GUILLERMO ZAPIOLA
Los criterios de la Academia ya no son lo que eran. O más bien, el público ha cambiado, el mercado es otro, y los críticos deberían actualizar sus habituales columnas previas al Oscar, donde no suele variar otra cosa que los nombres y los títulos.
El primer dato llamativo lo da la taquilla. La joven vida de Juno, la comedia de Jason Reitman sobre una adolescente embarazada con cuatro candidaturas al Oscar, está superando en entradas vendidas a los films aparentemente favoritos como Petróleo sangriento y Sin lugar para los débiles, que compiten por ocho estatuillas cada uno.
A menos de una semana de la entrega de los premios, La joven vida de Juno lleva recaudados ciento veinticinco millones de dólares, contra los sesenta y uno de Sin lugar para los débiles y los apenas treinta y uno de Petróleo sangriento. En el medio están Michael Clayton y Expiación, con cuarenta y siete millones cada una, aunque en este caso hay que agregar que la primera llegó a las carteleras nueve semanas antes. Es posible que cuando se cierren los números, a Expiación le vaya mejor que a otros.
El fenómeno merece algunos intentos de explicación. Lo tradicional era identificar los gustos de la Academia con los del gran público (al fin y al cabo, 5.829 personas son algo así como "gran público"), y explicar a partir de ahí que el Oscar premiara con preferencia películas muy populares.
El esquema era sencillo: en la "primera vuelta" (la votación de las candidaturas), las películas que "todo el mundo" hubiera visto tenían más posibilidades de figurar en las papeletas que las películas "chicas", independientes, con menos presupuesto y menos propaganda. Siempre hubo excepciones (Marty de Delbert Mann en 1955), pero eran del tipo de las que confirman la regla.
Hoy la brecha entre lo que "todo el mundo" ve y lo que la Academia vota parece haberse ensanchado. La explotación en multiplex quizás tenga algo que ver con todo ello. Una superproducción sumamente taquillera puede salir en tres mil cines, mientras una película más "difícil" lo hace solamente en seiscientas o setecientas, pero un lanzamiento cuidadoso, la buena crítica y la recomendación boca a boca pueden mantenerla más tiempo. Y los "académicos" son, en último término, un público más selectivo que el normal, o al menos más interesado en el cine. Las posibilidades de que vayan a ver una película "difícil" son mayores que en el promedio, y entonces, como ocurrió el pasado año, películas no excepcionalmente exitosas en taquilla (Secreto en la montaña, Buenas noches y buena suerte, la propia Munich que es uno de los pocos Spielberg que no movió mucho público) pudieron llevarse por delante a las grandes superproducciones.
Este año está ocurriendo algo parecido. Las cuatro películas más taquilleras de 2007 han sido en los Estados Unidos, en ese orden, Spiderman 3, Shrek 3, Transformers y Piratas del Caribe: en el fin del mundo, con cifras que superan los trescientos millones de dólares. La cuarta, pasando los doscientos cincuenta, fue Soy leyenda. Ninguna de ellas figura entre las candidatas al Oscar. La popularidad ya no alcanza.
La paradoja es que Oscar ya no es (o por lo menos es mucho menos) el gran instrumento de promoción industrial que sus creadores, sus seguidores y hasta sus enemigos desearían que fuera. Se han desdibujado tanto las fronteras, que películas e intérpretes que compiten por él figuran también entre los aspirantes a los Independent Spirit Award, que nacieron queriendo se los anti-Oscar (este año están allí La otra vida de Juno, los directores Julian Schnabel y Jason Reitman, las actrices Ellen Page y Cate Blanchett, el actor Philip Seymour Hoffman) y son ahora una especie de complemento. ¿Deberemos lamentarlo? Probablemente no.
Animación Fenómeno Particular
El único film importante candidato al Oscar que parece haber respondido particularmente bien en taquilla es el que, a primera vista, resulta el más improbable, aunque cuando se mira el asunto dos veces la sorpresa empieza a desaparecer. Se trata de "Ratatouille", uno de los tres candidatos a mejor película animada de largometraje.
El tema es que "Ratatouille" no solamente es una muy buena película y la clase de película que le gusta a la gente, sino que forma parte de un fenómeno más amplio: la afirmación del cine animado. Disney ha dejado de monopolizar el género (aunque "Ratatouille" sea suya, a través de sus socios de Pixar), y la competencia de Dream- works (aunque este año el tercer "Shrek" no llegó al Oscar) y hasta Fox ("Los Simpson", ídem) ha sido fuerte. El film de Brad Bird compite con la elogiada "Persepolis", que enojó a los ayatolas.
Los movimientos en el tablero
La idea de que puede haber sorpresas se acentúa a medida que la fecha de la ceremonia de entrega de los Oscar se acerca. Los apostadores parecen no tener dudas acerca de los premios a mejor actor (Day-Lewis), actor secundario (Bardem, aunque una minoría ferviente desea que el español se lleve un tortazo) y probablemente director (los Coen). Pero casi todo lo demás está en juego, y algunos vuelcos de último momento no son imposibles.
En las apuestas, Marion Cotillard de La vie en rose está hoy empatada con la hasta ayer favorita absoluta Julie Christie. Recordar que ambas ganaron un Globo de Oro, Julie obtuvo el premio del Sindicato de Actores, y Marion el Bafta. Eso también sugiere un empate.
Otro posible "tapado": Expiación. Ganó el Globo y viene creciendo en taquilla en los Estados Unidos (tal vez por ese premio) mientras otras películas se han "quedado". Los Coen, cuyo Sin lugar para los débiles se insinúa todavía como la favorita, deben ver las cosas con algún nerviosismo.
Y es que Oscar tiene esas sorpresas. Acordarse, por ejemplo, del premio a mejor film a Vidas cruzadas cuando todo el mundo creía que ganaría Secreto en la montaña, o el mucho más justo a Alan Arkin como actor secundario, en lugar de Eddie Murphy. ¿Bardem seguro? Atención con Hal Holbrook.