Trucos de magia en la vieja Europa

Jorge Abbondanza

Edward Norton es un estupendo actor de cine, dotado de la ligera afectación que el teatro suele imponer a sus personalidades. Aquí tiene un papel a su medida, el de un mago profesional que ha subido desde humildes orígenes hasta la fama internacional, consagrándose en una sala de la Viena imperial de 1890 con todas las opulencias del caso.

Los trucos del hombre son asombrosos, pero esta historia no deja de señalar que su maestría puede tener un sesgo sobrenatural. El final (que no corresponde revelar por adelantado) podrá confirmar o desmentir esas cualidades con algún descubrimiento inesperado.

Por el camino, Norton se vinculará con la prometida del heredero del trono austro-húngaro y llegará a desafiar a la gente encumbrada, lo cual puede provocar problemas mayores, agregando abundante intriga, intervención policial y una gran vuelta de tuerca. Filmado en Praga, el relato enhebra su ficción con algún dato real sobre príncipes malditos y pabellones de caza.

Se ubica así a medio camino entre el folletín histórico y el dramón centroeuropeo sombreado por fantasmas, sin perder nunca los refinamientos de enfoque, la bella fotografía que entona sus imágenes como viejas estampas y el aire muy entretenido para explorar varios hechizos, que tendrán por último una utilidad justiciera y romántica.

El ilusionista

Ficha: EEUU/República Checa. 2004. Título original: The Ilusionist. Dirección: Neil Burger.

Intérpretes: Edward Norton, Paul Giamatti, Jessica Biel, Rufus Sewell, Eddie Marsan, Jake Wood, Tom Fischer. Producción: Brian Koppelman, David Levien, Michael London, Cathy Schulman. Música: Philip Glass.

Atención a...

La capacidad del director para construir climas sugerentes, entre lo espiritual y lo surreal, que envuelven al espectador y lo transporta a otra época.

El aplomo de un elenco que capta y comunica el carácter épico, misterioso y romántico por el que transita esta refinada fábula.

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