CANELONES PATRICIA MANGO
Puede que su peor enemigo viva en el barrio. Incluso en la casa de al lado. Alcanza con este ejemplo: un joven marchó a prisión por extorsionar a su vecino. Le envió una nota anónima, pidiéndole U$S 5.000 o de lo contrario mataba a sus hijas.
Todo empezó el miércoles 8 de agosto, en Atlántida. El dueño de casa encontró la nota en el buzón del correo. La misma decía que en dos días la plata tenía que estar en el último escalón de la bajada a la playa, cerca de su casa, si no Paula o Fernanda pagarían las consecuencias. Lo mismo si le avisaba a la Policía o lo comentaba con alguien. "No me subestimes", "no hablo dos veces", decía en la nota, en tono amenazante.
El dinero tenía que estar el viernes 10, a las 21 horas.
PROCEDIMIENTO. Pese a la advertencia, el hombre de 62 años llamó a la Policía. Lo atendió el comisario Héctor González, que enseguida le comunicó a sus superiores los detalles del caso: un anónimo y una amenaza de muerte. Y una encrucijada a resolver: "no sabíamos si había una organización ni imaginábamos quién podría estar detrás", explicó González.
El comisario encabezó un operativo conjunto con la Dirección de Investigaciones.
Se armó una especie de "carnada", con unos pocos dólares y papel de diario recortado al tamaño de los billetes. Y, por supuesto, se mantuvo absoluta reserva para el caso. Tanto que el comisario citó para el operativo a los agentes que estaban de franco, con el fin de evitar movimientos fuera de lo habitual en la comisaría; sobre todo pensando en que alguien podía estar vigilando. Unas tres horas antes de la "entrega", el comisario y dos policías se escondieron entre los arbustos cercanos a la escalera de la playa. Allí esperaron. También había una docena de efectivos en los alrededores.
Pese a que el operativo fue muy estudiado, y que se cubrieron todos los frentes posibles, había mucha tensión en el ambiente. Sobre todo porque la Policía no sabía a quién se enfrentaba: si se trataba de una persona sola, si estaba armada, o si estaba dispuesta a todo; incluso si había advertido el arribo de los policías.
Siguiendo al pie de la letra el plan, el padre de las chicas fue hasta la playa y depositó el dinero (y los diarios) en el último escalón de la escalera. A las 21.10 un joven llegó a la playa. Bajó por un camino paralelo a la escalera. Con calma levantó el paquete. La Policía lo dejó caminar unos metros y después lo interceptó.
Sin que nadie le dijera aún por qué lo detenían, el muchacho comenzó a decir que lo habían obligado, que quería hablar con su vecino para explicarle. Después, ya en la comisaría, negó cualquier implicancia con el hecho. Explicó que había bajado a la playa a cortar ramas de los arbustos para prender la estufa de la casa.
LA LETRA "K". Un detalle de la nota fue revelador para el caso. El joven había sustituido la letra "q" por la "k". En un allanamiento que se hizo en su casa, apareció su teléfono celular, donde los mensajes de texto que había enviado tenían el mismo "trueque" de letras.
Precisamente por haber robado un teléfono celular tenía un antecedente penal.
El joven vive en Atlántida con su madre y su abuela y no tenía trabajo. Fue procesado con prisión por "extorsión".
Ke escribió en la Carta
El joven tiene 26 años. Escribió toda la nota con letras mayúsculas y usó una regla para que quedaran rectas. También usó la "k" en lugar de la "q", y tuvo otras faltas de ortografía. No la firmó. Lo que sigue es la transcripción de la misma, tal como fue escrita por el muchacho: "Esto es bien facil. Si keres que no les pase nada a Paula o Fernanda presta mucha atencion. Kiero 5.000 dolares el viernes 10 a las 21:00. Deja la plata y andate. En el ultimo escalon que da a la arena de la bajada de tu casa a la playa. Si la plata no llega a estar o le decis a la Policia o alguna otra persona me voy a enterar enseguida y voy a matar a una de tus hijas entendistes. La mato. Depende de vos. No me subestimes. No hablo dos veces".