Falta probar quién y cómo la mató

Investigación. El procesado es el principal sospechoso del homicidio de la niña de 11 años

MARCELO GALLARDO Y ANA PAIS

Primero negó la violación. El cúmulo de evidencias finalmente lo dejó sin argumentos. Luego negó el homicidio. Lentamente comienza a descorrerse el velo en torno a la muerte de la niña Pamela Silva. El padrastro en el centro de la trágica historia.

Eduardo Cáceres fue procesado ayer por un delito reiterado de violación. La última vez que mantuvo relaciones con Pamela fue en la tarde del sábado 3 de mayo, unas horas antes del trágico desenlace.

En cambio no están claras aún las circunstancias que rodearon al asesinato. Cáceres negó rotundamente haberle dado muerte a la niña. Lo juró por sus dos hijos que estuvieron detenidos con él durante los primeros interrogatorios. Antes había jurado por ellos que nunca había abusado de la niña. Y no era así.

Cerca de 300 personas se congregaron frente a la sede judicial. La indignación pareció reunir al público más disímil. Desde viejos prontuariados que los policías de custodia en el juzgado reconocían a simple vista, hasta enfurecidas amas de casa e incluso un ex candidato blanco a la Intendencia que proclamaba, sin reparos, sus deseos de hacer justicia por mano propia.

Lo cierto es que al comenzar a conocerse la verdad en torno a este terrible caso, la más pura bronca armó un clima próximo al linchamiento en los alrededores de la sede penal.

dos juramentos. "Juro por mis hijos que no lo hice", insistió el padrastro de Pamela ante sus interrogadores cuando se le acusaba de haber violado repetidamente a su hijastra.

Sus dos hijos, mayores de edad, habían sido detenidos el viernes e interrogados en la Dirección de Investigaciones fernandina. También sobre ellos recayeron sospechas. De hecho a los cinco indagados se les harán análisis de sangre.

Pero finalmente, el cúmulo de evidencias reunidas tanto en la investigación como en las pericias forenses fue abrumador. Bajo su peso Cáceres se quebró y terminó por confesar la trama de abusos que había llegado hasta la tarde misma del sábado previo al crimen. Mientras la madre de Pamela trabajaba en su puesto de cajera de un supermercado sobre camino Lussich, el padrastro había tenido su última relación con Pamela.

Volvió a jurar exactamente igual cuando lo interrogaron directamente por el homicidio. En este caso, los indicios aún no son suficientes como para incriminarlo con la muerte.

Hay aún varias incógnitas en torno al asesinato en sí.

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