EL PAÍS DE MADRID, THE ECONOMIST
"Toda guerra está basada en el engaño", escribió Sun Tzu, un estratega militar chino que vivió hace 2.500 años y aún es influyente en China. Ayer el gobierno chino reconoció que lanzó un misil balístico para destruir un viejo satélite meteorológico.
La noticia causó, ciertamente, sorpresa y confusión. ¿Por qué un país tan insistente en que su crecimiento no es una amenaza para nadie, hace un despliegue tan abierto de su habilidad para desafiar el poder de Estados Unidos en el espacio?
Tras 12 de días de mutismo, y en medio de una fuerte presión internacional, un vocero de la cancillería china admitió por fin ayer públicamente que el satélite, que orbitaba a unos 850 kilómetros de la Tierra, fue alcanzado por un misil balístico de mediano alcance. Fue el primer experimento de su clase hecho por país alguno en más de 20 años (aunque ha habido rumores vagos de otras pruebas). Estados Unidos y la ex Unión Soviética son los únicos países que han probado armas antisatélites.
Sólo dos días después del aparentemente exitoso test, el primer ministro chino, Wen Jiabao llegó a la ciudad filipina de Cebu para una cumbre regional. Allí les dijo a sus colegas que ayuden a crear una "Asia Oriental armoniosa". La prueba ha creado una inquietud generalizada. Algunos de los interlocutores de Wen en Cebu, incluyendo Australia, Japón y Corea del Sur, se unieron al coro de críticas de Occidente.
Los estadounidenses, con su fuerte dependencia en los satélites militares y su compromiso de ayudar a que Taiwán se defienda de cualquier ataque chino, son los que más tienen para preocuparse. China nunca admitió tener un programa de armas antisatélites. Pero des- de 1990, expertos occidentales creen que China se ha empezado a alarmar por la ventaja que goza Estados Unidos gracias a sus satélites. China también está preocupada de que su estratégico arsenal nuclear pueda terminar siendo obsoleto por los esfuerzos estadounidenses de crear un sistema de defensa de misiles que incluye componentes ubicados en el espacio.
Estados Unidos hace mucho sospecha que China desarrolla tecnología antisatélite. En septiembre, algunos informes re-velaron que China ha estado apuntado rayos laser de alto poder contra satélites espías que pasan por su territorio. Su objetivo sería probar su habilidad para enceguecerlo. En mayo, un informe del Pentágono anotó el "rápido y relativamente tranquilo crecimiento como una emergente potencia espacial" con planes de tener su propia estación espacial pa-ra 2020. La intención de China parece ser mostrar que la supremacía estadounidense en el espacio no es inexpugnable.
También tiene un objetivo más inmediato. En 2002, China y Rusia propusieron un tratado prohibiendo el desarrollo de armas en el espacio o ataques contra objetos en el espacio. La preocupación de China es que el sistema de defensa de misiles estadounidense podría llevar a un aumento del uso del espacio y alentar una carrera armamentista. Los estadounidenses se han negado a negociar, diciendo que ese tratado no se puede firmar y sólo daría ventaja a países (léase, China) que están intentando esconder sus esfuerzos por desarrollar armas para usar en el espacio.
Al destruir uno de sus propios satélites metereológicos, China podría estar forzando a Estados Unidos a sumarse a la mesa de negociación. De ser así es una estrategia riesgosa. La prueba puede reforzar la percepción en Estados Unidos de que China es una amenaza emergente y Japón y Taiwán también podrían inquietarse. El 22 de enero -en un aparente intento por reforzar el oprobio internacional hacia su rival- aseguró que China ha desarrollado al menos 900 misiles en sus costas enfilados hacia la isla. En agosto había dicho que eran 820.
La prueba no va a ayudar a una mayor cooperación entre los programas espaciales civiles chinos y estadounidenses. En septiembre, en un signo de una tentativa de mejora entre ambos bandos, Michael Griffin de la Nasa hizo el primer viaje a China de un jerarca de la oficina espacial del gobierno. Pero China no hará buenas migas con la NASA esparciendo fragmentos de una explosión que puedan amenazar otras naves.
"Si tu oponente tiene un carácter colérico, busca irritarlo", dice Sun Tzu. China tuvo mucho éxito en hacer, precisamente, eso.
Otra potencia mira hacia el espacio
De acuerdo a un informe del Congreso de Estados Unidos, China lanza satélites al espacio desde 1970. La mayoría de los lanzamientos son para satélites de comunicaciones, meteorológicos, de navegación o científicos.
En octubre de 2003, China puso su primer astronauta (o taikonauta, según la terminología china), Yang Liwei, en el espacio. En octubre de 2005, lanzó su segundo vuelo tripulado (esta vez con dos taikonautas), el Shnezhou 6.
China tiene tres plataformas de lanzamiento: Jiuquan (también conocida como Shuang Cheng Tzu) inaugurada en 1984 en el desierto de Gobi; Xichang en el sureste chino (cerca de Chengdu) y Taiyuan (al sur de Beijing).
Funcionarios chinos han hablado de un plan de tres pasos para los vuelos tripulados: mandar humanos a la órbita terrestre, unir naves espaciales para formar un pequeño laboratorio y construir una estación espacial.
Los programas espaciales chinos son controlados por la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial China (CASC), que también desarrolla misiles estratégicos y tácticos ademas de naves espaciales.
Las cifras
20 - misiles nucleares chinos podrían alcanzar territorio estadounidense según estimaciones del Pentágono.
900 - misiles chinos estarían apuntando hacia Taiwán de acuerdo con las fuentes oficiales de la isla.
La guerra de las galaxias
A la iniciativa de Defensa Estratégica se la conoció más comúnmente como Guerra de las Galaxias, y era el plan propuesto por el presidente Ronald Reagan el 23 de marzo de 1983 ante el Congreso. Reagan proponía utilizar un sistema de bases espaciales para proteger a Estados Unidos de un ataque de misiles nucleares. Al menos públicamente nunca llegó a concretarse, aunque se mantuvo pendiente hasta el gobierno de Clinton. En el proyecto original de Reagan estaba incluida hacer una malla protectora de rayos láser provocada por explosiones nucleares. El plan infringía varios tratados internacionales además del escepticismo de muchos científicos de renombre.