China ha aumentado la presión sobre los manifestantes tibetanos y les ha dado "un plazo de rendición", después de que las peores protestas en 20 años en Tíbet dejaran ayer una decena de civiles muertos. Pekín difundió un informe sobre la cantidad de fallecidos y mostró las primeras imágenes de televisión de las manifestaciones registradas en Llasa, y ha advertido de que tomará medidas más severas para detener las protestas que han surgido a pocos meses de los Juegos Olímpicos de Pekín.
Una fuente cercana al autoproclamado Gobierno en el exilio en el Tíbet, sin embargo, ha informado hoy de que los fallecidos por los enfrentamientos entre las autoridades chinas y los manifestantes son al menos 30. CNN, sin embargo, apunta que las víctimas mortales ascienden a un centenar.
"Hemos confirmado 30 (muertos)... Esta información se basa en las llamadas que realizan los tibetanos al exterior", ha dicho a la agencia Reuters Thubten Samphel, portavoz del Gobierno en el exilio, en su oficina en el norte de India.
Un alto cargo de la Oficina de Asuntos Exteriores del Tíbet ha confirmado que "ninguna de las víctimas es de nacionalidad extranjera". No obstante, la tensión de las manifestaciones pro-independentistas ha ocasionado el cierre de las fronteras para los extranjeros.
Según la agencia de noticias china Xinhua, los civiles han fallecido por balas o quemados hasta quedar calcinados. La fuente cercana al Gobierno tibetano en el exilio en India dijo que al menos cinco manifestantes murieron por disparos de soldados, y otros grupos que apoyan la independencia del Tíbet sostienen que muchos más podrían haber fallecido.
"Las autoridades del orden público en la región Autónoma del Tíbet de China emitió un aviso el sábado (...) exigiendo que los infractores se entreguen antes de la medianoche del lunes, y prometieron que se darían mitigación e indulgencia a quienes se rindan", ha informado Xinhua.
"Los criminales que no se rindan antes de que venza el ultimátum será severamente castigados, según la ley", según reseña el sitio de internet del Gobierno tibetano, que agrega que los que se atrevan a "esconderlos o protegerlos" también enfrentan penas duras.
China ha acusado al Dalai Lama, el líder espiritual tibetano, y a sus simpatizantes de organizar las protestas y minar la imagen de armonía nacional a unos meses de albergar los Juegos Olímpicos.
Alrededor de 400 monjes y civiles, incluidos estudiantes, se concentraron en los alrededores del templo Jokhang, donde les hicieron frente a unos 1.000 policías, según Free Tibet Campaign, con sede en Londres. De acuerdo a las agencias chinas, los manifestantes atacaron oficinas del Gobierno, quemaron vehículos y lanzaron piedras a la policía en un enfrentamiento que se ha saldado con muchos heridos. Un diplomático occidental aseguró que por lo menos un policía murió en los disturbios.
"Los manifestantes querían prender fuego al edificio del Gobierno Regional Autónomo del Tíbet", señaló una fuente que pidió no ser identificada. El presidente del Gobierno tibetano, Qianba Puncog, dijo a los periodistas que la policía no disparó durante las protestas. La situación "ha vuelto a la calma", de acuerdo a la agencia Xinhua.
Tíbet ha visto periódicamente protestas desde que el Ejército chino entró en el territorio "para liberarlo" en 1950. En 1959, Pekín aplastó un levantamiento popular, y en 1989 impuso la ley marcial para frenar una serie de protestas independentistas. El actual presidente chino, Hu Jintao, era en aquel momento el máximo responsable del Partido Comunista Chino en la región.
Esta última revuelta, que comenzó el pasado lunes, ha puesto de manifiesto la fragilidad del equilibrio social en este país de 1.300 millones -donde existen 56 grupos étnicos, algunos de los cuales, como los uigures y tibetanos, sienten un fuerte rechazo hacia el control de la mayoría china-, así como la dificultad de gestionar la creciente presión a la que activistas y organizaciones no gubernamentales van a someter a Pekín los próximos meses, informa José Reinoso
Las protestas se han extendido a las vecinas provincias de Qinghai y Gansu, donde existe una importante comunidad tibetana, y cientos de religiosos de varios monasterios se han echado a la calle para pedir el regreso del Dalai Lama. Las manifestaciones recuerdan a las que tuvieron lugar contra el Gobierno en Myanmar el año pasado.
Agencias