EDWARD PIÑÓN
Si hay un jugador que abastece adecuadamente a sus compañeros y que además mete estocadas a fondo cuando tiene la oportunidad de hacerlo, se da un gran paso.
Si hay jugadores que ganan por arriba en las dos áreas, si se cuenta con un arquero que gana en los centros. Se gana en tranquilidad.
Si todos entienden que el fútbol es un juego colectivo y que de la misma forma que hay que lucirse a la hora de generar juego también hay que hacerlo en la recuperación de la pelota, no queda otra que concluir que el equipo está armado. Completo. Así se mostró ayer Nacional. Con Martín Ligüera armando el paquete y repartiendo las cartas (léase las jugadas). Con Alexis Viera teniendo las mejores manos. Con Richard Morales haciéndose fuerte de arriba y ganando cada uno de los "envites" que le tocó disputar.
Con Mauricio Victorino jugando a pie firme en los peores momentos y con Bruno Fornaroli apareciendo en los metros finales para mostrar su capacidad goleadora.
Eso fue Nacional. Un equipo, que en el primer tiempo tuvo un rival que le planteó una batalla franca, leal y abierta, pero que no pudo reaccionar porque le pegaron fuerte en los momentos justos.
Está claro que el centro que cayó en el área cuando moría el primer tiempo y que el árbitro Darío Ubríaco sancionó con la pena máxima (no se apreció la falta desde la tribuna, pero la TV sí la revela) jugó un papel protagónico. Pero por encima que pudo acusar el bohemio por poner en tela de juicio la infracción, lo cierto es que Nacional fue más compacto, más solidario en todas sus líneas y más punzante que el dueño de casa.
El bolso presionó mejor con Arismendi y Cardacio. Ganó en los duelos personales, se filtró mejor en la última zona del enemigo y regaló los mejores lujos de la tarde.
Porque a la solidaridad del "todos corren en beneficio del equipo" le sumaron la belleza del pase exacto, de la triangulación veloz y del remate sensacional. Así Fornaroli puso el 2-0 tras combinación con Richard Morales y así Ligüera sentenció la historia para el 3-1 con una volea de zurda impecable tras el centro pasado de Oscar Morales.
Wanderers, por su parte, falló en la última entrega o en el remate final de alguna jugada. Quizás pudo pelear mejor el partido si Christian Yeladian hubiese tenido una mejor tarde en el primer tiempo, cuando el duelo pareció que podía inclinarse para cualquiera de los dos. Después ya se veía que no iba a poder modificar la historia.
¿Por qué? Porque Nacional se mostró más completo.
La cifra
7 partidos sin derrotas en la actividad local ya suma Nacional. La última derrota la sufrió con Danubio.
La estrella
M. Ligüera
Armó el juego ofensivo de Nacional y convirtió dos goles, el último soberbio.