GUILLERMO ZAPIOLA
Ocurrió casi secretamente. Prácticamente sin aviso previo y en una sola sala se acaba de estrenar "Luces al atardecer", la última película del finlandés Aki Kaurismaki. Esa discreción, parece una copia del estilo contenido y discreto del realizador.
El propio Kaurismaki ha señalado que su película, que representó oficialmente a Finlandia en el festival de Cannes 2006, culmina una trilogía de la que también forman parte dos films anteriores, Muy lejos vuelan las nubes y El hombre sin pasado, que se ocupaban igualmente de la existencia de finlandeses "comunes y corrientes", y con problemas. La acción se centra en un modesto guardián nocturno que padece algunos sobresaltos cuando su vida se entrelaza con las de una mujer fatal y un hombre de negocios deshonesto. Su estreno puede servir como disparador para un repaso de la obra del valioso realizador finlandés.
Aki y su hermano Mika han trabajado juntos y separados y han hecho buenas y muy buenas películas, pero cuando trabajan separados, las de Aki son, promedialmente, superiores, más personales, más reconocibles que las de su respetable hermano.
Mika es el mayor de los dos, y Aki (nacido en 1957) es dos años menor. Los dos son propietarios de la empresa Ville Alfa Film Produktion, homenaje a Alphaville de Godard, nombre que puede ser entendido como toda una declaración de principios. Su empresa ha sido responsable desde los años 80 de aproximadamente una quinta parte de la producción cinematográfica finlandesa. La primera película en solitario de Aki fue (en 1983) una versión de Crimen y castigo de Dostoievski.
Los temas de Aki se vinculan con frecuencia con el universo de los humildes y marginales, filtrado a través de una dosis de humor y otra de patetismo, y contemplado también con lo que alguna vez se llamó "conciencia social". Esas características se mantienen en películas en las que ha trabajado sobre materiales ajenos y clásicos: su Raskólnikov trabajaba en los mataderos y su Hamlet (también le ha dedicado un film al héroe shakespeareano) paseó sus dudas existenciales en un ambiente de cine negro, entre escritorios sofocantes y apartamentos baratos. Y el humor puede asomar en los momentos más inesperados, como en sus películas sobre el bizarro grupo rockero de los Leningrad Cowboys, un acercamiento intencionado con una vertiente satírica a la ex-Unión Soviética, a partir del que pudo derivar, entre varios ejemplos de su cine, a formas de la cultura popular norteamericana.
De ese modo, Aki Kaurismaki se ha convertido en lo que alguien llamó "un testigo de su Finlandia", agregando que pese a no ser un autor de cine "realista" su realidad lo envuelve y asoma la cabeza en sus películas. Todo indica que Luces al atardecer aporta una vez más esa mirada personal.