El martes 23, a la hora 10 de Holanda (7 de Uruguay) la Corte Internacional de Justicia se pronunciará sobre el pedido de medidas cautelares interpuesto por Uruguay. En dicho pedido, largamente argumentado y contra argumentado en las audiencias del 18 y el 19 de diciembre pasados, Uruguay pedía que se adoptaran medidas provisionales para obligar al gobierno argentino a hacer cesar el bloqueo y no adoptar ninguna medida que agravara el conflicto mientras la Corte evalúa el tema de fondo. El tema de fondo es la supuesta violación del Tratado del Río Uruguay que, en su demanda del 4 de mayo, Argentina sostiene ha incurrido Uruguay al autorizar la construcción de dos plantas de celulosa.
Precisamente, el argumento central de Argentina al rebatir la posición uruguaya en las audiencias de diciembre fue que el bloqueo no se vincula con el tema de fondo. Por esta razón la delegación argentina sostiene que la Corte no tiene competencia para dirimir en el reclamo formulado por Uruguay.
En su línea argumentativa, Uruguay intentó demostrar cómo, en el discurso y en los hechos, el bloqueo ha servido a Argentina como mecanismo de presión durante la evolución del conflicto. Para ello documentó las coincidencias entre el discurso oficial del gobierno argentino y las medidas de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú.
Luego de evaluar estos argumentos, el cuerpo de jueces presidido por la británica Rosalyn Higgins deberá llegar a un dictamen. Básicamente la Corte tiene tres alternativas en esta instancia. Acogiendo el punto de vista de Argentina, la Corte puede resolver que no tiene competencia en la materia y desestimar el pedido uruguayo. En segundo término, recogiendo la solicitud uruguaya, puede recordar la cláusula 82 de su ordenanza del 13 de julio, en la que pedía a los dos países en litigio no promover acciones que agravaran el conflicto, y hacer lugar a medidas cautelares o provisionales que impongan a Argentina la obligación de impedir el bloqueo. Finalmente, la Corte puede dictar una medida diferente, que no contemple exactamente las posiciones de ambos países, aunque ello implicaría aceptar su competencia en la materia.