LONDRES | AFP
Reconociendo que le "es difícil" dejar el poder, el primer ministro Tony Blair se despidió, con emoción a veces salpicada de humor, de su Partido Laborista, en un discurso en el que defendió su política exterior y la agenda "progresista" que "transformó" a Gran Bretaña.
"Es difícil partir", admitió Blair, con contenida emoción, ante millares de delegados laboristas reunidos en Manchester, que le rindieron una ovación de pie de más de siete minutos.
En un elocuente discurso de una hora, interrumpido más de 50 veces por aplausos, Blair hizo un balance de sus nueve años a la cabeza del gobierno, apelando a su partido a continuar y profundizar los valores "progresistas" del Nuevo Laborismo, del que él fue, junto con Gordon Brown, el arquitecto.
El líder laborista no rehuyó tampoco abordar el tema que provocó el lunes un revuelo en el Congreso Laborista: los comentarios atribuidos a su esposa Cherie, que habría tratado al ministro de Finanzas, Gordon Brown, de mentiroso, mientras éste rendía un homenaje a Blair.
Pero Blair, de 53 años y unido a Brown, de 55, por una larga relación de amistad y rivalidad, lo hizo con humor, y se lució.
"Al menos, no tengo miedo de que mi esposa huya con el vecino", dijo Blair, provocando las risas de los delegados, que saben, como lo sabe todo el mundo, que Cherie no quiere nada a Brown, su vecino en el número 11 de Downing Street.
El líder británico urgió a su partido a conquistar un cuarto mandato, exhortándolos a atacar con convicción a "los conservadores de David Cameron", dados como favoritos por todos los últimos sondeos.
"Si no podemos hacer frente a ese lote (los tories), no tenemos nada que hacer en la política", dijo Blair, estimulando a los laboristas a lanzarse ya a la lucha y a no dejarse influir por los sondeos.
El líder británico defendió enérgicamente su política exterior, incluyendo la ocupación de Irak, que le ha costado una fuerte erosión de su popularidad, caída a los niveles más bajos desde que asumió el poder, en 1997.
Blair rechazó también con firmeza que el aumento de atentados terroristas sea una consecuencia de esa política exterior y de su estrecha alianza con Estados Unidos en Irak, Afganistán y en Líbano.
"El terrorismo no es nuestra culpa. No lo hemos causado nosotros. No es una consecuencia de nuestra política exterior", aseguró Blair, admitiendo que "la guerra contra el terrorismo global" durará quizá "más de una generación".
Tras varios meses de agitación y controversia en las filas laboristas, que lo llevaron a anunciar el 7 de septiembre que dejará el poder antes del próximo Congreso, en un año, Blair lanzó asimismo una tácita advertencia a su Partido de que la desunión podría llevarlo a una derrota ante los tories.
Los británicos "sólo perderán fe" en los laboristas "si antes nosotros perdemos la fe en nosotros", advirtió Blair, que anunció que tras dejar el cargo de primer ministro se dedicará a "tratar de construir un partido unificado".
"Soy un progresista", aseguró el primer ministro, definiéndose como alguien que cree en "la justicia social, en la solidaridad, en ayudar a los que no se pueden ayudar a ellos mismos".
Años complicados
La victoria del Laborismo en las elecciones generales de mayo de 2005, se consiguió a pesar de la desilusión del electorado hacia el primer ministro. Una serie de movidas políticas le dieron a Blair el apoyo de sectores inesperados.
Pero en la primavera de 2006, a medida que su gobierno se convertía en objeto de críticas, se hicieron oir con más fuerza los pedidos de una renuncia de Blair.
Un amigo íntimo, Lord Levy, fue arrestado en julio después de ser implicado en un escándalo de favores financieros a sus colegas.
Blair anunció en septiembre de 2006, que renunciará a su cargo en menos de un año.
La crítica de Cherie
Según la agencia Bloomberg, una de sus productoras escuchó a Cherie Blair -que estaba fuera de la sala de la Conferencia donde Brown pronunciaba un discurso en homenaje a su esposo pero pasaba frente a un televisor- afirmar "eso es mentira". "Chicos, siento arruinarles la historia. Yo no dije eso y tampoco lo pienso", afirmó luego la esposa del primer ministro, conocida por "meter la pata".