Chocante. Ese es uno de los varios adjetivos que se le podría aplicar a la foto de primera, que El País publicó el martes pasado. Al parecer, se trataba de una mujer al momento de depositar su voto en las recientes elecciones legislativas en Pakistán. Y lo de " al parecer" es literal, ya que sólo se observaba a una figura totalmente cubierta a excepción de sus manos, las que daban la impresión de ser de una persona joven.
La desnudez de esas extremidades, apenas adornadas con un muy simple anillo, contrastaba con lo elaborado de la prenda, llena de bordados, que le cubría absolutamente la cabeza y el rostro, sin que ni siquiera se le vieran los ojos.
Pero mucho más antitético resultaba que la encapuchada estuviera ejerciendo el derecho al voto, mientras no lo tiene para llevar la cara descubierta. Sin la independencia de no portar una túnica que cual carpa, la cubre de pies a cabeza, por más grados de calor que hayan si es verano. Y sin que su mirada sea dificultada por un enrejado enceguecedor.
En unas elecciones que, se supone, corresponden a un país que comulga con los fundamentos democráticos o que al menos pretende avanzar en ese sentido. Los sangrientos disturbios en ese mismo día y los mortíferos atentados, son otras pruebas de cuán lejos se encuentra aún este país, al igual que muchos otros donde también ocurren parodias eleccionarias de distinto tenor, de lo que es una auténtica democracia. A lo que se suma el horrible asesinato ocurrido poco tiempo atrás, de Benazir Bhutto, una mujer valiente y capaz que lideró hasta su muerte al partido opositor al Presidente de facto y que siendo ella misma una mujer, encarnaba la lucha por la emancipación del sexo femenino.
Porque hace ya tiempo que en las naciones que cuentan con un régimen democrático no existen tales discriminaciones. Y resulta desde el punto de vista occidental un absurdo contrasentido, que las mujeres puedan incidir en la elección del gobierno, pero se tengan que ocultar cuando salen a la calle. Se dirá que es una cuestión de culturas y que como tal, hay que respetarlas, pero hay normas dentro del islamismo que son inaceptables. Como por ejemplo, la vasta costumbre, sobre todo en países musulmanes africanos, de la mutilación genital femenina. Una práctica inhumana de la cual se empezó a tener conocimiento en el resto del mundo, por la creciente llegada de emigrantes islámicos a Europa. A medida que aumentaba el número de niñas que llegaban a los hospitales europeos, por complicaciones derivadas de estas atrocidades, se fue levantando el velo de silencio o de ignorancia, que escondía estos hábitos tan crueles.
En la actualidad, una amplia investigación médica sobre el tema, dada a conocer entre otros, por la presidenta de la "International Women´s Health Coalition", en Nueva York , demuestra con números a la vista, las consecuencias mortales que estos usos provocan al momento de dar a luz, elevando un 50% las posibilidades de que la madre o el niño muera. Así mismo, la elevada cifra de otras complicaciones, como hemorragias e infecciones urinarias, han sido publicadas en revistas de medicina prestigiosas como "Lancet".
Por lo que actualmente ya no se puede hablar de que es un asunto cultural al que habría que aceptar, sino que además de estar en juego la defensa de los derechos humanos, hoy se tiene evidencia médica concluyente, que alerta sobre daños físicos a largo plazo, lo que lleva el debate también al campo de la salud pública.
En este sentido, un motivo más de preocupación por el avance del fundamentalismo islámico, es la noticia que en el Parlamento turco, el país islámico más occidentalizado, se hayan votado dos enmiendas constitucionales que permiten levantar la prohibición del velo. Impedimento que figuraba en la constitución de inspiración secular, de la época del presidente Kemal Ataturk, fallecido en 1938. Un hombre que intentó sacar a Turquía del oscurantismo religioso el cual, sin embargo, en los últimos años se ha revigorizado. Tanto así, que el partido en el poder es religioso y el proyecto fue enviado justamente, por el Poder Ejecutivo. Aunque felizmente, la ley que lo secundará y está en discusión, es algo menos extrema de lo que se practica entre las afganas y ciertas pakistaníes, pues exigiría que la cara quede descubierta.