CARLOS REYES
Ningún porteño ignora que Arana saltó a la fama en los años `70 con una propaganda de vinos Crespi. El comercial, cuyo éxito se repitió en una larga serie, fue premiado como la mejor publicidad de los últimos 30 años. Sin embargo, en Uruguay (donde Arana vino a actuar por primera vez con un Brecht en el Solís hacia 1970), su nombre se hizo popular con el programa televisivo Matrimonios y algo más, por la gracia de su personaje El Groncho.
-¿Cómo encararon "Filomena Marturano", una obra que pudo haber envejecido?
-Yo vi una versión de teatro filmado del año `50 donde mi personaje, Domingo Soriano, lo hacía De Filippo. Y es curioso que era todo muy sobrio, muy quieto. Nosotros lo encaramos más como el conventillo italiano, con gritos, escándalos. También hemos cuidado que el humor esté presente, conservando además un drama que hay que cuidar y recorrer. Han variado las formas, y hasta el lenguaje, pero respetamos el original.
-¿Se siente más cómodo haciendo cine, teatro o televisión?
-Si estoy relajado (que es lo que siempre intento) lo cómodo no me ayuda. En la actuación, cuando estoy demasiado cómodo me invento inconvenientes, para interesarme. Lo cómodo me aburre. No hay una búsqueda de la comodidad. Más allá de eso, la televisión, el cine, la radio son medios: no son el fin. El tema es qué se transporta en esos vehículos, porque se pueden hacer joyas o pavadas en cualquiera de los medios. De todos modos, el teatro tiene una cosa única, que es el ensayo, que te da la posibilidad de pasar meses probando todos los errores. Porque los ensayos son para equivocarse, mientras que en el cine o la televisión lo que uno hace, ahí quedó. Allí no hay tiempo para corregir nada, porque uno va a ser efectivo. El teatro tiene algo de fragua, un lugar para la experimentación.
-¿Cuáles son las mayores gratificaciones que le dio la tele?
-Uno siempre contesta lo mismo: ¿a qué hijo querés más? Los trabajos tienen dos caras. Esto es como un restorán, donde una cosa es el que recibe el plato en su mesa y otra el que lo preparó en la cocina. Son dos miradas. Desde la cocina de la actuación hay cosas que tienen un valor que no es el mismo que para el espectador. Hay personajes que no han tenido éxito, y uno los quiere mucho, como podés terminar queriendo más al hijo con más problemas. Hay personajes que no fueron exitosos pero que te dejaron más cosas, por los inconvenientes. Y hay personajes con éxito hacia afuera que a lo mejor no tienen el mismo éxito que para adentro, y uno puede llegar a sentir que los quiere menos, porque no necesitaron tanto de nuestro cariño.
-Usted hizo Pinter en tiempos difíciles. ¿Cómo fue eso?
-Sí, La vuelta al hogar, con un elencazo: Sergio Renán, Ci-pe Lincovsky, Osvaldo Terranova y Héctor Alterio, que ganó con ese trabajo el premio al mejor actor. La obra había sido prohibida en 1968, cuando la hizo Torre Nilsson, a quien después Renán invitó para codirigirla. Para mí era estar en la selección.
-¿Cómo arma un personaje?
-Depende del personaje, y del estado de ánimo de uno. Hay mil maneras: unas veces es desde la esencialidad, otras desde la cáscara. Y hay ejercicios específicos: uno es ir ensayando de un modo neutro, para que el personaje se vaya armando solo.
-¿Cómo hizo en este caso?
-Lo trabajé desde su psicología, imaginándolo en situaciones fuera de la obra. Es un tipo maduro que paga a jovencitas para tener sexo. O sea que el varón no está instalado en él. Para mí es un histérico, y por eso trabajé los agudos.
-Cuéntenos algo de "El viaje hacia el mar".
-Es uno de mis hijos preferidos, aunque no porque me haya dado dificultades. Fue un goce filmar en Minas, con gente muy bella. Nosotros, los argentinos, a veces queremos copiar en el cine a los franceses, o a los yankees, y no hacemos ese tipo de cine artesanal. Y esa película tiene algo propio de acá que me encantó. Además, pude trabajar con Juceca. Pasamos días improvisando conversaciones: nos divertimos mucho.
Versiones locales de "Filomena"
Estrenada en 1946, Filomena Marturano de Eduardo de Filippo fue llevada al cine dos años después con Titina de Filippo (hermana del autor) en el rol protagónico. En Montevideo la pieza ha tenido varias versiones, entre ellas una con Blanca Burgueño y Orlando Tocce, que dirigidos por Bruno Musitelli la hicieron en El Tinglado en 1971.
En 1980, Pina Criscuolo y Martínez Mieres, con dirección de este último, la dieron en el Teatro del Centro Carlos E. Scheck, y en 2000 volvieron sobre esos papeles Nidia Telles y Núbel Espino con dirección de Jorge Curi en el Teatro del Anglo. También China Zorrilla y Juan Manuel Tenuta la habían hecho en una versión televisiva.
En el cine es muy recordada la versión de Vittorio de Sica (Matrimonio a la italiana), que reunió a Marcello Mastroianni y Sophia Loren en 1964, en cuyo libreto colaboró el autor. Otras versiones sonadas fueron la que protagonizó Tita Merello y una inglesa interpretada en Londres por Joan Plowright.