FRAY BENTOS | RENZO ROSSELLO
No hubo aviones, pero sí lanchas en el río. Y también tensión sobre el puente. Con la planta en plena actividad como decorado de fondo, los asambleístas protestaron durante casi una hora sin incidentes.
Pero la fugaz actividad de dos buzos en las cercanías del muelle de Botnia dejó abierta una incógnita para los servicios de seguridad.
Unas 200 personas contemplaban las arriesgadas evoluciones de las lanchas rápidas de la "armada" piquetera desde la costa uruguaya. Pero contrariamente a lo esperado, la mayor tensión se vivió en la cabecera argentina del puente San Martín. Allí cerca de un millar de activistas desafiaron a la Gendarmería argentina que tenía órdenes expresas del ministro del Interior, Aníbal Fernández, de impedir el paso de los asambleístas. La presión de los activistas pudo más y los gendarmes, finalmente, terminaron por liberar el paso a la hora 16.30 de Uruguay.
Desde la mitad del puente un equipo táctico de la Prefectura uruguaya mantenía el cierre. La medida, explicaron más tarde las autoridades, se mantendrá por tiempo indefinido. El vicepresidente Rodolfo Nin Novoa, dijo más tarde en Fray Bentos que el cierre del puente continuaría de acuerdo con la actitud de los asambleístas y las situaciones que se fueran planteando.
Pero ayer, a las acciones de los asambleístas se agregó la actividad observada por efectivos navales y policiales, de dos activistas que con traje de neopreno y equipos de buceo, estuvieron algunos minutos bajo las aguas muy cerca de los pilares del muelle de Botnia. Fuentes de los servicios de seguridad consultadas por El País señalaron que se creía muy posible que los buzos hubiesen realizado alguna suerte de actividad de reconocimiento con fines aún ignorados.
POR AGUA. Algunos minutos después de la hora 15 las lanchas rápidas comenzaron a despegarse de la costa argentina, bajo la vigilancia de un buque de los guardacostas del país vecino. Unas veinte embarcaciones ligeras y el velero que los activistas acondicionaron como barco pirata, comenzaron a aproximarse a la costa uruguaya una media hora después.
El muelle de la planta era vigilado por cuatro embarcaciones de la Prefectura Naval de Fray Bentos. En tierra un escuadrón de bomberos y un carro hidrante fueron colocados en la punta del muelle. En las aguas circundantes a la planta se colocaron cables a modo de "cerco" acuático, de tal manera que si una lancha se hubiese aproximado allí, los cables se habrían enredado en las hélices sin remedio.
La manifestación acuática transcurrió sin incidentes. Incluso una lancha que partió desde la costa uruguaya con algunos reporteros gráficos -entre ellos uno de El País- pudo llegar hasta el centro mismo de la movilización sin otros inconvenientes que las encrespadas aguas del río.
Desde la costa de playa Ubici, un par de centenares de fraybentinos y periodistas de varios medios seguían con atención las maniobras de los activistas. Muchos fraybentinos no conseguían reprimir su bronca, su exasperación por una nueva acción de sus vecinos. Otros se lo tomaban con humor y hacían pronósticos sobre la cantidad de manifestantes que se sumarían a la protesta sobre el puente. "Serán quinientos, pero ellos seguro que van a decir que fueron 130 mil", comentaba un veterano mientras escudriñaba el puente con sus binoculares.
POR TIERRA. Mientras la protesta discurría en el agua, alrededor de mil personas con banderas, pancartas, megáfonos y la habitual parafernalia asambleísta comenzaba a agolparse sobre la cabecera argentina del puente. Desde temprano se sabía que la Gendarmería no les permitiría la marcha sobre el puente. Pero no fue sino hasta la hora 16 que la activista Ana Costa hizo saber a sus compañeros que las autoridades les habían comunicado la prohibición "por orden del ministro (Aníbal) Fernández".
En medio de un griterío generalizado se decide pasar a "votación" si acataban o no la orden. Naturalmente, ganó la moción de pasar de cualquier forma. Una negociación entre el intendente de Gualeguaychú, Daniel Irigoyen, y el oficial de la Gendarmería terminó por dirimir la cuestión: con la camioneta policial abriendo el paso, la columna de activistas marchó hasta la línea amarilla que marca el límite argentino.
La protesta sobre el paso elevado se prolongó hasta unos diez minutos antes de las seis de la tarde. La Asamblea se retiraba, con la promesa de volver.
En sus cálculos sigue la ocupación efectiva de la isla Inés Dorrego, a unos 1.300 metros de la planta. Allí los activistas pretenden instalar la base de operaciones que las fuerzas de seguridad uruguayas ya empiezan a advertir como un serio dolor de cabeza.
Nin Novoa. Pocos minutos después que los asambleístas se retiraran del puente, Nin Novoa entró al salón principal de la Intendencia de Río Negro, flanqueado por Omar Lafluf.
El contacto de Nin Novoa con los periodistas, en su mayoría uruguayos ya que el único medio argentino era el diario La Nación, fue breve. Precisamente, cuando el enviado del matutino argentino le preguntó al presidente en ejercicio cómo calificaría en este momento las relaciones entre ambos países, Nin Novoa respondió: "frías, distantes, pero no graves". Y deslizó una crítica al presidente argentino, cuando se refirió al modo en que se podrían mejorar estas relaciones: "sin hacer declaraciones por la prensa".