 años no la deja ir a los bailes a los que van todas sus amigas, y menos a la menor, de 13. "Yo a esa edad estaba teniendo a mi hijo", señala Patricia.

Se refiere a su primer hijo, que hoy tiene 22 años. La dejó embarazada un primo hermano de su madre que la violaba desde los 10 años.

"Lo que pasa es que si yo comentaba (la situación), la familia lo primero que decía era `dejate de hablar pavadas, mirá si fulano de tal va a estar haciendo esas cosas`. Como era familiar, primo hermano de mi madre, siempre está eso de que uno habla pavadas de niña", comenta la mujer.

"Cuando se dieron cuenta yo estaba de siete meses, mi padre que es militar me hizo hacer los estudios en el regimiento y se encontraron que estaba embarazada". "Ahí se dieron cuenta que ese hombre también abusaba de mi hermana: yo tenía 13 y mi hermana 9 años". El violador sólo estuvo dos años en prisión.

EFECTO ESPEJO. Mientras el periodista Freddy Rusch comentaba en radio Durazno el informe del viernes de El País sobre casos de violación a menores de edad, ella envió un mensaje de texto. Tal vez se sintió identificada, o reflejada por situaciones como las que ella había vivido.

Aceptó dar su testimonio "para que no le pase a otra persona lo que me ocurrió a mí y a mi hermana".

Menos aún a sus hijos: el mayor (producto de la incestuosa relación) de 22, y los que tiene con su esposo: otro varón de 18, una jovencita de 17, el tercero de 15 y la menor de 13 años.

Hija de padres separados, Patricia vivía junto a su hermana, su madre y los abuelos. La casa contigua era la de hombre mayor de edad, primo hermano de la madre, que resultó luego ser el violador. "Yo nunca pensé que también abusaba de mi hermana, saltó todo cuando lo llamaron a declarar", rememora.

"En el año 1986 tuve a mi hijo", relata ante la atenta mirada de sus dos hijas, porque en su familia nunca ocultó nada. "Mi esposo sabía que ese hijo que tengo es fruto de una violación, y no porque yo haya sido bandida. Siempre les dije a mis hijos, a varones y mujeres, "ustedes cualquier cosa, sea lo que sea, siempre me lo cuentan" porque por más grave que sea siempre se puede ayudar. Pregúntele a ellas, las tengo acosadas, me dicen que estoy psicopática", explica entre mirada cómplice de madre a hija.

SINSABORES. "En aquellos años yo pensaba que era la única, fui muy discriminada por tener un hijo a los 13 años", relató. Chocó contra la falta de apoyo de una disgregada familia, que convivía si saberlo con el violador. Pero a pesar de todo, aunque mucho tiempo haya pasado, quiso que su historia no fuera un secreto sino un ejemplo.

Es más difícil rescatar la relación

El presidente del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU), Víctor Giorgi, dijo que dentro de las situaciones de violación los casos de incesto son, según estudios internacionales, en los que es más difícil "rescatar la relación madre -hijo". "A nivel internacional cuando es un hijo producto de una violación o de un incesto se aconseja la adopción y no se trabaja tanto con la aceptación por parte de la madre. Se considera muy difícilmente reparable para la mujer el tema", señaló Giorgi.

El jerarca dijo que en casos de este tipo la información de que el niño es producto de un incesto está a "disposición del adoptante". Además, señaló que actualmente, si hay indicios de abuso familiar en un niño que está en el INAU, el organismo no lo reintegra al abusador, aunque hubo "varios" casos en que la Justicia decidió entregarlos de todos modos, a los padres, o a familiares como abuelos. En esas ocasiones el INAU suele presentar una apelación, indicó.

formas de detectar en niños

Indicadores Físicos. La mayoría en forma aislada no es determinante, pero si se presentan se debe indagar. Picazón, dolor en áreas genitales o anales. Lesiones o sangrados. Infecciones urinarias repetidas. Enfermedades venéreas. Embarazo. Hematomas en muslos. Dificul- tad para caminar.

Indicadores de Comportamiento. (Ante la presencia de los mismos se debe contextualizar e indagar): Introvertida/o. Callada/o. Pobre rendimiento escolar. Miedo a los adultos/as. Insegura/o. Pobre o idealizada relación con los padres, especialmente el abusador.

Comportamiento sexual inapropiado para la edad. Intentos suicidas. Promiscuidad. Trastornos varios: comida, sueño. Fugas de hogar. Depresión. Autoagresión.

Qué configura abuso.

Para que se perpetre el abuso no es necesaria la penetración. Se configura desde el tocamiento de genitales del niño o niña por parte del abusador. Incitación por parte del abusador al tocamiento de sus propios genitales. Contacto bucogenital entre el abusador y el niño.

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