Pese a que las grandes compañías ven atractivos para invertir en América Latina por los altos niveles de expansión que registra la economía de la región, Uruguay debe esperar una captación de capitales escasa, reveló un estudio de KPMG denominado "La nueva realidad".
La intención de incrementar la inversión en Uruguay por parte de las empresas para los próximos tres años se sitúa levemente por encima del 5%, según la encuesta. En tanto, México, Brasil, Argentina, Chile y Venezuela son los países que concentran el mayor interés para invertir. La intención de entrar en esos mercados supera el 20% de las consultas realizadas a 100 ejecutivos de empresas del continente.
Tres cuartas partes de los ejecutivos consultados creen que las oportunidades en la región superan los riesgos posibles de enfrentar. Sin embargo el 72% reclama una regulación más fuerte tras considerar que existen debilidades en las leyes. Plantean que la corrupción y el soborno son dos aspectos a tener en cuenta.
En este caso Uruguay se presenta más fuerte que el resto de los países de la región luego de Chile, al tener los menores niveles de percepción de corrupción según el Indice de Transparencia Internacional.
El 38% de los consultados coincidieron en que la mejor estrategia para expandirse en el continente es comprar una empresa ya formada y tener el control mayoritario de las decisiones.
Entre los potenciales inversores existe acuerdo en que la región presenta debilidades en formar trabajadores calificados a nivel gerencial u operacional. El 45% entiende que encontrar ese tipo de recursos humanos es el mayor desafío al instalarse en la región. El informe señala que para sobrevivir en el largo plazo en Latinoamérica, las empresas requieren "una sofisticada y ágil administración de los riesgos y un liderazgo que permita explotar las oportunidades".
Entre las oportunidades de negocios que existen, según el informe, está el exportar productos y servicios de lujo, ofrecer servicios financieros, proveer materiales de construcción o equipos (ante el interés por la inversión en infraestructura de los gobiernos) o incursionar en el desarrollo de los servicios de tecnología.