DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Todo el mundo habla de los 160 mil militares estadounidenses enviados a Irak por el gobierno de George W. Bush. Pero poco y nada se dice de los mercenarios, de los contratos privados y, últimamente, de los pandilleros que engrosan estas fuerzas.
Estos pandilleros son en general centroamericanos que han logrado la "exención moral", que deja de lado, o borra, largos prontuarios de criminalidad. Son enviados a sumarse a las fuerzas de lucha en Irak por altos salarios y tienen la casi segura residencia estadounidense al retorno de la guerra.
Hoy, en lo que se ha convertido en un fructífero negocio para las 67 empresas privadas que operan en Irak, la industria privada militar cuenta con algo más de 180 mil hombres. Y ahí todo vale.
Se firman contratos con veteranos de guerra norteamericanos, con iraquíes y de todas las nacionalidades del mundo que se acercan para arriesgar la vida y alcanzar altas remuneraciones. Los sueldos son 3, 4 y hasta 10 veces superiores de los que gana un marine que parte con su uniforme desde cualquier ciudad de los Estados Unidos.
Un veterano que estuvo en la "elite" americana, o de otro ejército, es contratado por esas compañías por cifras que van desde los 150 mil a 250 mil dólares anuales. Entre ellas se encuentra la cuestionada multinacional "Halliburton", la que en un momento contó entre sus jerarquías con Dick Cheney, antes de llegar a la vicepresidencia, con 50 mil personas contratadas en la zona. Cubre especialmente gran parte o todas las tareas de infraestructura, logística y seguridad.
¿Cómo llegan los pandilleros a incorporarse al ejército de Estados Unidos?
Asombrosamente, cada día se suman más centroamericanos a las filas para ir al frente de batalla, entre ellos la temida "Mara Salvatrucha 13" de origen salvadoreño, cuando internamente se les persigue implacablemente en los 30 de los 50 Estados de la Unión, donde actúan en el tráfico de droga, como "sicarios" de la mafia y mismo en la lucha frontal entre distintas pandillas. El crimen, la violación y el robo, encabezan las carátulas de los expedientes de los pandilleros que purgan la pena cuando son detenidos, luego deportados y al poco tiempo clandestinamente retornan a delinquir en territorio estadounidense. Ahora, según informes del FBI y del Comando de Investigación Criminal se incorporan a las fuerzas americanas y poco demoran en hacer notar su presencia. Galpones y equipos blindados aparecen en la noche con "grafittis", pintados con figuras nada agradables e inscripciones amenazadoras. La investigadora Jennifer Simon del FBI acaba de señalar que "no es un secreto que los miembros de las pandillas están dentro de las Fuerzas Armadas y se incluye a unidades de ultramar". Se estima que un 11% de los incorporados a las filas pertenecen a pandillas y han obtenido exenciones morales para ser admitidos.
Las empresas privadas,que trabajan con su propia gente, en general de intereses estadounidenses, se encargan desde las tareas de cocina, la recuperación de edificios, la atención de heridos, la vigilancia de edificios públicos, la seguridad de los jefes militares y civiles y también de sumarse en los frentes de lucha contra los insurgentes iraquí.
Se señala que el pago de esta industria sale, en gran parte, de los impuestos de los ciudadanos de EE.UU., otra de las partidas especiales que llegan a Irak sin cometidos claros y fijos. Y lo mismo ocurriría con las armas; se envían grandes partidas para pertrechar a los aliados iraquíes o mercenarios y pocos se animan a asegurar que siempre llegan a las manos "leales" y no terminan en las enemigas.
El antiguo general del Ejército, William Nash, fue categórico al describir los riesgos: "no tenemos control de todas las armas de la coalición en Irak, lo cual es peligroso para nuestro país". Otras altas fuentes militares, como lo describió hace pocos días el diario Los Ángeles Times, manifiestan su desconfianza con claridad: "Los contratados por empresas privadas operan fuera de todo control militar y no siempre se mantienen en primer lugar o aceptan órdenes en situaciones de peligro".
Sin embargo el subsecretario del Pentágono, Gari Motsek, salió al cruce de esas versiones: "se recurre a contratados para reducir gastos y permitir a las tropas concentrarse en otras tareas".
Sin duda un cuadro de caos e incertidumbre. Hay casi 4 mil soldados americanos muertos en Irak y, aunque no aparecen en las listas oficiales, habría que agregar 1.200 contratados privados, de nacionalidad incierta.
EN EL TERRENO
ATAQUE
Un bombardeo estadounidense en un barrio de Bagdad dejó catorce muertos ayer en la madrugada. Según los vecinos y la policía iraquí, el ataque fue "injustificado" y los muertos eran todos civiles que dormían. Sin embargo, el comando estadounidense sostuvo que se trató de una operación contra "militantes extremistas chiitas" que integraban una célula terrorista responsable de ejecuciones sumarias de sunitas. Paralelamente, operaciones militares en Mosul causaron la muerte de otros 25 presuntos terroristas.
INFORME
Mientras el gobierno de George W. Bush espera el informe que presentarán el 15 de septiembre el jefe militar de EE.UU. en Irak y el embajador en Bagdad, se siguen sucediendo la difusión de reportes negativos sobre la situación en el terreno y la fiabilidad de las instituciones iraquíes. Según un documento pedido por una comisión legislativa al ex comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, James Jones, el ejército iraquí sería incapaz de asumir por mí mismo las tareas de seguridad y combate en ese país por al menos 18 meses.