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Álvarez preguntó al llegar por la mucama
El primer día. Álvarez fue alojado en la celda número 6 del sector A de la cárcel especial No quiere recibir la ayuda de los demás militares presos Acordaron no cobrarse facturas viejas

LORELEY NICROSI

"¿Hay mucama?", preguntó el ex dictador Gregorio Álvarez al ingresar a la cárcel de Domingo Arena. En la primera visita de su familia, ayer recibió los utensilios con los que tendrá que limpiar su celda.

La pregunta de Álvarez dejó la duda en algunos de los presos si fue por real desconocimiento o porque creía que por su condición de ex presidente gozaría de otros privilegios. Sin embargo, los restantes militares presos le informaron que él mismo debería encargarse de la limpieza de su celda.

Álvarez fue trasladado a la cárcel especial poco antes del mediodía del lunes luego que el juez Luis Charles le comunicada de su procesamiento con prisión y pasara los trámites del fichaje en Cárcel Central.

El País visitó ayer la cárcel en el horario de visita y dialogó con varios de los detenidos para obtener impresiones de la primera jornada del ex dictador preso. Por tratarse del primer día de visita, a poco más de 24 horas de su detención, Álvarez prefirió no dialogar con la prensa. La cárcel es tan tenebrosa y triste como todas las cárceles. Austera, fría, rodeada de alambres de púas.

Lo primero que hizo Álvarez al llegar fue saludar a los procesados. Le tendió la mano a cada uno de los militares y policías retirados que se encuentran desde hace un año en el establecimiento, e incluso formuló algunas bromas sobre su encarcelamiento.

"Nos dimos la mano sin engrasarnos", describió a El País uno de los procesados, mientras el ex dictador recibía las pertenencias que la traía su familia. Un balde, un lampazo, una escoba y una pala, fueron algunas de las cosas que su esposa, Rosario Flores, llevó a la celda de Álvarez.

El ex dictador prefirió ser recluido en los sectores donde se encuentran la mayoría de los procesados por la desaparición del militante del PVP, Adalberto Soba, en lugar de estar en el módulo C de aislación donde originalmente se preveía que iba ser llevado. Fue alojado en la celda N° 6 que antes ocupó Jorge Silveira.

En el mismo sector A de la cárcel, se encuentran el sargento Ernesto Soca y en la habitación contigua fue ubicado el marino retirado Juan Carlos Larcebeau, quien también fue procesado el lunes junto al ex dictador.

En la primera visita, la familia de Álvarez no ocultó su malestar por la situación por la que atraviesa el ex dictador. Sus hijas, jóvenes, entraron y salieron en forma reiterada del predio donde se encuentra la cárcel, mientras su esposa y su sobrino lo acompañaron en forma permanente. Vestido de sport, Álvarez optó por no permanecer en el patio de recreo con su familia, con los otros presos en las cuatro horas en que se extiende la visita.

BICICLETA. Ayer en la mañana, la celda de Álvarez fue abierta a la hora 8 como la del resto de los procesados. Como es costumbre, los presos desayunaron, para luego comenzar a limpiar sus habitaciones, los baños comunes y el comedor.

Luego de la limpieza, Álvarez se subió a la bicicleta fija y dio algunos pedaleos, pero no se esforzó por continuar. El caminador y las pesas que se encuentran en uno de los pasillos de los módulos para que los presos realicen ejercicios, no le entusiasmaron.

Al mediodía llegó su familia. La primera hora los presos la dedican a comer con sus familias y luego salen al patio a conversar.

Mientras Álvarez conversó con su familia y realizó algún comentario breve a otros militares retirados, Ricardo Arab caminó solo por el patio de recreo. Ajenos a todo, dos pequeños niños, nietos de los represores, le dieron de comer a las palomas. El coronel en situación de reforma, Gilberto Vázquez se cobijó bajo la escasa sombra de unos árboles junto a dos visitantes. El sargento Ernesto Soca jugó con su nieto y a la distancia el coronel Jorge Silveira, desde su aislamiento, recibió a sus hijos y esposa. El coronel Luis Maurente caminó por el patio del brazo de su esposa.

