FABIÁN MURO
Un incesante fluir de gente se arremolinaba en torno al Parque Central a la hora de la caída del sol. Las calles cercanas estaban cortadas y las colas de gente eran mucho más extensas que cuando Nacional juega un partido importante. La ansiedad por ver a Joaquín Sabina había estallado en sus seguidores, especialmente después del retraso de un día en su presentación.
Adentro, una alfombra de plástico cubría el césped de la cancha y para las nueve y media gran parte de las 20 mil personas ya habían entrado, deseosa por el primer recital del español en Montevideo en seis años. Para entrar en calor subió al escenario Carlos Darakjián. Tras cuatro canciones que mostraron un buen desempeño del músico y entonaron a la audiencia, se retiró del escenario.
Mientras las jovencitas encargadas de ubicar a los que tenían asiento lucían distintos grados de estrés en sus rostros, el escenario esperaba por Sabina y su banda, apagado y vacío de gente. Jóvenes, viejos, hombres y mujeres: las canciones de Sabina en Uruguay conocen de pocas barreras de género y edad.
Cerca de las diez se apagaron las luces del estadio y una versión instrumental de Y nos dieron las diez, sonó a todo volumen. Los integrantes de la banda del español ocuparon sus lugares y tras ella salió la estrella. Los gritos de la multitud saludaron al español que no tardó en comenzar su concierto, como parte principal de una puesta en escena sencilla pero eficaz.
La expectativa por ver a Sabina luego de seis años generó algunas protestas por parte de la gente que estaba más atrás, que pedían que los que se habían parado en las sillas se sentaran. Por fortuna, la mayor parte del público fue lo suficientemente considerado como para tener en cuenta el pedido.
Hotel, dulce hotel fue la primera canción y con ella el grupo sonó potente pero con pocos matices en los primeros momentos. En ese marco sonoro la voz de Sabina era protagonista absoluta. Vestido de traje gris, con bastón y sombrero, el español empezó a construir el vínculo con la audiencia con su histrionismo y sus versos de personajes de todo pelaje. Perdedores y enojados, reflexivos, enamorados y despechados, los protagonistas de sus temas desfilaban. Atrás de él y los músicos una gigante pantalla proyectaba collages de todo tipo y color.
Ya por el segundo tema todo empezó a sonar mejor y comenzaron a brillar los aportes de la guitarra eléctrica, que tocó distorsionados solos durante buena parte del show. Este sería un recital teñido por las sonoridades del rock y su cuota de crudeza y energía.
"Buenas noches Montevideo. No se me ocurre dónde estar una nochecita como esta mejor que acá", fueron las primeras palabras de la estrella para el público.
Inmediatamente después hizo alusión a algunas afirmaciones publicadas ayer en la prensa local. "He leído en un periódico, al llegar a esta hermosa ciudad, que alguien se quejaba, y con razón, que aún no le había compuesto una canción a Montevideo. Todavía. ¡Pero cómo gasto papeles recordándola!", exclamó para luego arrojar una de las sorpresas de la noche. Ante un público entusiasmado, el español pidió permiso y leyó un poema especialmente compuesto para Uruguay, en el que repasaba en rima y con mucho humor los más significativos apellidos de la cultura uruguaya y donde tampoco faltó la mención al conflicto entre argentinos y uruguayos por las papeleras.
Con estas palabras y muestras de una encantadora simpatía, el cantautor de Úbeda dejó sellado el romance con su público uruguayo, sabiendo que aún faltarían muchas canciones para cantar en comunión.
Las mejores páginas de su largo cancionero, Por el bulevar de los sueños rotos, 19 días y 500 noches y muchos otros, estaban por venir. El público lo sabía y Sabina también, la complicidad entre ambos ya se había establecido y solo quedaba entregarse a la celebración.
Compañeros de escena
El grupo que acompañó a Sabina para este concierto se desempeñó con total seguridad y entrega en su trabajo. Junto a ellos venía Gerende Quiroga, una cantante que hasta ahora solo tenía tres shows como experiencia al lado del español. Vestida con un saco largo, hizo un muy buen papel como voz de apoyo a las gastadas cuerdas vocales del cantante. "Nos cayó del cielo", había dicho a El País sobre ella. La cantante original, Olga Román había interrumpido su participación en la gira por su embarazo.