ISLAMABAD | AP, ANSA y EFE
Cientos de miles de personas despidieron ayer los restos de la ex primer ministro de Pakistán, Benazir Bhutto. El vacío que deja su muerte no sólo desmorona a la oposición, sino también conduce al recrudecimiento de la violencia en el país.
Los dolientes acompañaron en tractores, ómnibus, autos y camionetas el recorrido del féretro de la "líder de los pobres" -desde Larkana, donde partió hasta el mausoleo familiar de Garhi Khuda Baksh-, asesinada el jueves en un atentado suicida que dejó cerca de una veintena de muertos.
El ataúd de madera, cubierto con la bandera roja, verde y negra del Partido Popular de Pakistán (PPP) que fundara su padre Zulfiqar Ali Bhutto en 1967, fue trasladado en una ambulancia hasta Garhi Khuda Baksh. La multitud que salió al paso del improvisado cortejo retrasó en más de dos horas su llegada al mausoleo de mármol blanco donde ya descansaban los restos Zulfiqar, ejecutado en 1979 tras ser derrocado.
En la ceremonia oficial, atendida por Hakim Ali Mangi el mismo imán que enterró a Zulfiqar hace 30 años, estuvieron el esposo de Benazir, Asif Zardari, sus tres hijos -que cargaron el féretro- y su hermana Sanam, la única que queda viva en la familia.
Los seguidores de Bhutto apostados en el lugar, reflejaron su dolor con lágrimas, cánticos y golpéandose el pecho en señal de tristeza. También mostraron su incertidumbre sobre el futuro inmediato. "No sé qué sucederá con el país ahora", dijo Nazakat Soomro, de 32 años.
Algunos analistas políticos se adelantan a decir que la muerte de Bhutto desencadenará la peor crisis política en la historia reciente de Pakistán.
EXTREMISTAS. Muchos de los seguidores de Bhutto responsabilizan al presidente Pervez Musharraf de la muerte de la líder opositora, contrastando con la versión oficial, que afirma que Bhutto murió por golpearse la cabeza contra su auto y no por los disparos. Bhutto habría intentado ocultarse detrás de su auto pero la onda expansiva de la explosión hizo que se golpeara mortalmente. La familia rechazó que se practique la autopsia al cuerpo.
El ministro del Interior paquistaní, Hamid Nawaz, indicó que el gobierno posee "evidencia de que Al Qaeda y el talibán estuvieron detrás del ataque suicida contra Benazir Bhutto".
El portavoz del Ministerio, Javed Iqbal Cheema, señaló además que el atentado fue ordenado por el dirigente talibán paquistaní Baitullah Mehsud, quien envió un mensaje de felicitación a sus hombres por el asesinato, que fue interceptado por los servicios de inteligencia.
Horas antes, la red terrorista liderada por Osama Bin Laden, se adjudicó la autoría del hecho. "Esta es nuestra primera gran victoria contra ellos, que se han puesto de parte de los infieles en la lucha contra Al Qaeda y declararon la guerra a los mujaidines", dijo el jefe de operaciones de Al Qaeda en Afganistán, Mustafá Abu al-Yazid, en un contacto telefónico con el diario Asia Times.
Bhutto, era blanco de casi todos los grupos radicales islámicos, a causa de su ferviente apoyo al combate promovido por Occidente, con Washington a la cabeza, a estas organizaciones. Ello le valió varias amenazas de las cúpulas terroristas.
La ex premier paquistaní culpó a Al Qaeda, los talibanes y rebeldes locales, del atentado cometido el mismo día de su regreso tras el exilio, en octubre, que dejó 139 muertos.
CAOS. En las 48 horas que transcurrieron desde la muerte de la ex premier paquistaní, han muerto 32 personas en distintos enfrentamientos. Ello forma parte de los hechos de sangre que ocurren a diario en Pakistán, que registró en este año cerca de 800 muertos en atentados suicidas.
