Caos con desorden

RICARDO REILLY SALAVERRI

Cuando las sinrazones que le animan llevaron a los titulares del Poder Ejecutivo actual a descartar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos de América por razones ideológicas, el país dejó por el camino una excelente oportunidad de mejorar la calidad de vida de la gente. Y, de la gente que más carencias tiene y más desesperanzas padece, que es la que se va a España o al país norteño o ve a sus familiares y amigos dirigirse allí a buscar mejor suerte. En vez de tratar de dársela acá se optó por cerrar la puerta.

Razón tenía el principal negociador norteamericano que vino al país y cuando se retiró tras reuniones numerosas, estériles y tediosas más o menos dijo: "perdí un tiempo precioso que podía haberle dedicado a mi familia".

Es que desde lo que se llama izquierda radical, la línea Lenin, Stalin, Fidel Castro, lo único que ha partido siempre y no parece superable es una actitud rayana con el histerismo, que expresa la frustración personal de sus protagonistas utilizando las libertades democráticas para oponerse a todo proyecto útil y anarquizar lo que esté a mano.

Esto es lo que conocimos desde siempre quienes peinamos canas y nunca en este aspecto vimos un segundo de tregua desde los años sesenta del pasado siglo hasta nuestros días. Con un indeseable intervalo, como lo fue el gobierno de facto. Solución que nadie quiso, ni quiere, y que probó no tener beneficio alguno.

Al tiempo en que hoy se rechaza el acuerdo con los norteamericanos por consideraciones "ideológicas", como balance programático desde el gobierno se dice que vamos "a hacer un TLC con todos", en lo que se incluye a China y a la India, que secundarán inapelablemente a los Estados Unidos en poderío político y material en los próximos veinte años.

Con sinrazones parecidas a las que vienen de manejarse podría preguntarse si no será peligroso negociar con la India en donde notoriamente las vacas, nuestro principal rubro exportador, son sagradas.

Y, si hablamos de la China, habría que ver si no nos lleva a imponer algunas de sus condiciones de vida que caracterizan al sistema político comunista y económico capitalista que los amarillos desarrollan.

Así, no ha de olvidarse que en China los sueldos se mantienen obligatoriamente bajos en extendidos sectores de actividad para que haya empleo, no hay libertad sindical ni para organizar un baile y que si alguien ignora estos preceptos corre el riesgo de perderse en una celda hasta el final de los tiempos. O peor aun hasta perder la vida en un país en el que existe la pena de muerte fácil.

En otro orden, en buena medida por su disciplina y bajo costo laboral, no debe olvidarse que China en el marco de la globalización viene desplazando junto con otros países asiáticos a muchos sectores de producción y manufactura occidentales en el mercado mundial, lo que explica entre otras cosas el alto nivel de desempleo aparentemente sin solución que se registra en muchos países europeos (con Brasil y Argentina en el pelotón y con riesgos que nos incluyen).

Notoriamente el mundo da hoy al Uruguay múltiples y excepcionales oportunidades puntualmente desperdiciadas por un gobierno que no tiene rumbo.

Confieso haber creído los frentistas al menos serían capaces de generar una institucionalidad de diálogo social por su simbiosis con los dirigentes sindicales. Tenemos, por el contrario, lucha de clases, una bandera desaparecida el siglo pasado.

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