FABIÁN MURO
Todavía no salió a la venta, pero en las vastedades virtuales de Internet ya anda de acá para allá, para el deleite de los admiradores del cada vez más escurridizo Damon Albarn: The Good, The Bad & The Queen.
Se trata del más reciente proyecto del ex-cantante y front-man de Blur, un grupo metido a la fuerza en la bolsa del brit-pop pero que a la distancia se antoja como bastante más amplio y ecléctico que el resto de las bandas de esa corriente.
Aunque ese grupo no fue certificado como muerto oficialmente, luego de la partida del guitarrista Graham Coxon y el fallido disco Think Tank, muchos pensaron que Albarn se dedicaría por completo a Gorillaz, la banda de dibujos animados que comanda junto al dibujante Jamie Hewlett. Y todo parecía indicar que efectivamente Gorillaz sería el proyecto prioritario para Albarn, que editó dos discos de material original y varios de remixes.
Pero a fines del año pasado, el cantante anunció que su próximo disco no sería de Gorillaz sino éste, que fusiona en el nombre a los spaghetti-western y a la monarquía británica. Otra sorpresa fue la integración de The Good, The Bad & The Queen: junto a Albarn sería de la partida el ex-bajista de los Clash, Paul Simonon, el baterista Tony Allen (un nombre muy importante entre los entendidos de la percusión) y otro músico que formó parte de la explosión brit pop en la década pasada, Simon Tong, guitarrista de The Verve.
Como productor artístico, Danger Mouse, el alias de Brian Burton y una de las revelaciones del año pasado como la mitad de Gnarls Barkley que editó el explosivo St. Elsewhere (Danger Mouse también fue el productor de Demon days, excelente segundo disco de Gorillaz).
Sin embargo, la sorpresa más grande es la música en sí. Las canciones no se parecen ni a las de Blur ni a las de Gorillaz, por más que la voz de Albarn, única en el pop, siga siendo protagonista. El repertorio es sorprendemente recatado, las canciones están realizadas con mesura y, casi, bajo perfil. Hasta cuesta creer que éste sea un trabajo producido por alguien que estuvo tras las perillas de algo tan exuberante y llamativo como St. Elsewhere.
Pero ahí están, esas extrañas y casi camufladas incursiones en el dub más fumón (Behind the sun), en el pop de bajo presupuesto (Northern whale) y en el revisionismo del doo-wop (80`s life). Y no se puede sino quedar gratamente perplejo ante la inquietud musical de Albarn y los que lo acompañan. Aunque desparejo -algún que otro tema parece de relleno- el álbum crece y reafirma a Albarn como uno de los curiosos más talentosos del pop inglés.