La situación, ya inestable, amenaza con salirse totalmente de control; el clima de extrema tensión se repitió en las principales ciudades del país, con saqueos y quema de edificios y vehículos.
En la ciudad de Multan, unas 7.000 personas saquearon siete bancos y una estación de servicio. En la capital del país, Islamabad, un centenar de personas cortaron el tránsito con quema de cubiertas.
El gobierno respondió ordenando un cuantioso despliegue de efectivos parapoliciales con la orden de "tirar a matar".
"Tenemos órdenes de disparar a la vista", dijo el mayor Asad Alí, vocero del cuerpo, conocido como los Rangers.
Unos 16.000 de estos efectivos cooperan con las autoridades de Karachi (la ciudad más poblada del país con 12.000.000 de habitantes; otrora feudo de Bhutto), a fin de frenar los disturbios callejeros.
En medio de la tormenta política y social, Musharraf trata de llevar calma a la población, sacudida por el impacto de la muerte de Bhutto. Para ello garantizó que se llevarán a cabo las elecciones legislativas "en la fecha en que fueron anunciadas" (el 8 de enero).
La oposición, que antes del atentado especulaba con un fraude presidencial en los comicios, rechazó la iniciativa.
"Si el gobierno permanece firme en mantener la fecha de las elecciones (...), esto nos llevará a la autodestrucción, que no será sólo la destrucción del gobierno sino también del país", dijo el ex primer ministro, Nawaz Sharif.
Otro jefe opositor, Imran Khan, fue más tajante y dijo que "Musharraf debe irse".
Aún en este conflictivo escenario, difícilmente el presidente tome nota del pedido de la oposición que, sin Bhutto para enfrentarlo o al menos negociar con él, parece decapitada.
La peor crisis de su historia moderna
ISLAMABAD
Pakistán vive la peor crisis de su historia moderna tras el asesinato de Benazir Bhutto, un ataque suicida perpetrado para desestabilizar a esta nación islámica que tiene armas nucleares, y desbaratar las elecciones legislativas, afirman algunos analistas.
Según varios analistas, el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, tendría que convencer a sus opositores que lo han acusado por el atentado, de que falló en la protección de Bhutto, o directamente terminar su mandato de ocho años.
Con las elecciones fijadas para el 8 de enero, vitales para avanzar hacia la democracia, estas tensiones representan el mayor desafío para Pakistán tras la secesión de Bangladesh de su territorio hace más de 35 años.
"Nos dirigimos a una fase política muy incierta que puede sumir al país en un estado de anarquía", dijo Hasan Askari, ex responsable de Ciencias Políticas en la Universidad Punjab de Lahore.
"La desconfianza entre Musharraf y la oposición es tal que algunos elementos de la oposición ya han pedido su renuncia, por lo que en este punto hay pocas perspectivas de recuperación" y "si la presente crisis continúa, el propio futuro de Musharraf podría estar en peligro", advirtió.
El gobierno paquistaní señaló con el dedo a Al Qaeda por la muerte de Bhutto, indicando que la dirigente era una férrea opositora de la militancia islámica, quienes la percibían como amiga de Occidente.
La oposición coincide en que Musharraf fracasó a la hora de protegerla de una amenaza. Algunos, inclusive, han implicado a los propios servicios de inteligencia del gobierno.
No obstante, la aparente incapacidad de Musharraf para frenar el baño de sangre que asola este año a Pakistán le jugará en contra a ojos de la opinión pública, comentaron los analistas.
El oficialismo ya está en campaña de cara a enero, aunque los analistas son escépticos acerca de la celebración de los comicios.
"La credibilidad del gobierno para devolver el país a la normalidad, está cayendo por minutos", dijo Rasul Rais, experto en Ciencias Políticas. "Lo sucedido tras el trágico asesinato de Bhutto es sintomático de la rabia social reprimida y la frustración en el país", remató. AFP