Parla parlamentaria

REBAR

BUENOS DÍAS

En todo Parlamento bien organizado (si es que existe alguno) se lleva un control de asistencia de los miembros al recinto de sesiones. Quien bien piensa, supone que esa labor se cumple religiosamente, sin "amiguismos"... (esto es, sin inventar presencias en sala): y se cree, igualmente, que se trata de una fórmula eficaz para imponer, sin molestar a nadie, la disciplina de la concurrencia.

En algunas partes de este globo dentro del cual nos esforzamos por respirar seis mil millones y medio de seres (cálculo más o menos aproximado) se ha llegado a la perfección de registrar cuántas palabras pronuncia este senador o aquel diputado, durante el año legislativo.

El Semanario Parlamentario, que circula en Buenos Aires por ambientes en que realmente interesa, acaba de publicar que un senador jujeño -Gerardo Morales- actual titular de la Unión Cívica Radical, poco o nada conocido por nosotros, totalizó 42.205 palabras en su pasaje anual por la Cámara Alta: y se agrega a continuación de este dato, que resultó curioso el hecho de que sus intervenciones en los debates de 2007, no llegan ni a la mitad de los de 2006: 96.941.

En el otro extremo de la oratoria parlamentaria se ubicó Carlos Reutemann que, como se sabe, hace tiempo saltó del estrecho asientito de su bólido de Fórmula 1, a la poltrona senatorial. El ex-piloto se lució en el instante de ponerse a votación determinado asunto, diciendo simplemente AFIRMATIVO... palabra que, en parecidas circunstancias, repitió en otra ocasión.

Pero el que no dijo ni "mu" en todo el período de sesiones: el que convirtió a su escaño en una verdadera ciudadela de silencio, fue Carlos Saúl Menem, a quien contrariamente de lo que sucede con su colega Morales, le conocemos muy bien (o muy mal) por haber figurado -en su dilatado ciclo de oro en barras- en distintas secciones de la prensa, alternando entre el Noticiero de la Casa Rosada, gacetillas de escaramuzas políticas, novedades del mundo del espectáculo incluyendo rumores y confirmaciones de romances farandulescos, fotos de tango bailados a la encandilada... como así también hojas y más hojas de divorcios, nuevos casamientos, hijos varios (alguno tardíamente reconocido y otro tardíamente concebido)... sin olvidar las veces que apareció en las páginas de Judiciales. Pues, ese estadista que tanto tendría para narrar, no despegó los labios en ninguna de las sesiones a que asistió.

No deja de extrañar que aún no haya surgido en el Senado el chusco inquisidor que, parodiando al Rey Juan Carlos, se le acercara en medio de una sesión para dispararle una pregunta inquietante: ¡Eh, tú!... ¿Por qué no hablas?...

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar