Daniel Rojas / Renzo Rossello
Una organización mexicana operaba desde hace ocho meses. Un cargamento de 140 kilos de cocaína y planes para llevar 2.000 kilos rumbo a Europa. La Policía cree haber atrapado a toda la red, pero no se sabe todavía a qué cartel respondían.
"Nunca vi nada raro, yo limpiaba y me volvía", dijo ayer en medio de su perplejidad Estela Bianchi, la mujer que se encargaba de la limpieza en la estancia de "El Catalán". Tampoco los vecinos del paraje La Concordia, en Soriano, sospecharon nada en todo este tiempo.
Pero lo cierto es que lo que la Operación Pájaros Pintados dejó ayer al descubierto fue una de las organizaciones de narcotraficantes de mayor alcance, más aún que la integrada por colombianos que fueran capturados en Salto. Así lo aseguró el inspector mayor Julio Guarteche, titular de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (Dgrtid). "Nosotros no medimos la importancia de un procedimiento por la cantidad de kilos incautados, sino por el peso de las organizaciones que hay detrás y la que desarticulamos hoy era muy poderosa", señaló.
Los resultados del operativo son por demás significativos: 11 detenidos (seis mexicanos, tres bolivianos y dos uruguayos), 142 kilos de cocaína incautados, tres vehículos confiscados, una avioneta de bandera boliviana, dos apartamentos sobre la rambla y un depósito en Montevideo allanados.
La jueza Anabella Damasco comenzó a indagar ayer a los detenidos. La investigación, que se desarrolló en el más absoluto secreto, comenzó en noviembre de 2007.
"Pájaros pintados". Bien podría ser el título de un "narco corrido", pero es el que llevó la operación policial que comenzó sigilosamente a desplegarse en la noche del jueves.
Según relató ayer en conferencia de prensa el inspector Guarteche, para entonces sus efectivos con apoyo de la Brigada de Narcóticos de Colonia, el Grupo Especial de Operaciones de la Guardia Metropolitana, y un helicóptero del Grupo 5 de Búsqueda y Rescate de la Fuerza Aérea habían rodeado la estancia "El Catalán".
Allí, por la noche, aterrizó en una improvisada pista la avioneta Cessna con matrícula boliviana CP 2590. El piloto boliviano traía 142 kilos de cocaína a bordo. Los planes eran llevarlos hasta un depósito en la calle Marcelino Sosa 2274, en Montevideo, donde serían acondicionados dentro de un embarque de merluzas con destino a Europa.
Con ese destino partieron dos camionetas. El propietario de la estancia, un hombre de 70 años muy conocido en la zona, era el "puntero". La segunda camioneta llevaba el cargamento.
A la 1 y 30 los efectivos de la Brigada Nacional Antidrogas interceptaron el primer vehículo en la rambla y Río Negro. Pero la detención del segundo, con un mexicano al volante, no fue tan sencilla. El conductor intentó fugar y en la maniobra chocó con otros vehículos. Finalmente los policías lograron reducirlo.
A las 4 y 30 un pequeño ejército de policías comenzó a avanzar hacia la estancia. El helicóptero militar sobrevoló el campo, "para empezar a despertarlos", comentó con un dejo de ironía Guarteche. Alertados por el ruido del motor varias personas comenzaron a salir al campo, pero ya era tarde. Los cinco cayeron en el cerco de la Policía.
A las 7 se completó la última parte del operativo: la detención de dos mexicanos en sus apartamentos, uno sobre la rambla Mahatma Gandhi y el otro sobre la rambla República del Perú.
Para las 8 el operativo había concluido con 11 detenciones. El solapado trabajo de cuatro meses había concluido y, según estimó Guarteche horas más tarde con la desarticulación de toda la organización.
Establecidos. "Las estructuras del narcotráfico se montan con las antiquísimas estructuras del contrabando", aseguró el titular de la Dgrtid.
