Los retirados del Ejército lo valoraron como "la primera baja en combate" de lo que creen que es "una guerra psico- política" desatada por el gobierno y el Poder Judicial en su contra.
El coronel retirado Juan Rodríguez Buratti, respetado por un grupo de camaradas dada su condición "bien militar", según dijeron, fue despedido ayer por unas decenas de personas en el Cementerio del Norte. Rodríguez Buratti se autoeliminó en la noche del domingo pasado, y sus restos fueron cremados.
El sepelio sirvió para reunir a un grupo de ex jerarcas de la dictadura y para permitir a una de las más representativas figuras de esa época, el general retirado Iván Paulós, exigir a los mandos que "tomen la palabra" ahora, tras los procesamientos.
Paulós los responsabilizó de haberse llegado a esta instancia por tener "indecisión" y "desvíos" ante las nuevas autoridades, que ejercen "su revanchismo".
En el acto del velatorio se dieron cita principalmente sus compañeros de la promoción "Coronel Fernando Otorgués" del Ejército y otros oficiales retirados. Puntualmente, a las 16.15 minutos de ayer partió el cortejo desde la esquina de Nueva Palmira y Cufré rumbo al Cementerio del Norte. Solamente fueron empleados un coche fúnebre -donde viajó el féretro- y un vehículo sedán con los familiares más cercanos.
Unas 30 personas se acercaron a la empresa fúnebre para acompañar a la familia del coronel retirado. Sólo un ex comandante en jefe del Ejército estuvo presente en esa instancia, el teniente general retirado Guillermo De Nava.
"FAMILIA". Ya en el cementerio, el cortejo se dirigió a la zona donde son llevados los cuerpos para ser cremados.
En el lugar esperaban otros familiares y unas 50 personas vinculadas a las Fuerzas Armadas, la mayoría de ellos oficiales generales retirados. Entre ellos estaban los ex jefes del Ejército Juan Rebollo y Raúl Mermot, y el ex comandante De Nava.
No hubo ningún representante político.
Quien sí concurrió fue el actual jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Jorge Rosales, que debió asistir por orden del comandante en jefe Carlos Díaz.
Rosales y otros oficiales en actividad guardaron un discreto segundo plano, ubicándose a cierta distancia de los familiares.
En ese momento el general Paulós, ex jefe del Servicio de Información de Defensa a comienzos de los años `80, se aproximó a los familiares y le trasmitió a la viuda de Rodríguez Buratti el sentimiento de "dolor" de "toda la familia militar".
Paulós le pidió autorización para hablar en nombre de los presentes y la viuda se la concedió.
El general retirado extrajo un pequeño papel del bolsillo de su saco, y a todos les quedó la impresión de que, aun sin el visto bueno de la familia, de todos modos hubiera hablado.
Paulós, que fue superior del fallecido dentro del Ejército, sostuvo que con sus expresiones interpretaba el sentir "de toda la familia militar".
"Asistimos a un sepelio distinto, porque la sangre sacrificada lo identifica como la primera baja de combate en esta guerra psico-política de la que fue víctima", afirmó el general retirado. Esta guerra "fue manejada a su antojo por los terroristas tupamaros y sus aliados, que ayer militarmente derrotados y hoy, desde sus nuevas posiciones políticas, ejercen y se vanaglorian de su revanchismo".
La muerte de Rodríguez Buratti es, para Paulós, "un mensaje que desborda el ámbito militar para alcanzar a toda la sociedad: es un hito que señala una diferenciación con la anterior etapa de palabra y escritos".
"Los vaivenes leguleyos nos han ido envolviendo", sostuvo.
Paulós criticó al mando actual del Ejército y al anterior, a cargo del teniente general retirado Angel Bertolotti, al afirmar que hubo "indecisión y desvíos" en su gestión. Cuando hizo esta referencia, recibió aplausos de los asistentes.
"Esta primera baja de combate es un acontecimiento histórico militar que no se extingue con este acto, sino que es un llamado a responsabilidad y reflexión que a todos nos alcanza, y en especial a los mandos", advirtió Paulós.
"Hoy no hay toque de silencio. El silencio austero y malinterpretado como aceptación del agravio que por 20 años hemos tenido, debe tener fin. Llegó el momento de que los mandos tomen la palabra", concluyó el militar.
MUY MAL. Al final de su discurso, Paulós fue aplaudido por segunda vez. Se dio vuelta y se encaminó hacia el general Rosales, a quien entregándole el papel con el contenido del discurso, le dijo: "Sírvase. Esta es mi palabra. Ni más ni menos". Rosales tomó el papel y lo guardó doblado, como estaba. Enseguida, se dirigió hacia donde estaba la familia de Rodríguez Buratti y le presentó sus saludos.
La muerte de Rodríguez Buratti cayó "muy mal" entre sus compañeros de generación. Era un hombre "muy respetado" y que cultivaba un "perfil bajo", según relataron a El País sus camaradas. Si bien reconocieron que Rodríguez Buratti no era "líder" de su generación, subrayaron que era "muy militar".
Esto significa que en el modo de ver de sus compañeros, el fallecido no había tenido "protagonismo" en los años de la dictadura militar y que había "cumplido órdenes" emanadas de sus superiores.
Díaz comunicó a unidades
El Ejército comunicó ayer por circular interna enviada a todas las unidades el fallecimiento de Rodríguez Buratti.
El jefe de la fuerza, Carlos Díaz, regresó al mediodía desde China, pero no asistió a las instancias públicas acompañando al fallecido militar retirado. En su lugar, compareció el jefe del Estado Mayor, general Jorge Rosales.
Ahora, Díaz planea viajar a Chile para visitar a los militares detenidos allí por el caso Berríos.
Asimismo, el presidente del Centro Militar, Luis Píriz, consideró que los procesados de la víspera "son presos políticos".
Por su parte, familiares de desaparecidos también opinaron sobre la dramática decisión de Rodríguez Buratti.
"No tuvo valor para decir la verdad y por eso se mató", dijo Luisa Cuestas.
Y agregó que los uniformados "van a seguir guardando información, porque ese es el método que siguieron hasta ahora: el de la mentira y el silencio".