A un año de las internas

SEBASTIÁN DA SILVA

Muy de a poquito el Uruguay esta entrando en la fase electoral definida. Tibiamente están acomodándose las piezas de los distintos tableros políticos para disputar la próxima elección, que como todas en nuestra historia, es transcendente y particular.

En este caso, la gente tiene en sus manos el rumbo que el Uruguay deberá tomar, pasada la primera experiencia de gobierno de la izquierda. Los tres partidos con mayor peso han gobernado, han demostrado sus estilos, y han cumplido o incumplido con las expectativas generadas. Por tanto las verdades absolutas y los cantos de sirena no tendrán cabida. Se acabaron aquellas pomposas frases de "cambiar el modelo de país", la búsqueda del "hombre nuevo", o sacar a los "corruptos". La disyuntiva será entre quienes tengan mayor capacidad para aprovechar las oportunidades que el mundo ofrece y que al mismo tiempo permita que las espantosas desigualdades que tenemos como sociedad se corrijan.

No nos detendremos en evaluar ni las condiciones, ni las formas, ni los potenciales de los procesos de elección de tanto colorados como frentistas. Ambas colectividades tienen estilos distintos, y chances dispares, y en base a ellas es que se están moviendo.

Nos detendremos en la de nuestra colectividad. Los blancos tenemos un tema solucionado desde la implementación misma de esta forma de elección. Siempre entendimos que el candidato único no sale ni de arreglos cupulares, ni de congresos, ni de lineazos; en el Partido Nacional la candidatura se conquista por elección libre y a brazo partido.

Por tanto con este dilema resuelto, estaremos ante una nueva edición de la competencia histórica sobre la preponderancia de las líneas tradicionales del nacionalismo.

No será sólo una interna entre nombres, sino entre antecedentes, estilos, equipos y perfiles programáticos. La eterna disputa entre el ala herrerista y el ala wilsonista, tiene candidatos sólidos, preparados y fortalecidos, pero tendrá otros espectadores independientes que evaluarán por sobre todo, cuál de estos dos estilos es el que tiene más posibilidades de sacar a la izquierda del poder.

Nosotros apoyamos a Jorge Larrañaga, que es quien ha demostrado tener la suficiente capacidad para conducir al Partido en forma unida y sólida frente al gobierno con más poder y más recursos económicos desde al época de José Batlle y Ordóñez, y llevarlo a la situación actual de ser nítidamente una alternativa real para gobernar. Larrañaga pasó de ser un intendente que transformó Paysandú siendo tan solo un gurí, al jefe de la oposición más temido por las altas esferas frentistas.

Criticado desde el inicio de esta administración por su actitud franca y frontal a la soberbia gubernista, tildado de no tener estrategia por los analistas más sesudos, y en casos subestimado por las elites corporativas del Uruguay, hoy se presenta por lo que es: Un hombre incansable, que sabe lo que hace cada vez que emite una opinión, que logró el apoyo de un formidable equipo académico representado en la Fundación Wilson Ferreira Aldunate, que conoce como pocos la idiosincrasia de nuestros compatriotas y que por sobre todas las cosas es el único que ha demostrado que puede erosionar el poder de la izquierda con actitudes y argumentos de unidad nacional y no de enfrentamientos.

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