La investigación permitió arribar a esta y otras conclusiones. Los mexicanos se había afincado desde hacía al menos ocho meses en Uruguay. Uno de ellos se ocupaba de la fachada legal de la organización, tramitando las exportaciones de carne o merluza que, en realidad, permitían encubrir el tránsito de cocaína. También eran mexicanos los encargados de transportar los embarques desde la pista clandestina de aterrizaje al depósito en Montevideo. Tres bolivianos se encargaban de traer la droga desde, se estima, Santa Cruz de la Sierra. Por último un contrabandista de la ciudad de Carmelo aseguraba las vías de tránsito de la droga dentro de Uruguay. El otro uruguayo, un veterano estanciero, proporcionaba su campo como pista clandestina.
El cargamento incautado ayer no era el único que habían manejado. "Suponemos que pueden haber hecho un embarque pequeño", reconoció el inspector Guarteche.
Esperaban un embarque de 330 kilos para dentro de dos semanas. En un plazo no mayor a tres meses los narcotraficantes tenían planeado embarcar por este procedimiento unos 2.000 kilos de cocaína con destino a Europa.
En España el kilo de cocaína vale 33 mil euros, el kilo comprado en Bolivia vale 2.000 dólares. En pocos meses la organización aspiraba a reunir 66 millones de euros, unos 95 millones de dólares.
Estancia era muy "visitada"
En La Concordia nadie sale de su asombro. La mujer que hacía la limpieza en la estancia "El Catalán", Estela Bianchi, dice que nunca vio nada fuera de lo normal. Sin embargo reconoce que a veces los dueños le decían que "en la noche llegarían familiares de visita".
Varios de los vecinos del paraje cercano a Dolores comentaron que la zona es tranquila. Por eso la noticia cayó como una bomba.
Daniela Pucheta, una vecina de La Concordia en la zona más habitada y cercana a la estancia, trabaja como muchos vecinos en el balneario cercano que lleva el mismo nombre. "Siempre se veían avionetas sobrevolando el lugar", comentó a El País. La vecina aseguró que en el balneario corrió rápidamente la noticia. "Allí todos vivimos la situación con nerviosismo", aseguró Daniela. "Hace dos años que vivo aquí y nunca pensé que estuviera pasando esto", añadió.
La estancia está a unos 65 kilómetros de Mercedes. El campo tiene costas sobre el río Uruguay -cercanía que seguramente inspiró los "pájaros pintados" que nomina el operativo policial- y para llegar a él es necesario recorrer unos 20 kilómetros por caminos de balastro y tierra.
El casco está compuesto por dos casas bastante deterioradas y dos galpones en el mismo estado. Los galpones guardan un tractor y una lancha. En general el establecimiento da una fuerte impresión de abandono: decenas de gallinas, algunos cerdos y nada sembrado.
La avioneta de bandera boliviana es el único elemento discordante del paisaje.
Ahora, por fin, muchos vecinos se explican el inusual movimiento en "El Catalán".
La red que cayó en salto
El Juzgado Penal de 4to. Turno de Salto continúa la investigación en torno a la laberíntica estructura montada por los narcotraficantes colombianos. El juez Francisco Massita analiza los movimientos bancarios que la organización encabezada por el narco Gustavo Durán Bautista realizaba en países europeos. Las ramificaciones de la que fuera la mayor incautación de cocaína en los anales uruguayos, 500 kilos, distan aún de estar completas. El Operativo San Francisco, que la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas llevó a cabo en Puntas de Valentín, tuvo características similares al que se conoció ayer. Para empezar la droga también procedía de Bolivia, luego de pasar por Brasil. Cinco colombianos y dos brasileños fueron detenidos durante el operativo antidrogas. Ahora, entre otros extremos, la Justicia procura demostrar de donde provinieron los dos millones de dólares que los colombianos invirtieron en la compra de la estancia que utilizaban como centro de operaciones clandestinas. También hay otros campos que están en la mira de la indagatoria, a nombres de sociedades anónimas, lo cual ha dificultado el proceso. La Justicia española tiene también cuentas pendientes con el narcotraficante colombiano.