Protección a la planta

El gobierno del Presidente Vázquez ha optado por la política preventiva, según se desprende de la reciente decisión que ha causado bastante más revuelo del que ameritaba. Encargar al ejército de la vigilancia del perímetro de la planta en construcción de Botnia. El Presidente Kirchner, mientras recordaba en públicas declaraciones que "los argentinos son un pueblo de amor, de paz, de hermandad", a la vez que afirmaba que "amamos a nuestros hermanos uruguayos", consideró que se trataba de una "afrenta inmerecida". Por su parte, el Embajador Patiño advirtió que en Argentina "una ley prohíbe que las fuerzas armadas ejerzan vigilancias de este tipo y cualquier movilización militar se realiza en caso de ataque externo". Le faltó agregar por maniobras. Porque como se recordará, las casas de los sanduceros temblaron no hace mucho, y a varias se les rompieron los cristales, a causa de las inesperadas explosiones en la vecina orilla.

Respecto del amor o mejor dicho la fraternidad, existente entre uruguayos y argentinos, la mejor prueba no son los dichos de su Presidente, dado que no mueve un dedo para terminar con el piquete de 20 personas que impide el libre tránsito por el puente internacional San Martín. El que ya amenaza con causar graves daños económicos a nuestro país, como lo hizo en la temporada estival pasada, al violentar uno de los principios elementales del derecho internacional y del protocolo del Mercosur, durante nada menos que setenta días. Más de dos meses.

Una mejor demostración es la llevada a cabo por los propios argentinos que lo manifiestan de diversa forma, como los residentes en Punta del Este, quienes el miércoles se reunieron para elaborar una carta abierta, exhortando a los compatriotas entrerrianos a no destruir la amistad de ambos pueblos y a cesar con los cortes en las rutas internacionales.

Ocurre que Uruguay no es Argentina y aquí el Ejército cumple también otras funciones. Actúa cuando hay desastres naturales o custodia, como lo hace actualmente, la zona externa de ciertas prisiones. Cada país, cuando tiene ejército elabora su propia manera de encarar el tema militar y así hay que comprenderlo. Si había razones justificadas para encargarle esta misión al ejército o si se trata de ese clima paranoide que llevó a que se levantaran muros alrededor de la casa presidencial y a que el actual Presidente tenga un escuadrón de seguridad jamás visto, creado y dirigido por su hermano ahora pro secretario de la presidencia, como nunca tuvo otro mandatario democrático, es harina de otro costal.

Como también lo es, si existe una puja interna entre las fuerzas. Una lucha por una ampliación de los recursos o una competencia y un celo exacerbado por evitar posibles daños. Porque es evidente que los ánimos, con el pasar del tiempo más que aplacarse, se han exacerbado, en el sector activista y no es imposible que algún desaforado elija un camino aun más virulento y espectacular que el de hacer un largo camping veraniego, con ducheros incluidos, en la ruta. En el Washington Post.com, la corresponsal escribió una nota que señalaba entre otras cosas, la ineptitud e irresponsabilidad política que ha alimentado la psicosis en Gualeguaychú y que una mujer de 88 años se ofrecía como bonzo, para inmolarse por la causa. No faltó tampoco un loco que dijera de viva voz, que era más fácil volar la torre de Botnia que las Torres Gemelas de Manhattan.

Cuando el Banco Mundial otorgó el crédito de U$S 170 millones para la obra, también se le acordó por el MIGA (Multilateral Investment Gaurantee Agency) U$S 350 millones de un seguro que apunta a cubrir a los empresarios de riesgos varios, como limitaciones a las transferencias de ganancias y dificultades para la conversión de las monedas. No cubre devaluaciones. También contra posibles expropiaciones, algo que recuerda a países del vecindario sudamericano, o de medidas parcialmente expropiatorias. Busca proteger del no respeto o la rescisión arbitraria de los contratos, al mejor estilo argentino, así como también de guerra o disturbios civiles de distinta índole; de episodios que imposibiliten llevar adelante las operaciones esenciales para lograr una viabilidad financiera. Y por último, aunque no menos importante, incluye acciones terroristas y sabotajes. No parece desacertado pensar que el peligro más latente de esta ominosa lista sea, en nuestro caso, el que aparece en el final.

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