Alambrados. Aunque el ex dictador admitió públicamente que moriría en presión, difícilmente haya pensado que estaría rodeado de dos altos alambrados de púa y dos rejas infranqueables, custodiadas por policías. El patio de recreo rodeado de alambre de púa, puertas y ventanas enrejadas, celdas, patios desnudos, árboles pequeños y sin sombra conforman la escenografía de este ocaso.

A las 23:00, cuando se apagan las luces de la cárcel, los presos deben permanecer en sus celdas) hasta las 8:00 horas del día siguiente. Solo hay un timbre que los comunicará con los carceleros, cuando sientan necesidad de ir al baño o les aqueje algún malestar físico. Las celdas de tres metros por tres tienen muebles propios, televisión y frigobar. Hay TV cable que paga el Comando del Ejército. Es mejor que el Penal de Libertad. En esa cárcel no pesan los rangos del pasado. Solo hay presos ancianos.

"No tengo presión ni azúcar"

"No tengo presión. Tengo 12 (de máxima) 7 ( de mínima)", les aclaró Gregorio Alvarez a los restantes detenidos cuando le ofrecieron sales sustitutivas a las de sodio. "No tengo azúcar", respondió rápidamente el ex dictador cuando sus camaradas le ofrecieron edulcorante para el café. Álvarez se jactó de su estado de salud, ante las distintas patologías que tienen la mayoría de los procesados por delitos de violación a los derechos humanos. La mayoría de los presos en la Unidad 8 de Domingo Arena toma antidepresivos y somníferos para poder dormir.

Rencores del pasado, camaradería de presos

"Acá somos todos presos iguales". Con esa frase uno de los militares procesados por violación a los derechos humanos intentó explicar por qué los viejos rencores que algunos de los uniformados presos tienen con Gregorio Álvarez quedarán por el momento en suspenso.

El ex dictador fue el responsable de que el teniente coronel retirado José Gavazzo fuera dado de baja, por la resolución N° 53.495, promovida por el propio Álvarez.

El motivo de la decisión fue la publicación "El Talero", que circulaba en el Ejército. Fuentes militares recordaron que en la publicación se cuestionaba a Álvarez e incluso se le realizaban imputaciones por su presunta vinculación con un empresario cárnico.

En momentos en que el general Amauri Prant estaba al frente del Servicio de Información de Defensa (SID) de la dictadura, Gavazzo comenzó a publicar "El Talero". Según los informantes, el teniente coronel retirado lo hacía con el aval de Prant. En la distribución de la publicación, también se vinculó al coronel retirado Luis Maurente. Sin embargo, toda la responsabilidad recayó en ese momento en Gavazzo, quien debió pasar a retiro obligado. Pese a los rencores, el ex represor saludó amablemente ayer a Álvarez e incluso departió en varias oportunidades con él en los dos primeros días de reclusión.

En las épocas más duras de la dictadura, también Álvarez decidió pasar a situación de reforma al militar Ricardo Arab. Por un tema personal, el ex presidente de facto cortó la carrera militar del ex integrante del SID e incluso ordenó que fuera "quemado su uniforme", dijeron las fuentes.

Aunque el tema no quedó en el olvido, Arab actuó ayer afablemente con Álvarez.

Las diferencias con algunos de los procesados se extien- de además al coronel en situación de reforma Gilberto Vázquez. El ex integrante del SID perteneció a la logia de los Tenientes de Artigas, entidad que se oponía al liderazgo de Álvarez. Los Tenientes fueron férreos opositores a la estrategia que desarrolló el ex dictador en su momento, esencialmente por entender que algunas de las medidas debían ser "más duras" de lo que fueron.

Al igual que Gavazzo y Arab, Vázquez también dialogó con el ex presidente de facto e incluso lo ayudó en algunas tareas domésticas, en el primer día de reclusión.

Sólo palabras. Si bien varios de los militares retirados aguardaban que Álvarez fuera detenido y conducido a la cárcel de Domingo Arena, otros ponían en duda de que realmente fuera encarcelado, por creer que existía "un pacto" con el gobierno del Frente Amplio, por el cual el ex dictador permanecería en libertad. Esas elucubraciones llevaron a que algunos de los presos advirtieran que en caso de que Álvarez llegara al penal, le reprocharían su actitud e intentarían "cobrarle" el silencio que mantuvo en las últimas dos décadas. Sin embargo, los enojos quedaron para otro momento apenas el ex dictador ingresó a la cárcel militar, aseguraron allegados a los detenidos.

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