EMILIO CAZALA
El Uruguay fue siempre un país empujado a ser exportador debido a su escasa población, pues todos sabemos que no es posible sobrevivir industrialmente sin un mercado consumidor interno fuerte y masivo y eso no lo tenemos. Entonces hubo que salir a buscar los mercados externos; los más cercanos fueron Argentina y Brasil, y luego Europa y los Estados Unidos. Desde 1750 hay datos históricos de los numerosos barcos que cargaban plenamente sus bodegas con cueros crudos, astas y hasta carne seca de saladero que después sería tasajo, que se distinguió por su exquisita calidad, grasa, astas, crin de caballo, pezuñas, plumas de avestruz, etc. No había prácticamente consumidores locales para esa producción. Carecíamos de muelles, por lo menos al principio, y más tarde se construyeron algunos de madera como el que estaba frente a la calle Colón, y otros próximos a Misiones, Treinta y Tres, etcétera, de manera que los barcos con casco de madera fondeaban en el antepuerto o más precisamente en un lugar de la Dársena I frente a las Bóvedas y allí a escasos 100 metros de tierra las lanchas salvaban esa distancia con los productos exportables o de importación que venían de España, y más tarde de Francia e Inglaterra, pero para esa época ya fondeaban en el antepuerto. Entonces en la colonia, la Banda Oriental y más tarde Uruguay, aún poblado por unos 400 mil habitantes, eran pocos los consumidores y la mayoría sin poder adquisitivo. Así que la salvación fue exportar y esos fueron nuestros primeros pasos comerciales.
POSGUERRA. Dando un gran salto en el tiempo, cuando nosotros comenzamos la crónica marítima en 1944, la guerra terminaría poco después, dejando una Europa devastada luego de cinco años de conflicto mundial, además de haber sufrido terribles bombardeos que todo el mundo celebró. Como siempre, habían muerto millones de soldados y millones de civiles inocentes con los bombardeos.
Ya en plena paz vimos que miles de barcos vinieron a nuestras playas, como se decía entonces, a buscar alimentos y materias primas y especialmente a la Argentina a buscar granos. Y eso fue otro tiempo. Durante la II Guerra y después nos hartamos de vender corned beef a Europa y los Estados Unidos, corned beef que era de primera calidad, producido en Uruguay por importantes frigoríficos como el Swift, Armour, Anglo. Y nos hartamos de vender carne, lana y cueros salados (vacunos y lanares). Toda Europa era importadora de alimentos uruguayos. Años más tarde Europa se reconstruyó y comenzó a vivir mejor a través de la exportación de todo con una industria recuperada, fortalecida y muy moderna: autos, hierro, repuestos, máquinas, papel, electrónica, caños, cables, perfiles de hierro, equipamiento portuario, construcción de barcos, grúas, electrónica, aviones, trenes, puentes y todo lo demás. Comenzaba también un tiempo de nuevas tecnologías desarrollados por ellos que abarcaba casi todo. No nos daban los recursos para importar todo lo que ellos inventaban y producían cada día. Eran los espejitos de siempre que nosotros no sabíamos aún fabricar.
HACE 25 AÑOS. Pero vayamos a los años 80 para no irnos tan atrás en nuestra crónica de los lunes, cuando había menos secretos para divulgar información, e informábamos del movimiento de exportaciones e importaciones, o sea que estamos hablando de 25 años atrás.
Y así tenemos los formidables embarques de carne sin hueso que salían para todo el mundo, incluso para Irán, liebres para Francia, pescado para Camerún, arroz para Portugal.
Lo que parece increíble es que en 1983 exportábamos para los Estados Unidos zapatos, prendas de vestir de lana y de cuero, casimires, calzado para hombre y mujer, azulejos, carteras para dama, lana, salían miles de cajones de botellas de cerveza, bolsas de polietileno, hígado en polvo, embarques de 4.500 toneladas de lana para todos lados, sobre todo para los Estados Unidos, con salidas semanales para sus puertos. Pero además de todo eso exportábamos miles de gamulanes, que eran famosos y fabricaba El Mago y que salían de un local-fábrica que tenían por la calle Piedras y Zabala, si mal no recordamos.
PARA AFRICA. También vendíamos manteca para Irán, recordamos el barco Jan Willem con 3 mil toneladas; para el Zaire pescado y gallinas por 800 toneladas que en diciembre de 1985 llevó el "Frío Olimpic". Otro embarque de 3 mil toneladas de manteca para Irán lo llevó en 1985 el barco frigorífico uruguayo "Audacia", recordamos otros embarques de pescado para Camerún, papa y carne para Costa de Marfil. En nuestra libreta de apuntes encontramos otra exportación de carne en diciembre de 1985 para Ghana.
OTROS DESTINOS. También vendíamos fuertes embarques de productos varios para Hong Kong, a donde iban casimires, citrus, carne y hasta llegamos a vender patos; fuimos testigos de embarques de mondongo a Perú, liebres para Francia, arroz para Portugal, pollos para Chile, importantes embarques de carne congelada para Perú, por supuesto miles de toneladas de carne para Israel, mucha carne para Egipto; a tales efectos recordamos el barco griego "Kymolo", que en 1981 llevó 3.500 toneladas, recordamos los enormes embarques de lana para la entonces Unión Soviética de 3 y 4 mil toneladas por barco, importantes ventas de corned beef para Trinidad y para Puerto Rico, agua mineral para Canadá, carne para la isla de Malta e importábamos petróleo de Nigeria, puerto de Bonny, y una vez trajimos 125 mil toneladas de petróleo mexicano que fue en febrero de 1982.
LA GRUA. En ese año de 1985 había llegado a Montevideo en el barco "Capella" la grúa portainer española, que era la única en Su-damérica junto con la que í adquirido en Buenos Aires la empresa operadora Murchison. Fueron frecuentes los congestionamientos portuarios, primero porque los barcos quedaban en puerto varios días ocupando los muelles y aún no se manejaba masivamente el tema de los contenedores, así que los barcos mayoritariamente cargaban sus mercaderías a bodega y eso tomaba tiempo con grúas poco productivas.
Después, debido a los paros y huelgas en el puerto y luego a que los barcos eran de pequeño tonelaje, así que anualmente registrábamos el ingreso de más de mil naves. Pocos pueden imaginar lo que era el puerto de aquellos días. Fueron solo 25 años, pero por la magnitud de los cambios ocurridos parece haber pasado un siglo.