El presidente Tabaré Vázquez cortará hoy la cinta que dejará formalmente inaugurada la primera filial latinoamericana del Instituto Pasteur. El centro tuvo una inversión de US$ 8 millones, y funcionará con un plantel de cien investigadores.
Es uno de los proyectos más ambiciosos en los que se ha embarcado el país. Se esperan muchas cosas del Instituto Pasteur de Montevideo (IPM). No sólo que potencie la inversión en ciencia y tecnología en Uruguay, sino también que la industria y la producción se beneficien con sus investigaciones. El centro está ubicado a pocos metros de la Facultad de Ciencias.
Las autoridades esperan que en el enorme predio de más de 30 mil metros cuadrados donde están insertos ambos edificios, se instalen "incubadoras" de empresas biomédicas, y que se genere allí el primer parque biotecnológico del Mercosur.
La idea para el desembarco del prestigioso centro francés en Montevideo fue esbozada hace más de diez años por un grupo de destacados científicos uruguayos. Entre ellos estaban Guillermo Dighiero (que llegó a dirigir la Unidad de Inmunopatología del Instituto Pasteur de París) y Ricardo Ehrlich (ex-decano de la Facultad de Ciencias).
ORIGEN. Sin embargo, no sería hasta 2001 que surgiría un primer impulso. En ese año, el presidente Jorge Batlle recibió a una delegación francesa, y se firmó un convenio de cooperación entre varios centros académicos del Mercosur y el Pasteur. Pero la fórmula de financiamiento llegaría tres años después. El propio Batlle le envió una carta al presidente francés Jacques Chirac, a través de la cual le sugirió una propuesta de reconversión de la deuda que Uruguay mantenía con el país europeo. Los desembolsos uruguayos en vez de ir hacia el tesoro francés pasarían a destinarse a la construcción del edificio. Chirac aceptó la propuesta de Batlle.
La construcción de la planta, que cuenta con 3.500 metros cuadrados edificados, fue sumamente rápida. La piedra fundamental fue colocada en diciembre de 2004, y un año después las instalaciones estuvieron listas. Si bien los investigadores y la dirección se mudaron al edificio en julio de este año, la inauguración formal será hoy.
Prácticamente la mitad de la inversión de US$ 8 millones se destinó a equipamientos y el resto a la planta física. De acuerdo al director ejecutivo del centro, Guillermo Dighiero, existen escasos ejemplos a nivel latinoamericano de una concentración tecnológica de esta importancia. Algunos de los equipamientos adquiridos como un difractómetro de rayos x (equipo que permite estudiar la estructura tridimensional de las proteínas)) o el citómetro de flujo (un separador de células) son prácticamente únicos en la región.
Una de las áreas a las que el centro internacional apunta es al desarrollo de nuevos medicamentos en base a las nuevas tecnologías moleculares, incluso con la posibilidad de lograr innovaciones que puedan significar la obtención de patentes para el país y la región. "Ha habido un cambio radical en la industria farmacéutica. En general, los medicamentos se obtenían de plantas y extractos de vegetales. Hoy se prevé que la mayoría de los medicamentos del futuro van a ser moléculas recombinantes, que van a ser hechas a través del genoma humano", explicó Dighiero.
Para trabajar en este sentido, el IPM ya mantuvo contactos con las 70 empresas de la industria farmacéutica apostadas en el país, y realizó un llamado a expresiones de interés.
El centro tiene la posibilidad de firmar tres tipos de convenios. Las empresas farmacéuticas podrán contratar las ocho plataformas tecnológicas del instituto. La segunda modalidad es requerir el asesoramiento especializado de los técnicos del Pasteur. Por último, las empresas podrán realizar proyectos de manera conjunta con el IPM, ya sea con investigadores propios o con los del centro.
Los responsables del Pasteur creen que el centro tendrá la posibilidad de incorporar procesos biotecnológicos en la biomedicina, el agro, la alimentación y otros sectores productivos. De hecho uno de los primeros convenios que se firmarán hoy será con el Ministerio de Ganadería, para el desarrollo de una técnica de diagnóstico de la leucemia bovina, una enfermedad de alta incidencia en el ganado uruguayo.
Otras dos importantes líneas de investigación serán la oncología molecular (a través de un convenio con el Programa Nacional del Cáncer y la Facultad de Medicina) y las enfermedades degenerativas. La conformación de equipos de jóvenes investigadores de la región (mediante proyectos de cinco años) y la formación de posgraduados son otros de los objetivos.
RECURSOS. La propia ley de creación del centro, definido como una institución sin fines de lucro, compromete al Estado uruguayo a destinar una partida de US$ 650 mil anuales para financiar el funcionamiento.
"Eso algo que se va a ver con la evolución (del proyecto), porque puede ser una suma baja", admitió Dighiero. Sin embargo, el centro apuesta a obtener gran parte de sus recursos a través de la obtención de fondos para la financiación de los proyectos de investigación, la venta de servicios y los recursos que generen los emprendimientos biotecnológicos.
El director dijo que ya existen solicitudes de empresas que quieren utilizar las plataformas tecnológicas. Pero Dighiero incluso confía en que el IPM pueda ser un "imán" para atraer inversores. "El Instituto tiene que insertarse en el país productivo. Creemos que podemos ayudar a la industria a desarrollar proyectos", apuntó.
Aparatos de US$ 500.000
Difractómetro de RX
El equipo permite estudiar por difracción de rayos X la estructura tridimensional de las proteínas y de otros complejos macromoleculares. En la región, esta tecnología, en otra versión no tan moderna, está sólo disponible en San Pablo (Brasil). Es esencial para la investigación y desarrollo de medicamentos de última generación.
Citómetro de flujo
Es un aparato de alta tecnología que permite separar células. Es una tecnología de gran aplicación en la investigación con células madre. A través de un marcador fluorescente, es posible separar ese tipo de células, investigadas en el mundo por su potencial para la cura de diversas enfermedades. Cuesta US$ 500 mil.