Cerro-Peñarol jugaron un partido aparte y terminaron preocupados

Hubo un contacto, faltó acuerdo y la tribuna Brasil será habilitada

JORGE SAVIA

Mancomunados por una gran preocupación que invade a los dirigentes de ambos, Cerro y Peñarol jugaron durante la pasada jornada un verdadero partido aparte, que incluyó un "contacto" -como prefirieron definirlo sus protagonistas, dejando el término "reunión" a un lado- en un local situado en la zona del Parque Batlle.

La razón de ese encuentro fue, justamente, que los directivos de Cerro y Peñarol tenían enfoques diferentes sobre los métodos a seguir para que en el cotejo del Tróccoli no ocurra nada anormal, pero en el marco de esa diversidad los iguala la percepción de que no es improbable que haya dificultades.

Los aurinegros entienden que no debería habilitarse la tribuna Brasil, porque de esa manera la "barra brava" puede ir igual a la localidad destinada para los hinchas visitantes, mientras que los albi-celestes consideran que el cierre puede obrar como un desafío para aquellos violentos a los que se quiere mantener alejados, ya que al impulso de su irracionalidad pueden plantearse: "¿Así que no quieren que vayamos? ¡Entonces vamos!"

Además, según lo reiteró anoche en la AUF el Esc. Miguel Sejas, presidente del club de la Villa, "de esta forma (habilitando la tribuna Brasil) nosotros cumplimos con todo lo que, tanto la Comisión de Seguridad interministerial y la Mesa Ejecutiva (de la AUF) nos aconsejaron".

Así, entonces, se descartó la posibilidad de que Peñarol le diera una compensación económica a Cerro por el cierre de la tribuna visitante. Es que, a cambio de esa decisión, los aurinegros se avenían a aportar parte de los $ 150.000 (6.900 dólares) que deberá pagar el locatario por el operativo de seguridad que se desplegará mañana, mientras que los albicelestes entendían que -aparte de que el problema de fondo no se soluciona cerrando la tribuna visitante- la única manera que había para aceptar lo que pedía Peñarol sin desoír el consejo de las autoridades, era que los aurinegros compraran (pagando unos U$S 12.000) las 4.000 entradas destinadas a la localidad del visitante y, virtualmente, las requisaran.

No hubo acuerdo, por lo que el partido aparte terminó empatado: las dos partes se fueron igualmente preocupadas.

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