Un innovador edificio con firma uruguaya

| Rafael Viñoly es el arquitecto detrás del Centro Biomédico de Virginia, un logro más de una carrera consagratoria

DANIEL HERRERA LUSSICH | CORRESPONSAL PERMANENTE

EL PAIS EN WASHINGTON

Es uno de los arquitectos de mayor cotización y fama en Estados Unidos y gran parte del mundo. Es uruguayo y nació en 1944. Desde hace largos años está diseñando y dirigiendo monumentales obras en casi todos los estados americanos, en el este de Asia, Europa y Argentina y Uruguay.

Rafael Viñoly alcanzó gran repercusión internacional cuando su propuesta fue seleccionada entre las dos finalistas para reemplazar a las torres gemelas, destruidas en el ataque terrorista del 11 de setiembre, en la "Zona Cero" de Manhattan. Finalmente se adjudicó a su ocasional competidor, Libeskin, con objeciones de expertos que veían mejores definiciones en el proyecto del estudio "Think" del uruguayo.

Hoy nuevamente Viñoly ocupa la portada de la mayoría de las revistas especializadas de Estados Unidos, su nombre aparece en la carátula de los principales diarios y su nueva obra, casi en los últimos toques, se ha transformado en un centro de visita de miles de turistas y amigos de la arquitectura. Los fines de semana se puede llegar, El País estuvo presente en una de las visitas, para observar el lugar y la edificación en barcos especialmente fletados sobre el río Potomac.

Será desde su apertura en los días finales de este mes el Centro Biomédico de Investigación más revolucionario de este comienzo del siglo XXI; "La Torre transparente de marfil", como la denominan todos, se levanta sobre las laderas de un largo cerro, en las orillas del Potomac, con un lago artificial en el centro, en una antigua granja de 300 hectáreas, con el nombre de "Janelia", en las cercanías del pueblo de Loudoun, en el estado de Virginia, a pocos kilómetros del centro de Washington.

Rafael Viñoly estudió en Montevideo, se trasladó a la Argentina en 1964, fundó uno de los estudios de diseño más importantes de Latinoamérica, en 1978 se traslada a Estados Unidos y un año más tarde se establece en forma permanente en Nueva York. En 1982 crea la firma con su nombre con oficinas también en Londres y que en la actualidad se extienden a Tokio y Buenos Aires.

La larga lista de más de 300 proyectos que su estudio proporciona va desde sus primeros trabajos en 1962 en la Escuela de Arquitectura y Urbanismo en Argentina, hasta los actuales más conocidos y en los que ya está trabajando y llegan hasta 2008 con la construcción del Centro de Convenciones en Phoenix y en 2013 creando un sector dedicado a las artes en una esperada ampliación del Centro John F. Kennedy en esta ciudad.

Las obras más famosas y de mayor volumen de Viñoly se reparten en todos los continentes. Su primer gran proyecto fue el de la Universidad de Derecho Penal John Jay en 1988. Luego el diseño del Foro Internacional de Tokio, Japón; el Centro Kimmel de Artes Escénicas de Filadelfia, inaugurado en 2001, la Escuela de Posgrado en Estudios Empresariales de la Universidad de Chicago, el nuevo local de jazz en el Centro Lincoln en Nueva York, el Museo de Arte de Cleveland, el proyecto Hong Kong Macao Center, el proyecto residencial Penang en Kuala Lumpur, Malasia, la Corporación Salvatore Farragamo en Nueva York, el Centro Musical de Newcastle en Reino Unido, el estadio de la Universidad de Princeton, el Centro Financiero y de Comercio de El Cairo, Egipto, el barrio de la Corporación Samsung en Corea, el Centro de Convenciones de Boston y la proyectada torre de 192 metros en la City londinense, entre otros. En Uruguay se puede mencionar en 1985 el proyecto residencial Summer sobre la playa Brava en Punta del Este, el proyecto de la terminal aeroportuaria de Carrasco y dos iniciativas que se manejaron no hace mucho tiempo, dos Torres Mercosur de 42 pisos en el Buceo y otra de Oficinas en el Puerto de Montevideo de un costo entonces de 25 millones de dólares.

CENTRO MEDICO. Pero en estos momentos la atención del trabajo de Viñoly se enfoca a las afueras de Washington, hacia el gigantesco y asombroso Centro Biomédico de Investigaciones, construido en vidrio, en distintas gradas de altura sobre la ladera del monte, que permiten seguir el ambiente de la antigua granja y crear un espacio aséptico y de diáfana luminosidad.

Tiene laboratorios espaciosos para el trabajo en común y también laboratorios individuales, todos de vidrio, con corredores comunes (no hay escaleras privadas ni escondidas), para que los científicos suban o desciendan por esas suaves rampas, se crucen, intercambien ideas, en un ambiente de comunidad. Se estima que podrán trabajar de inmediato, en pocos días, 200 investigadores cada uno con su equipo de asistentes, y como la idea es la ciencia de la colaboración habrá siempre invitados de las universidades y centros de todo Estados Unidos y el mundo para avanzar en proyectos comunes. Los invitados también podrán concurrir, por días, semanas o años, con sus respectivos equipos de colaboradores. En uno de los lados del Laboratorio, también siguiendo la construcción en vidrio, se levanta un hotel moderno para esos huéspedes científicos.

Hay espaciosos lugares bajo tierra, para todo aquello que no congenie con el ambiente de verde y agua de la granja Janelia, los garajes, cocinas, espacios para las grandes centrales de computación, lavaderos, etc.

Una vieja y clásica casona normanda y sus caballerizas son monumentos históricos y no pudieron caer bajo las bulldozers, están impecablemente conservadas en una parte del predio como lugar de descanso de las caminatas de los científicos. En el segundo piso un sector está destinado a yoga y gimnasio de los habitantes del Laboratorio y a pocos metros una librería completa, un sector de libros de distracción y otro como una pequeña cámara de vidrio con su cómoda mesa, silla y demás aparatos, para la lectura científica.

El Centro Biomédico de Investigación lleva gastados 500 millones de dólares, solventados por la fundación "Instituto Médico Howard Hughes", que cuenta con un respaldo para obras de este tipo de 16 mil millones de dólares, surgido de donaciones y de la venta de la flota de aviones de la compañía del famoso millonario Howard Hughes.

Rafael Viñoly en conferencia en el Banco Interamericano de Desarrollo, acá en la sede central de Washington, aludió a su predilección por la edificación con fines científicos.

Recordó el Centro de Investigaciones para el Pronóstico del Tiempo en el Río Hudson, los Institutos Nacionales de Salud de Maryland, de 207 mil metros cuadrados, con laboratorios flexibles que convergen en un ambiente central, el Instituto de Genómica de la Universidad de Princeton y "ahora estamos frente al Centro Biomédico de Investigación de Virginia, que servirá para desarrollar tecnología de avanzada para investigadores biomédicos, también proporcionar el ambiente de colaboración para científicos de todo el mundo y con la característica central de investigación médica hacia el futuro".

Realmente recorrer el nuevo Laboratorio Científico, escuchar hablar en programas televisivos y de radio y leer la primera plana de los diarios que esa y otras asombrosas obras salieron del ingenio de un arquitecto uruguayo, aunque a veces aluden al rioplatense Rafael Viñoly, despierta un cosquilleo de orgullo y dan ganas de gritar, aunque termina en inaudible susurro: ¡soy un compatriota!

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