Sábado | 02.12.2006
Montevideo, Uruguay | 17:45
  - Espectáculos
Los caprichos de un amigo de los excesos
Disco . Robbie Williams editó el placentero "Rudebox"

FABIÁN MURO

El cantante y compositor inglés se sigue divirtiendo a lo grande en sus discos. "Rudebox", su más reciente álbum, es un extenso recorrido por los caprichos musicales de un bon vivant del pop.

Cuando Robbie Williams se mudó de Londres a Los Ángeles, estaba en sus planes conquistar el mercado musical estadounidense. Ya hace varios años de eso y los tres títulos que editó desde entonces no han hecho significativas mellas en las listas de ventas de ese país.

El nuevo esfuerzo del inglés podría verse como un intento algo desesperado por alcanzar esa meta: un ejército de productores, canciones de todo tipo y color e invitados famosos como los Pet Shop Boys: Williams parece querer cubrir todos los ángulos.

El problema es que Rudebox no suena como el disco de alguien angustiado por alcanzar meta alguna. Más bien, la voz que se escucha es la de un `bon vivant` pop, un juerguero que de vez en cuando -en los ratos libres que le quedan entre las fiestas y las estadías en las clínicas de rehabilitación- cumple con su parte del contrato. Pero también a esa tarea Williams se entrega con alegría. ¿Para qué versionar un tema de Manu Chao sino para sacarse un gusto? Difícilmente Williams imagine que una versión de Bongo Bong-Je ne t`aime plus, un artista bastante alejado del Mondo Robbie, le vaya a reportar más público o mayores ventas.

Rudebox arranca con la canción homónima -un comprimido de funk robótico- y concluye con Summertime, una casi-balada salpicada por las cascadas electrónicas de William Orbit, uno de los productores del disco.

De una punta a la otra hay una hora y cuarto de canciones para muchos gustos: electrónicas y rapeadas, lentas y rápidas, modernas y retro. Amigo de los excesos, a Williams no le gusta limitarse. Como viene ocurriendo desde Escapology (2002), escuchar todo de un tirón puede ser extenuante.

En medidas más moderadas, sin embargo, Rudebox transmite mucho placer. Los homenajes a Pet Shop Boys y Madonna son tan graciosos como afectuosos, y el racconto del pop ochentoso (The 80`s) hará cosquillas en el oído de cualquiera que ande cerca de los límites de la ciudad de "Tacuarentown".

El mejor momento de Rudebox es otra versión: Louise, de Human League. Nuevamente con Orbit -que hace un solo de teclados a la Steve Win-wood-en la cabina de productor, el tema narra un reencuentro amoroso. Que Williams termine el tema con un recitado que es tan cursi que provoca vergüenza ajena y propia lo acerca a la carne y el hueso y lo aleja, por los casi cinco minutos que dura la canción, de la imagen distante reproducida infinitamente en pantallas de televisión, monitores de PC, afiches y tapas de revistas.

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