Gustavo Penadés
Como todos los años, los uruguayos, al igual que millones de personas en el mundo, nos reunimos en las fiestas de Navidad y Año Nuevo con nuestras familias y seres queridos. Juntos expresamos nuestros votos de felicidad y prosperidad para el nuevo año. Es que la familia fue y siempre será el refugio del hombre. El hogar, el "home", el "sagrado inviolable" de nuestra Constitución es donde la gran mayoría de los hombres y mujeres encuentran la protección de los afectos y se resguardan de la dureza y sinsabores que la vida les dispensa.
Si bien la sociedad es dinámica y la formas que han tomado las familias en los últimos años se han apartado en alguna medida de los esquemas tradicionales, es sustantivo reivindicar el núcleo familiar como la unidad socializadora, moral y educativa, que debe ser apoyada y ayudada por el Estado para alcanzar sus fines naturales.
Desde las jefas y jefes de familia que en soledad luchan a diario por sacar adelante a sus hijos; hasta los matrimonios o uniones en dificultades que, pese a los problemas, intentan brindarle oportunidades a sus hijos y a sus viejos, en estos tiempos muchas veces piedra angular de la unidad familiar. Todos necesitan contar con un Estado eficiente y proactivo que los auxilie y apoye para alcanzar sus objetivos de educación, salud, vivienda y trabajo.
Lo que las familias uruguayas requieren -las de estructura tradicional y las que asumen otras formas-, sobre todo las de menores recursos, son medidas que le permitan a quienes deben trabajar, hacerlo, en un país pujante, donde los ingresos crezcan, al menos de manera paulatina, con la tranquilidad de que sus hijos están siendo educados y protegidos en las escuelas y liceos, donde además alcancen una formación que les permita integrarse en un mundo cambiante y globalizado. No alcanza con leer y escribir. El mundo hoy exige idiomas y habilidades que deben estar siempre actualizadas para que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades.
Otra labor del Estado es proveerle una familia a todos aquellos niños y niñas que no la tienen y que crecen institucionalizados, a veces innecesariamente, por no dar un empuje final al sistema de adopciones que parece no estar pensado para los menores sino para los padres biológicos. Debemos hacer un reconocimiento a todos los funcionarios que tratan a estos niños con amor y alegría a veces hasta gastando recursos propios en su labor, pero no debemos olvidar que el ideal es el acceder a una familia. Un sistema de adopciones responsable, pero ágil es la clave para mejorar la calidad de vida de cientos de niños que desean ser hijos y parejas que desean ser padres y por diferentes razones no lo consiguen
Hay mucho para hacer en el terreno social. Ayudar a las familias no es solamente pagar un ingreso ciudadano o una asignación familiar mínima. Ayudar a la familia es ayudar a sus miembros a cumplir sus roles, a los padres a trabajar dignamente, a los hijos a estudiar y lograr la satisfacción de todas las necesidades, no sólo las materiales, sino intelectuales e espirituales. Ayudar a la familia es ayudar a construir nuevas familias.
Colaborar durante el 2007 a fortalecer a la familia debe ser uno de los objetivos de nuestra sociedad; y no dudamos que ese objetivo es más importante y más trascendente que la reforma tributaria, la del Estado o la que se quiera. Porque con hombres, mujeres y niños sin afecto ni esperanza no hay futuro posible.