LIMA AFP, AP Y EFE
Los muertos por el terremoto en Perú rondan los 500; los dam-nificados, los 90 mil. Solamente un tercio de los edificios de Pisco quedó en pie. Ica y Chincha también están en ruinas. La ayuda demora en llegar, para desesperación de los afectados.
Los socorristas prosiguieron ayer la búsqueda de sobrevivientes tras el terremoto de 7,9 grados de la escala de Richter que asoló a Perú el miércoles. Es una carrera contra el tiempo, agudizada por la imagen de los cadáveres acumulándose en las calles. Mientras, el hambre, la sed y el desamparo provocan saqueos y amenazas de motines en las poblaciones más devastadas.
Desesperados por la escasez y las demoras en la ayuda, los pobladores de Pisco, Chincha e Ica -las localidades más afectadas por el terremoto- comienzan a perder la paciencia y a reclamar cada vez en un tono más hostil.
Entretanto, el gobierno luce impotente para afrontar la emergencia debido a los cortes de carreteras y a su propia des-organización.
La escasez de agua, sobre todo, agravó el drama de los miles de damnificados de estas localidades, que en su mayoría durmieron por segundo día al aire libre cerca de los escombros de sus viviendas, y aterrados ante la posibilidad de nuevos movimientos sísmicos. Para peor, Pisco y las poblaciones vecinas sufrieron ayer otro terremoto de 5,5 grados, una de las más de 300 réplicas que han ocurrido desde el miércoles y que -según el Instituto Geo- físico del Perú- pueden prolongarse por tres semanas, aumentando el pánico y la desesperación.
La pregunta que los habitantes hacen con mayor frecuencia a las autoridades es por qué la ayuda no llega. El presidente peruano Alan García, quien desde el jueves se encuentra en la costera Pisco, se vio precisado a explicar que el puente aéreo organizado le ha dado prioridad al traslado de enfermos graves sobre los víveres.
"Nadie se va a morir de hambre, eso lo puedo garantizar", dijo el mandatario, que cifró en 497 el número provisional de muertos, pero reconociendo que "posiblemente pasen de 500". Defensa Civil, por su parte, estimó en 90 mil la cantidad de damnificados y en 17 mil las viviendas destruidas.
García añadió que espera que en "10 días`` la situación tienda a normalizarse pero el plan de rehabilitación durará "algunos meses``.
El presidente llamó a no caer en la desesperación, pero la ayuda humanitaria llega en cuentagotas y parece insuficiente. Todo eso conlleva a presagiar un escenario futuro peor, al que se agregan las advertencias de la Cruz Roja sobre posibles epidemias.
Saqueos. Centenares de desesperados sobrevivientes arrinconaron ayer a policías de Pisco para arrebatarles botellas con agua y alimentos, mientras otros derribaron la entrada a un supermercado para saquearlo, según mostraron imágenes de la televisión peruana.
"Queremos agua, queremos comida, no tenemos nada!``, gritó una furibunda mujer que pese a los golpes que le propinó la policía trataba de alcanzar una caja de alimentos, según las imágenes de la televisión.
En otro lugar de la ciudad, decenas de personas derribaron los vidrios de un pequeño supermercado y sacaron varios productos, como lo enseñó la prensa local. También en Pisco, pero en las afueras, los saqueadores arrasaron con un colegio para chicos discapacitados.
En el cementerio, por falta de espacio en los nichos tradicionales, se improvisaron tumbas en la tierra, que debieron cavar los propios familiares. Con carpas también se debieron improvisar desde casas hasta salas de hospital.
"Hemos dormido con un ojo abierto, no sólo por los temblores sino también por los robos que se producen", dijo por su parte Adelaida Aquije, una madre de Ica que refleja la situación de una gran parte de los damnificados. A lo lejos, como confirmación, se escuchaban disparos de armas de fuego; difícil inicio de la tercera noche a la intemperie.
Rescate bajo los escombros
El hallazgo de sobrevivientes bajo los escombros redobla las esperanzas de los familiares de las personas desaparecidas. El párroco de la iglesia de San Clemente en Pisco, José Torres Mota, fue rescatado ayer con vida, dos días después del terremoto.
"Me acerqué a la pared, que era de cemento, y debajo de la cúpula, que era lo más fuerte del edificio. Así me salvé. Vino aquel ruido y supe que era un terremoto pero me dio tiempo de pedirle a la gente que mantuviera la calma. Luego ya no vi más porque se fue la luz", dijo a la prensa, en silla de ruedas
El sacerdote, que oficiaba una misa cuando fue sorprendido por el terremoto, pidió ayer un incremento de la ayuda internacional -a la que ya se comprometieron varios países y organizaciones internacionales- para los habitantes de la zona que, dijo, "tanto han sufrido por este desastre".
puente. El puente aéreo establecido por las Fuerzas Armadas peruanas entre los aeropuertos de Lima y Pisco permitió a la Defensa Civil empezar ayer el reparto de ayuda humanitaria. Así se han trasladado 400 toneladas de agua, víveres y medicamentos.
La operativa tiene sus dificultades. Un helicóptero de la Marina tuvo un accidente al intentar aterrizar en Ica con ayuda para la población. Sus siete ocupantes recibieron heridas leves. efe y afp