Un "regalo" iraní puso fin a crisis con Londres

Gesto. Ahmadinejad dijo que perdonó a los 15 británicos como presente de Pascuas

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The Economist, Agencias

En 1979, el mundo quedó consternado con la escena de 52 diplomáticos de Estados Unidos secuestrados por estudiantes en la Embajada en Teherán. Veintiocho años después volvieron a repetir el método.

Esta vez se trató de 12 días de humillación pública de 15 marineros británicos capturados por los Guardianes Revolucionarios en el golfo Pérsico.

Ayer, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, anunció la liberación de los detenidos "como un regalo de Pascuas al pueblo británico". La televisión iraní anunció que los 14 hombres y una mujer partirían hoy rumbo a Gran Bretaña.

"Me alegro de que nuestros 15 efectivos hayan sido liberados, y sé que su liberación será un alivio no sólo para ellos, sino también para sus familias``, dijo el primer ministro británico, Tony Blair.

Día tras días, la televisión en Irán, transmitió el espectáculo -mitad farsa, mitad amenaza- de británicos confesando haber ingresado en aguas territoriales de Irán, disculpándose por su comportamiento y elogiando la bondad de las autoridades iraníes. El 1° de abril, una multitud lanzó piedras y fuegos artificiales a la Embajada británica exigiendo que los efectivos fueran juzgados como "espías".

La indignación de Londres y su decisión de buscar el apoyo de la ONU y la Unión Europea, alentó a los iraníes y enfatizó la debilidad de Gran Bretaña y Occidente. Entonces, de repente esta semana Teherán decidió que ya había molestado lo suficiente a Gran Bretaña, quizás porque quería evitar un oprobio internacional mayor o porque ya había sacado suficiente propaganda del asunto.

El 2 de abril, el secretario del Consejo Nacional Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, contactó a un canal británico, para decir que debería haber una solución diplomática bilateral. El gobierno británico dijo querer lo mismo. Un diplomático iraní secuestrado en Irak hace dos meses, fue puesto en libertad tan misteriosamente como había desaparecido e Irak avisó que buscaba asegurar la liberación de cinco funcionarios iraníes arrestados por fuerzas estadounidenses en enero.

El presidente Ahmadinejad se reservó el gran final. Reprendió a Gran Bretaña por intrigar en Persia desde el siglo pasado; después colocó una escarapela en el pecho del marinero que lideró la "valiente" captura de los británicos y anunció que, como un presente a Gran Bretaña, perdonaría a los efectivos y los liberaría inmediatamente.

El incidente, según analistas, revela la volátil mezcla de confianza y paranoia que flota en Teherán por estos días. Irán sabe que es uno de los principales beneficiarios de la invasión estadounidense a Irak y Afganistán, y de la política de la guerra de Israel, el año pasado, contra Hezbollah, su cliente en el Líbano. Al mismo tiempo encara una creciente presión internacional y aislamiento. Dos veces en 90 días, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos le impuso unánimemente sanciones económicas por su negativa a detener su programa de enriquecimiento de uranio que algunos creen que no está destinado a darle combustible a reactores civiles, como dice Irán, sino a bombas atómicas.

Irán está aún dividido entre una sensación de la antigua nación Persa y la universalidad del islamismo radical, entre el resentimiento por el subyugamiento colonial y su ambición por una hegemonía regional. Desde el trauma por la toma de la Embajada británica en 1979, Estados Unidos intenta apretar política, militar y económicamente a Irán con la esperanza de que caiga el régimen. Fue en vano. Los europeos han preferido una política de "compromiso" esperando alentar la moderación en Irán; por años intentaron apoyar a los "reformistas" contra los "conservadores", pero también fallaron.

Los reformistas fueron desacreditados y dejados de lado como sirvientes de Occidente y, con la elección de Ahmadinejad en 2005, las opciones son ahora entre diferentes clases de "línea dura": pragmáticos que quieren evitar la confrontación y los neorrevolucionarios que parecen preferirla. La liberación de los británicos parece deberse más a las negociaciones entre esos dos grupos que a un acuerdo entre las cancillerías británicas e iraníes.

Estados Unidos ha tenido una política de "doble contención" de Irán e Irak y falló. En Europa, hay una aceptación de que, tarde o temprano, el mundo tendrá que lidiar con una Irán con armas nucleares. En la Casa Blanca, sin embargo, ven esa perspectiva como algo más horrendo que las consecuencias de atacar Irán, que incluirían mayor inestabilidad en Irak y en otras partes, más terrorismo y un corte del petróleo desde el golfo Pérsico. Además, no hay certezas de cuánto pueden detener los ataques militares un programa nuclear.

Protagonistas de la crisis

Tony Blair | Primer Ministro británico

Ayer se manifestó "contento" por la liberación de los 15 prisioneros británicos. Días atrás, había calificado de "grave" la situación y amenazado a Irán de entrar en una "nueva fase" si no eran liberados.

Mahmoud Ahmadinejad | Presidente iraní

El ultraconservador dirigente anunció la liberación como "un regalo al pueblo" de Gran Bretaña. A lo largo de la crisis, el usualmente expresivo líder, famoso por su encendida retórica, había estado silencioso.

Faye Turney | Militar británica

La única mujer de los 15 militares capturados y la primera cuya "confesión" fue conocida. En una carta dirigida al parlamento británico, dijo que "es hora" que su país piense en abandonar Irak.

¿No hubo ningún acuerdo?

El embajador de Gran Bretaña ante la ONU, Emyr Jones Parry, precisó ayer que no hubo negociaciones para zanjar la crisis. En su lugar, dijo que lo que existieron fueron "discusiones a nivel de embajadores".

Durante la crisis hubo "mucho apoyo de Estados Unidos y de la ONU", en especial del secretario general, Ban Ki-moon, quien hizo un firme llamado para la puesta el libertad de los militares y se entrevistó con el canciller iraní, Manouchehr Mottaki.

Sin embargo, el momento del anuncio de la liberación de los británicos provoca suspicacias: éste se produce un día después que el ejército iraquí dejó en libertad al diplomático iraní Yalal Sharafi, capturado el 4 de febrero pasado en Bagdad. Asimismo, coincide con la decisión dada a conocer ayer en Washington de permitir la visita de representantes iraníes a los cinco funcionarios de Teherán detenidos desde enero pasado en Irak por Estados Unidos.

Londres asegura que los marinos se hallaban en aguas iraquíes. Sin embargo, Teherán presentó la documentación que demostraba que los soldados británicos se encontraban en aguas jurisdiccionales de su país.

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